7 de agosto de 2013

Nueva Zelanda: Escalando el legendario volcán Taranaki

Disfrutando del mar de nubes
Taranaki es uno de esos lugares maoris sagrados, muy importantes en su cultura. Uno de esos lugares que cuentan una leyenda, una de esas leyendas que te hace reir pero a la vez se hace muy interesante y te mete dentro de un mundo de fantasía del que a veces, pretendes no salir. Los maoris son creyentes de leyendas, eso es evidente, una cultura en la que la naturaleza es la protagonista de sus místicas leyendas, formas naturales que cobran vida y se vuelven protagonistas en estas grandes historias. Taranaki puede que sea una de las formas naturales más sagradas de los maoris, aquí os cuento una versión corta de esta leyenda.


La leyenda maorí sobre el Monte Taranaki


Monte Taranaki es un monte que vivía en el centro de la isla norte de Nueva Zelanda junto a los otros tres montes llamados Ruhapeu, Ngauruhoe y Tongariro. (Los tres que actualmente forman en Tongariro National Park)

Cerca vivía la encantadora Mt Pihanga, cubierta por un bonito y frondoso bosque. Los montes nombrados anteriormente se enamoraron perdidamente de ella, amor a primera vista se podría decir. Fue Taranaki quien se atrevió a dar el primer paso en busca de su amor pero a Tongariro, que también quedó enamorado, se enfadó mucho con él, cuestión de celos, y comenzó una terrible batalla entre los dos mientras Ruhapeu y Ngauruhoe observaban recelosos. La tierra hizo el suelo temblar, el cielo oscureció y las montañas estallaron a causa de su enfado. Cuando la batalla acabó, la encantadora Pihanga se fue cerca de Tongariro, el gran vencedor. Taranaki con mucho dolor y celos, sacó sus raíces del suelo y abandonó el lugar que compartía con los demás.
Llorando, fue en busca de un lugar dirección a donde se pone el sol, dejando una profunda zanja en su camino. Cuando alcanzó el mar, giró hacia el norte y tropezó con la costa. Los Pouakai Ranges le pusieron una trampa y consiguieron atraparle, esa noche durmió en ese lugar, lugar donde descansa actualmente.
Al día siguiente una corriente de agua brotó de un lado del Monte Tongariro. El agua bajó y rellenó la profunda zanja que Taranaki fue dejando en su viaje a la costa, esta agua se conoce actualmente como el famoso río Whanganui.
Hay rumores de gente que dice que Taranaki está pensando sigilosamente volver algún día para pelear de nuevo con Tongariro. A consecuencia de estos rumores, la gente maorí evita vivir entre estos dos volcanes, por si algún día, Taranaki decide volver a pelearle el amor de Pihanga al poderoso Tongariro.

Así cuenta esta leyenda maorí, os dejo un mapa para que entendáis un poco mejor la leyenda y donde se sitúa cada volcán y de dónde se ha situado Taranaki (a la izquierda del mapa) según la leyenda.




Forgotten World Highway


Para ir al monte Taranaki cogimos esta peculiar carretera que teníamos pendiente aparte de que era la opción más corta para llegar hasta allí. Llegamos a Taumarunui donde repostamos las necesidades como comida, gasolina y para quedarnos a dormir en un camping, habíamos andado alrededor de 8 horas con el Tongariro Alpine Crossing ese día, os podéis imaginar lo cansado que estábamos. Rechazamos una sugerencia que nos dio el dueño del camping para ver cerca de allí, se trataba de un lugar donde se pueden ver los famosos gusanos luminosos, los glow worms. Teníamos planeado verlos en las Waitomo Caves.

Fuente: http://www.forgottenworldadventures.co.nz
A la mañana siguiente y sin desaprovechar el tiempo cogimos la furgoneta en el que convertiría en un día de coche. Íbamos a Taranaki por la vía “rápida” por una carretera que dice mucho con su nombre. Forgotten World Highway – Carretera del mundo olvidado–   La carretera pasa a través del campo más recóndito de la isla norte por una carretera asfaltada al principio que se vuelve de tierra por mitad del camino. Sería por las lluvias o no se qué pero la carretera estaba llena de obstáculos, piedras desprendidas por toda la carretera, a veces había que parar y buscar un hueco por donde no ir por encima de una piedraca. En las curvas era lo más peligroso, de repente te aparecían piedras en el lado y para esquivarlas teníamos que meternos en el carril de dirección contraria sin mucha visibilidad, aunque no hubieran coches nunca se sabe, alguno que otro si que pasó. También animales, cabras y vacas que aparecían de repente en mitad de la carretera. No había signos de vida humana, tan solo una carretera por mitad de la naturaleza salvaje, olvidada por el ser humano.

k ase?
Paisaje por el Forgotten world hwy
A veces nos cruzamos con algún poblado como Whangamomora que parecía parado en el tiempo como 100 años atrás, se veía en los “edificios” también olvidados como la carretera.  El mantenimiento de la carretera dejaba mucho que desear, supongo que por eso la llaman la carretera del mundo olvidado, nunca un nombre de carretera había encajado tan bien. Poco paramos por el camino para ver algo, quizás un par de veces. Con todas las veces que tuvimos que parar por los desprendimientos de piedra en la carretera tardamos mucho más de lo previsto hasta llegar a Stratford ya en la región de Taranaki donde ya nos quedamos para dormir en un buen camping.




El día siguiente amareció con lluvia, uno de esos días que no para de llover. Tiempo de biblioteca en Inglewood y de sentirnos como nos pasó en Tongariro National Park, más días perdidos. Por suerte hubo buenas noticias ¡Para el día siguiente ponía muy buen tiempo! Aunque ese día a medio día ya fue aclarando el tiempo, por fin podíamos ver algo del Monte Taranaki, veíamos como la plasta de nubes que lo cubrían se iba deshaciendo aunque no se quito del todo nos dejó esta foto.

No seas tímido, ya casi te vemos
Fuimos a New Plymouth a echar el resto del día pero para dormir nos fuimos ya cerca del Monte Taranaki para el día siguiente empezar pronto, fuimos por la carretera que sale de Egmont Village. También se puede acceder a zona de treks por la parte oeste. Encontramos un camping abierto pero que no había nadie vigilando, es raro porque había un bar que también estaba como cerrado sin embargo la zona del camping está abierta sin nadie que vigilara. Dormimos gratuitamente, por allí no apareció nadie, tampoco a la mañana siguiente.

Escalada al monte volcanico Taranaki


El Monte Taranaki –O Monte Egmont de 2518 metros sobre el nivel del mar está situado en el Egmont National Park y es uno de los monte más escalados de Nueva Zelanda por no decir el que más, al no ser un monte muy alto y relativamente accesible aunque si que se recomienda que se suba solo si se tiene experiencia y con el material recomendado. Sorprendentemente el monte estaba sin nieve alguna con lo que hizo posible que intentáramos la subida hasta su cima. La mejor época para subir el monte es en verano cuando las temperaturas y la nieve lo permiten, no faltaba mucho para empezar el invierno y algunas semanas antes el pico estaba nevado, nieve que se quitó por suerte. El día amaneció como esperábamos, ni una nube y el hermoso monte Taranaki se podía ver perfectamente, su simetría sorprende.

El precioso Monte Taranaki
Al verlo tan limpio de nieve decidimos hacerlo, íbamos con la intención de coronarlo y no a hacer trekking por el alrededor del monte como teníamos pensado. El trek hasta la cima son de 8 a 10 horas ida y vuelta, se presentaba un día duro. Aparcamos junto al centro del Departament of conservation desde donde salen la mayoría de los treks. Normalmente debemos registrarnos en el libro de intenciones en el DOC antes de empezar la escalada por lo que pueda pasar pero estaba todavía cerrado y queríamos empezar ya para aprovechar el buen tiempo. Hacía frío, mucho frío, el trek empieza ya a una altura considerable y aunque hacia sol teníamos que ir con guantes y gorro contra el frío. El principio del trek es entre árboles y facilito comparado con lo que venía después. La vista constante del Taranaki no aburría, al contrario, al verlo cada vez más cerca motivaba aunque parecía cerca, la vista engaña y la cima quedaba mucho más lejos de lo que parece.







En cuanto se avanza la cuesta se vuelve más empinada aunque todavía con territorio facilito. El primer gran objetivo se sitúa en el Tahurangi lodge de un club privado de montañismo de New Plymouth donde también se ve una gran antena y donde los árboles empiezan a desaparecer por la altura. Para llegar a este punto hay que subir por una cuesta tremendamente empinada, ya se notaba que era más duro que las cuestas del Tongariro. Se hace por un camino por el que puede subir un 4x4 así que se veía bien el camino por el que había que subir. El punto del lodge es el lugar donde la mayoría de la gente se vuelve pero para nosotros solo suponía una cuarta parte del trek. Aprovechamos para comer algo y descansar para lo que iba a ser la aventura de verdad. Desde este punto pudimos ver el Tongariro National Park, ¡Hace unos días nos encontrábamos allí!

Tongariro National Park al fondo
Lodge
Antena y baños cerca del lodge

Vistas desde el retrete

De repente tras el Tahurangi lodge se complicó la cosa, el camino ya no era tan fácil y había que empezar a seguir las estacas que te orientan en la subida. Rocas y caminos alternativos era lo que íbamos dejando atrás, con mucho cuidado logramos llegar a la parte de las escaleras, estábamos pasando el profundo Hongi Valley. Las vistas que íbamos dejando atrás ya eran preciosas pudiendo ver ya el gran circulo que rodea al monte Taranaki, como un tono de color verde que hace un círculo casi perfecto.

Observar el circulo, comprobadlo en el mapa de abajo


En el mapa se puede ver muy bien, es algo que parece hecho por el hombre, aunque creo que es un capricho más de la naturaleza. Las escaleras son tremendamente empinadas y parecían bastante nuevas, se pueden subir bastante bien pero había que parar de vez en cuando para descansar y disfrutar de las vistas. Hasta aquí todo bien y bajo control, las piernas respondían, los peligros no parecían ser tanto como creíamos al principio, con la confianza suficiente de que íbamos a poder subimos todos los escalones, escalones de madera que han puesto para evitar subir por escoria volcánica que se encuentra bastante suelta.

La parte de las escaleras
Hongi Valley

El escenario cambió de nuevo, a partir de este momento era algo así como – te hemos traído hasta aquí, ahora búscate la vida– El camino se volvió aún más empinado y lo peor no era eso, lo peor fue que era como arena (escoria)  en la que con cada paso hundías el pie y el paso hacia adelante se volvía medio paso hacia atrás. Ningún sitio en el que agarrarte y una cuesta que cuando mirábamos hacia atrás nos entraba el yuyu, temíamos que en un paso en falso nos fuésemos en una avalancha de tierra hacia abajo, esa era la sensación ya que estaba todo muy suelto.


Descansito
¿Camino correcto? Lo dudo

¡Sigo vivo!
La señalización no estaba bien, las estacas que guían más o menos el camino estaban caídas en el suelo y no se podían ver desde la lejanía. Nosotros cogimos una “ruta” equivocada donde no se veía ninguno de las estacas y resultó ser peligroso. Las piedras también estaban sueltas y parecía que alguna de ellas podría desprenderse de un momento a otro. Pensamos en volver, pero mi cabezonería (Álvaro) nos hizo seguir hacia adelante. Subiendo nos mirábamos Perrine y yo como diciendo -Ya verás tu cuando tengamos que bajar- Paso a paso, descanso tras descanso y llegamos hasta otro punto de tranquilidad. Llegamos a la zona rocosa de la parte más alta del volcán con lo que fue todo un alivio, ya podíamos pisar en duro y quitarnos ese miedo de caer hacia atrás. Se podía ver la cima y parecía muy cerca, aun así quedaba más de una hora. No era fácil tampoco, nada de nada, se trataba de una escalada dura (teniendo en cuenta de que somos semi-novatos). Las manos se convirtieron en instrumentos fundamentales para seguir la escalada. Sujetándonos por las piedras (muchas sueltas) y siguiendo el instinto de seguir el mejor camino posible fuimos subiendo poco a poco. Cuando mirábamos hacia atrás las vistas eran espectaculares. Estábamos por encima de las nubes, dejándonos una imagen preciosa pero a la vez preocupante. Nos avisaron de que el tiempo aquí es muy cambiante y puede volverse muy peligroso en cuestión de segundos. Era como una nube que abrazaba a la montaña y que venía para quedarse, más nubes se veían venir para enroscarse.

Oh...oh...
Primeras nubes
Disfrutando del mar de nubes
La temperatura también se notaba que bajaba con cada metro que subíamos, si descansábamos demasiado, el frío nos hacía seguir para poder entrar en calor. Ahora sí, estábamos exhaustos y nos parecía que se hacía muy peligroso. Sopesándolo mucho y tras un largo rato sentados discutiéndolo decidimos volver a no mucha distancia del cráter, Perrine no se atrevía más a causa de lo peligroso que se estaba haciendo, de las nubes que estaban tapando la visibilidad y del cansancio y yo aunque con mucha rabia de no coronarlo decidí dejarlo, nos quedaba una larga y peligrosa bajada.
Lo que más temíamos era la zona de escoria, muchos tramos los tuvimos que bajar en cuclillas, era la forma más segura y rápida aunque el culo nos lo ensuciamos bien. Como en todos los treks largos, el camino de vuelta se nos hizo eterno.

¡Cuesta abajo y sin frenos!
Precipicio en el Taranaki
Aunque no lo coronamos nos sentíamos como tal, no nos quedó mucho y la aventura había superado nuestras expectativas. Una gran experiencia para el saco de Nueva Zelanda, nunca olvidaremos al legendario monte Taranaki.

Sin descanso cogimos la furgoneta y nos fuimos directamente hacia nuestro otro destino, las turísticas Waitomo Caves, pero era demasiado tarde y paramos por mitad de la carretera para dormir y cenar, donde no había nadie, otra noche más de freecamping. Por el camino el Monte Taranaki no dejaba de regalarnos vistas y se despidió de nosotros de esta manera, con este atardecer tan bonito.

Bye Bye Taranaki
Vistas por la West Coast camino a Waitomo





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