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4 de diciembre de 2012

Malasia: Pangkor Island, propiedad Hornbill


Dudamos mucho en cual sería nuestro destino antes de llegar a Melaka, pensamos en Cameron Highlands o Pangkor, ahí estaba el quid de la cuestión. Finalmente escogimos la islita de Pangkor y descartamos las Cameron Highlads por el tiempo. Ir a la montaña con lluvias nos parecía un poco arriesgado así que como estaba siendo la costumbre en Malasia, nos decantamos por playa, además Pangkor tiene fama de hacer buen tiempo.


Para salir de George Town cogimos un ferry (salir de la isla en ferry no cuesta nada a no ser que hayas entrado a la isla por el mismo ferry de donde te cobran ida y vuelta) que nos llevaría a Butterworth todavía en el estado de Penang aunque ya en la península de Malasia. Nos dio tiempo a desayunar antes de que saliera el autobús y lo hicimos cerca de la estación de autobuses de Butterworth donde coincidimos con un simpático malayo en la misma mesa y con el que estuvimos hablando un rato. Una vez más en este país nos invitaron a probar cosas nuevas: sacó una bolsa con diferentes piezas de comida de donde podíamos comer, en realidad no nos gustó mucho pero nos lo comimos por respeto. Nos contó que en Malasia hay mucho trabajo y le conté lo de España, al parecer no está al tanto de la crisis profunda española.

El autobús muy cómodo nos llevó a Lumut en el tiempo estimado, unas 4 horas más o menos; desde allí teníamos que coger un ferry de una media hora a la isla de Pangkor. Salen muy frecuentemente y nos costó 10RM para ida y vuelta a cada uno.
El ferry ya era la antesala de lo que nos esperaría en Pangkor. Por casualidad era viernes, es decir, empezaba un fin de semana que además caía en plenas vacaciones escolares. El ferry parecía un colegio, todo lleno de niños revolucionando el ferry. En ese momento nos dimos cuenta de que quizás no era la mejor opción el haber venido en un finde aunque no lo buscamos, coincidió así


Ya en la isla cogimos un taxi (minibús) que son todos rosas y fácil de reconocer. Íbamos a la playa de Nipah que es donde supuestamente están los hostales baratos. El trayecto cuesta 15 RM es decir que cuanto más gente haya en el taxi, más barato sale por cabeza. Al parecer no había mucha gente que iba al lugar y el conductor metiendo prisa nos convenció para salir así que nos comimos los 15 RM nosotros solos. Al llegar a la playa ocurrió lo que nos temíamos. Son 3 calles donde hay varios hoteles y guest houses y en todos recibíamos la misma respuesta "Tenemos habitación para esta noche pero para mañana, sábado, no nos queda sitio" y así la misma canción como en 6 lugares hasta que finalmente encontramos una especie de resort donde nos dijeron que tenían sitio para los días que quisiéramos, Aleluya! La pega era que nos salía más del doble de lo que estabamos pagando en Malasia, 80RM eso sí, el desayuno estaba incluido y teníamos baño, tele y aire acondicionado para nosotros por primera vez en el viaje, yuhu! Por una vez no pasa nada.

El día se puso feo justo cuando nos asentamos en nuestra casita, tan feo que se puso a llover. Aún así y después de descansar un poco del viaje fuimos a ver la playa de Nipah y hacer reconocimiento de nuestra zona. La primera sorpresa fue cuando de repente teníamos a unos escasos metros a dos hornbills! Uau! Vaya pájaros más grandes y hermosos (?) Lo mejor es que no son muy asustones y te puedes acercar mucho para hacer buenas fotos. Son muy graciosos y a mi personalmente me encantó ver a un pájaro tan especial en libertad, estos pájaros solo los había visto en zoológicos. 


La playa de Nipah estaba plagada de malayos bañándose en el mar bajo la lluvia, la mayoría vestidos, ellas hasta la cabeza como ya habíamos visto anteriormente en Langkawi o Penang. La playa es hermosa pero tampoco gran cosa, después de haber estado en Langkawi el nivel está alto. Seguimos andando y muy cerca de la de Nipah yendo hacia el norte te encuentras con la Coral Beach que estaba más vacía y nos pareció mucho mejor.


El problema era que seguía lloviendo y estuvimos con el paraguas en la playa, un royo pero las vistas son preciosas. Tuvimos que volver a nuestro hogar y rezar para que no lloviera al día siguiente. Por primera vez teníamos televisión, a mí personalmente me gusta mucho ver la tele de cada país. En Malasia los programas estrella deben de ser las telenovelas, todo el día hay alguna de ellas. Lo bueno es que algunas están subtituladas en inglés. Yo me vi un episodio y la verdad es que enganchan mucho sobre todo por lo que me pude reír. También aprendí como hacen un cordero en mitad del campo recién matado y despellejado en una olla gigante en un programa de cocina, wt... quedé flipado.

Nuestro segundo día en la isla lo pasamos en la playa enteramente. La playa fue la que nombré anteriormente, la Playa Coral Beach.  La orilla y el fondo del mar estaba lleno de corales muertos que vendrían de cerca, me encantó ya que era la primera vez que me encontraba algo así. Estuve todo el día buscando trozos de corales para observarlos, aparte de eso el tiempo nos permitió ponernos morenos. 
 

Queríamos alquilar una moto el día siguiente, pero al ser el guest house tan caro lo descartamos para mantenernos en el presupuesto. Lo de hacer la isla a pie lo estábamos pensando detenidamente, no estábamos muy seguros de ello. Serían unos 15 km, seguramente bajo el sol y a 30 grados. La única cosa de la que estábamos seguros era de que no nos íbamos a ir de la isla sin explorarla. El sol se nos fue de las manos, acabamos como salmonetes y eso que ya veníamos tostado de días anteriores.

Decidimos quedarnos entonces un día más y aceptamos el reto de hacer la isla a pie, así que desayunamos fuerte en el guest house y nos fuimos directamente a pie con la mochila, la cámara y... y... sin agua. No sé por qué, pero no pensamos en agua sabiendo que nos íbamos a morir de calor de andar bajo el sol. Cuando llevábamos unos pocos km por los que vimos alguna playa bonita la sed apareció. Estábamos en medio de la nada, sudando como pollos, temíamos que nos diera un yuyu ya que el sol apretaba como nunca. 


Era como la 1 del medio día, sumando que por ese lugar casi no había arboles para cobijarse. Decidimos seguir hacia adelante esperando encontrar algo hasta que finalmente encontramos un resort de lujo al que entramos como mendigos pidiendo agua. El guarda nos dijo que había un grifo al lado, preguntamos si era potable, nos dijo que no... ok. Menos mal que nos dio la segunda opción de entrar al resort y comprar en una tiendecilla que tenían para la gente del resort, que ¡alivio! Compramos una botella de 2 litros para que nos durara.

Siguiendo el camino por el alrededor de la isla nos encontramos con un tramo muy duro. Qué contentos estábamos de no haber tomado la bicicleta. Nos encontramos con la Pangkor hill, una carretera endemoniada con unas cuestas que ni el Tourmalet, con más curvas que la carretera de olías (Como decimos en Málaga).


Resignados, no nos quedó otra que subir a pie. Cuando ya había subido 3 cuestas pensé en qué hubiera sido de nosotros si no hubiéramos encontrado ese resort. Por fin empezábamos a ver civilización. Nos encontramos con el poblado Pinang Kecil, un lugar de pescadores donde el olor a pescado disecado predominaba, ¡qué peste a pescado olía todo! 


Tenía tiendas donde se vendían exclusivamente este tipo de pescado seco, algo realmente raro pero parece que por aquí tiene bastante éxito y es una tradición. Repostamos gasolina (otra botella de agua de 2L) y seguimos por otro pueblo de pescadores llamado Pinang Besar donde el olor a pescado no era menos. La gente tenía más bien aspecto chino y en cada casa se podía ver un espectáculo de luces en su interior. No eran discotecas, eran los budas con miles de luces parpadeantes. De una casa dudé un instante de si era un templo y casi me dio por entrar pero me di cuenta de que era una casa, oeps.



Llegamos a la capital de la isla, Pekan Pangkor, donde dos días antes llegó nuestro ferry. Comimos algo pequeño y seguimos la ruta. Hay que decir que la parte este de la isla no tiene casi playas, pero sí pueblos curiosos de ver, también el arte del pescado disecado, algo que nunca había visto de esta forma. Hay un templo hindú y otro chino con una simulación mini de la muralla china.


Fue un paseo largo por mitad de la isla para llegar a la parte que más ganas teníamos de visitar de la isla, la parte de las mejores playas. Por este camino nos encontramos a un vendedor con durian que tanto venden por aquí, debe de ser la época. Nunca lo habíamos probado así que preguntamos al vendedor si podíamos tener un trozo. Nos abrió uno, estaba malo, abrió otro que estaba sano y nos lo ofreció, el olor ya echaba para atrás. Al probarlo... buaaaaaajjjjjjj, qué es eso. Una mezcla de sabor a cebolla, puerro y piña a la vez explosiona en mi boca. Con cara de asco le sonreímos al amable vendedor pero eso no había quien se lo comiera. Nos fuimos con el trozo de durián en la mano como si nos lo hubiéramos a comer hasta que llegamos más allá de la curva donde no nos podía ver el vendedor para tirarlo a la basura. Ya sabemos a que sabe y ya sabemos que no tenemos que comprarlo más, de eso trataba al fin y al cabo.
Por aquí lo llaman el king of the fruit porque es la fruta con mas vitaminas que hay y nos dijeron que la primera vez no le gusta a nadie pero a partir de la segunda vez que lo pruebas, te encanta. No creo que sea nuestro caso, todavía sufríamos el saborcillo que no se iba ni con jabón. En algunos lugares públicos como el metro u otros lugares públicos está prohibido su consumo por el nauseabundo olor que desprende, hay señales de prohibición especialmente para ello.


Por fin llegamos a una playa después de muchos km, a la bonita playa de Pasir Bogak. Era domingo y parece que la gran mayoría de los malayos se habían ido ya. Se notaba más la tranquilidad. Me quité la camiseta de coraje, la tiré a la arena, casi me quito hasta el bañador 'tranquilo Álvaro' y me tiré de cabeza al mar, la mejor sensación del mundo la estaba experimentando en mis carnes. Después de andar muchas horas bajo el sol, meterse en el mar es una gran recompensa, la relajación que te provoca se disfruta el doble. Decidimos quedarnos un buen rato y descansar antes de seguir hasta nuestro guest house, todavía nos quedaba una hora y media aproximadamente. La playa nos gustó más, mucho más que la de Nipah seguramente porque no estaba plagada de malayos, pero nos pareció con el agua más clara y más bonita, la lonely planet piensa lo contrario...


Salimos para hacer nuestro último tramo en la que también abundaban las cuestas como las de Pangkor hill. Por el camino nos encontramos con una situación curiosa. Hasta ese momento solo habíamos visto algún mono suelto, algún lagarto gigante corriendo y poco más, en ese momento vimos como a 3 hornbills en un árbol a los que pudimos fotografíar. De repente vinieron como 10 monos y una ardilla a por el pan que les echamos a los hornbills para que se acercaran. En un plis plas estábamos rodeados de animales. Ante la mirada amenazadora de los monos decidimos irnos sin hacer mucho ruido, una pena que los monos espantaran a los agradables hornbills. 


Por suerte casi llegando al hostal vimos otro árbol con algunos de los hornbill, aunque  esta vez no se dejaban mucho ver. Ya de vuelta a la playa Nipah con un sabor a gloria y a reto completado fuimos a ducharnos y a pegarnos una cena festín con Ton, un holandés que era nuestro vecino y que viajaba solo. Le hicimos compañía y hablamos de viajes, ¿de qué si no?

A la mañana siguiente nos fuimos dirección Melaka, historia que cuento en el próximo post.

Pangkor nos gustó, es pequeña y manejable. Fue una pena lo de la masificación malaya de los dos primeros días, así que ya sabéis, ¡para disfrutar de la isla venid entre semana!





Ver  siguiente post del viaje: Melaka: Última parada en Malasia

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