16 de octubre de 2013

Tonga: El paraíso tiene nombre, las Islas Ha'apai



Carretera principal de Lifuka
Una de las razones por las que queríamos venir a estas islas fue la de que queríamos alejarnos de todo, sentirnos en un lugar puro y alejado de todo el ajetreo de las ciudades y actualmente estas islas son uno de los pocos lugares en el mundo donde se puede conseguir donde todo ocurre a un ritmo mucho más lento. Tienen muchas islas desiertas en las que elegir pero no todas son fáciles de alcanzar. Las islas Ha’apai trata de 62 islas de las cuales 45 están deshabitadas. Es la menos turística de los tres grupos pero sin embargo es el paraíso que se piensa cuando se habla de las islas del Pacífico Sur. Dos de sus islas son dos grandes volcanes que se pueden ver de diferentes puntos del grupo de islas, sus nombres son Tofua y Kao a las que se puede llegar en barco aunque con servicio muy limitado, no es fácil llegar a estas islas si no es con barco privado. El precio para llegar allí es muy alto, se encuentran a unos 70 kilómetros de Lifuka, la isla principal, aunque siempre se puede negociar con los locales, también se puede intentar hacer barcostop para llegar a las islas más cercanas, conocimos a gente que lo consiguió, al fin y al cabo el que llega hasta aquí es para buscar una aventura.

La aventura del viaje a las Islas Ha’apai empezó en el puerto de Tongatapu donde cientos de tonganos esperaban el barco para ir a las islas, un barco que tardaba unas doce horas en llegar a Pangai, la capital de isla principal llamada Lifuka del grupo de Islas Ha’apai. Como ya expliqué en el primer post, Tonga consiste en 3 grandes grupos de islas, Tongatapu y Eua, las Ha’apai y las más turísticas de todas (si es que se pueden llamar turísticas), las Islas Vava’u.
En el puerto había mucho alboroto, todos con maletones y mucha gente en movimiento, casi todas las miradas se dirigían hacia nosotros aunque no éramos los únicos extranjeros, vimos alguno que otro por allí pero éramos minoría absoluta.

Esperando el ferry en Tongatapu
Muchos se paraban a hablarnos haciendo las preguntas típicas: de donde sois, en que trabajáis, cuanto tiempo estáis en Tonga y porque estábamos allí. Preguntas que nos hacían una y otra vez. Muchos de ellos llevaban como una alfombra y me preguntaba que pasaba con tanta alfombra. ¿La habrían comprado en Tongatapu en oferta? ¿Porque casi todos llevan alfombra? Más tarde descubriría la razón de la que supongo ya os hacéis una idea.
Para entrar al barco fue todo una lucha, por el día festivo del lunes no había salido el ferry que normalmente salía ese día así que había más gente de la normal (o eso suponíamos) para este barco que hacía varias paradas y como destino final tenia las Islas Vava’u.
Después de la experiencia con el barco de Nueva Zelanda que nos llevó de la isla sur a la norte estaba muy asustado de que fuera a ser igual, esta vez eran 12 horas y en aquel viaje en Nueva Zelanda solo fueron 3 en el que creo que casi muero de tanto vomitar, al menos esta vez el mar parecía más tranquilo.
El barco salía a las 6 pm pero tenía algo de retraso, una media hora, al barco entramos uno de los últimos, entre empujones y bolsazos en la cara. Cuando entramos ya estaba toda la gente con la alfombra en el suelo ocupando sitio, prácticamente por todo el barco, hasta detrás de las puertas o en sitios que nunca te hubieras imaginado que podría dormir una persona, como no se me había ocurrido antes del porqué llevaban todos alfombras. Nosotros nos metimos en la zona interior con el aire acondicionado donde estaba lleno de sillas pero teníamos que estar sentados, y estar así durante 12 horas sería un maltrato físico. Ponían karaoke y películas raras en la tele de la sala.


El barco ha sido creado y donado por los japoneses y es bastante nuevo. De las donaciones japonesas hay mucha polémica por aquí, donaciones a cambio de la libre caza de ballenas, suena bastante lógico pero da pena.
Para comer teníamos poco, todo un fallo por nuestra parte. Tenían una especie de quiosco donde vendían patatas fritas de paquete, bebidas, noodles y poco más. Nos comimos unos noodles por meternos algo en el cuerpo.


El barco empezó bien durante las 2 primeras horas pero empezó a moverse mucho, subiendo y bajando, como también lo hacia mi estómago. No podía dejar de pensar en lo de vomitar, no quería volver a pasar por lo mismo. Aguanté hasta que estaba mal de verdad y me salí fuera a buscarme un sitio en el suelo donde corriera el aire. Me fui a la popa del barco donde encontré un hueco tras sortear a la gente que había por el suelo. Tenía sacada la cabeza por la borda para empezar a soltar todo lo que había en mi interior pero de repente el malestar y las ganas de vomitar se cortaron y empecé a mejorar, un milagro de Dios o simplemente el aire fuerte que daba en mi cara que me hizo bien. Me tumbé en el duro suelo del barco e intente dormir para que se me pasara, cosa que logré conseguir, había controlado lo de vomitar, no me lo podía creer. Perrine al parecer no le afecta mucho ese problema y fui a avisarle para que se viniera conmigo que yo de allí no me movía por nada del mundo.

Las horas pasaban lentamente con el hueco que encontramos para nosotros, pero el hueco se iba haciendo cada vez más pequeño con la gente que se iba poniendo por esa zona buscando su hueco particular. Había una pareja al lado que nos quitó mucho terreno a lo tonto y con los que estuvimos hablando parte de la noche. Eran jóvenes y habían estado trabajando en Nueva Zelanda, él como picker y ella como packer, un gran negocio para ellos en cuanto a sueldo se refiere, nos encontramos con bastantes tonganos en Nueva Zelanda haciendo lo mismo, suelen ser los más rápidos sobre todo cuando se trabaja por kilos. 


Empezó a llover un poco y a hacer rasca, yo caí en un sueño profundo y cuando desperté me di cuenta que estaba mi ropa toda mojada, por suerte después de un rato paró y con el fuerte viento se fue secando.
Cuando empezó a llover de nuevo tuvimos que meternos dentro porque también empezaba a hacer rasca mañanera, fuimos por todos sitios hasta llegar a una zona donde había un lugar bastante amplio para acostarse en el que no había nadie. Después de algunas paradas que hizo el barco, se ve que salieron algunos dejando sitios libres, bien por nosotros que aprovechamos muy bien para dormir algo aunque en un suelo tan duro poco tiempo se podía dormir.
La última hora de trayecto la pasamos asomados por la borda que aunque no se veía mucho por la oscuridad sí que se veían ya algunas luces de las islas, nos acercábamos a nuestro destino.
Lo primero que hicimos al llegar (a eso de las 7 de la mañana) tras más de 12 horas de trayecto fue ir a comer a un puestecillo ya en el mismo “puerto” de Pangai donde nos comimos un arroz con pollo que nos supo a gloria, por fin algo de comida decente y condimento para mi estómago ¡Estábamos en las Islas Ha’apai!



Pangai es digamos al capital de las Ha’apai en la isla principal Lifuka donde íbamos a pasar las primeras noches. Para dormir no teníamos nada reservado, nuestra idea era la de buscar algo una vez en las islas aunque ya miramos un poco online en el buscador de Trivago que nos sirvió de guía para mirar precios. Fuimos al supuesto centro de Pangai donde no hay absolutamente nada. Se puede decir que todo se centra en Mariner’s Café, punto donde podrías informarte de cosas de por aquí pero en aquel momento estaba cerrado. 

Esto es el famoso Mariner's Cafe
Preguntamos a una chica adolescente si sabía de un sito para dormir por allí y nos señaló detrás de Mariner’s Café donde fuimos a preguntar y donde nos quedamos, ocupábamos la habitación de una pareja inglesa-checa que salía hacia las Islas Vava’u, nos estuvieron poniendo al día de lo que habían hecho por allí con muchos consejos. En aquel mismo alojamiento también vimos a una pareja checa que conocimos en Toni’s Guest House, ellos vinieron en avioneta. Si os preguntáis por qué no vinimos nosotros en avioneta es porque cuesta un señor pastón, tuvimos que reservar vuelo para volver porque nos quedó más remedio por la escasez de barcos.
Estábamos rotos así que nos acostamos un par de horas hasta que se hicieron las 10 de la mañana o algo así, una chica tongana nos preparó unas tostadas, desayuno que iba incluido en el precio de la habitación. 

Nuestro guest house
Lo próximo fue ir abajo al bar de Mariner’s Café donde alquilamos unas bicicletas old fashioned y nos fuimos al norte, Pangai se encuentra en mitad de la isla de Lifuka y al norte está unida por un puente con la isla de Foa que es hacia donde fuimos. Pangai es solo un par de calles llena de cerdos y gallinas por todos sitios. Se ve muy poca gente por las calles, caso siempre son niños jugando por la calle, las calles son casi todas de tierra o carreteras muy estrechas por donde pasan los pocos coches que habitan estas islas. La gente te saluda entusiasmada o tímidamente, no pasábamos inadvertidos. Por el camino fuimos viendo bonitas playas y tuvimos que cruzar la pista de aterrizaje de los aviones:

Saliendo de la pista de aterrizaje que teníamos que cruzar
Playas que íbamos viendo en camino
Con la bicicleta llegamos hasta la Isla de Foa pasando por ese puente que se encontraba en reformas y llegamos a la punta del norte de la isla donde estuvimos en una playa impresionante para nosotros solitos llamada Houmale’eia Beach.

Mallot tongano
Puente que unen a la isla de Lifuka con la isla de Foa
Todo un paraíso del que disfrutamos con niños chicos, no se veía ni un alma aunque algún extranjero si que paso por allí. También hay una especie de bar de una pareja joven que ha decidido irse a vivir allí y montar su negocio, fue a ellos a quienes les alquilamos las gafas para hacer snorkeling.  


Un snorkeling muy bueno con el que íbamos pasando el rato disfrutando de sus maravillosas aguas turquesas y transparentes. También nos fuimos nadando a la pequeña islas que hay al norte de Foa, la isla Nukunamo. 



En Houmale’eia Beach.

Foa con la Isla Nukunamo al fondo
Una pequeña isla deshabitada en la que no pudimos dar la vuelta por los obstáculos que había, nos quedamos en su preciosa playa de arena blanca. Echamos el día por esa zona y nos volvimos en bici de nuevo a Mariners’ Café, por el camino me encontré con un chico que iba en bici y que me retó a una carrera que gané hehe. El día siguiente nos íbamos a una de las islas del sur de Lifuka, esta vez nos íbamos a la isla de Uoleva. Cosa que decidimos después de darnos una vuelta por Pangai que aunque no tenga mucho que ver sí que es interesante ver la vida pasar en este lugar del mundo, nos fuimos al mercado del que esperábamos más de lo que creíamos, allí solo había tres personas vendiendo alguna fruta o verdura. 

El Zara de Pangai
Gasolinera de Pangai
Compramos unas starfruits a una señora que se alegró mucho. Al parecer para el mercado hay que madrugar más para ver movimiento. Por el camino vimos varias iglesias y colegios, Tonga es uno de los países en el mundo con mayor índice de escolarización aunque parezca mentira, parece ser que el rey no quiere analfabetismo en su reino, muchos colegios tienen uniformes de un color y con falda, es curioso verlo.

Colegio tongano
Fuimos a una panadería que decían que había, un poco lejos pero llegamos preguntando a la gente que había por allí. Se trataba del único panadero de Pangai y quién sabe si de toda Lifuka, que distribuía el pan a los pocas tiendas que había, entre ellas un par de chinos donde compramos provisiones para el día siguiente, si, los chinos también han llegado a las islas Ha’apai! Allí mismo nos encontramos con las oficinas de Real Tonga, la aerolínea que se hay actualmente para los vuelos internos, como podéis ver, una oficina un tanto básica.

Oficina de la compañia aerea de Tonga
Estuvimos un gran rato hablando con el panadero, que no nos dejaba irnos por nada, le había gustado la visita y nos contó muchas historias. Nos contó lo del tema de las ballenas y de cómo las cazaban y que el mismo comía carne de ballena de la cual decía que estaba deliciosa pero la caza de la ballena la prohibieron en Tonga y ahora se conforman con el cerdo y el pollo que están por todos sitios y que crían los habitantes de estas islas en sus casas. Tras escaquearnos de allí volvimos a Mariner’s Café donde empezaba la complicada travesía que nos llevaría hasta la isla paradisiaca de Uoleva.




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