8 de octubre de 2013

Tonga: Explorando nuevas islas del reinado de Tonga


Tras conocer Tonga un poquito más, sobre todo Tongatapu, seguíamos adentrándonos por otras formas como por ejemplo la gastronomía, música, bailes y actuaciones y otras cosas típicas de estas islas. Para ello nos fuimos una noche a un espectáculo que hacen cada semana en una playa llamada Oholei Beach. Es todo organizado por Toni’s guest house, ellos nos llevaban (estaba en la otra punta de la isla de Tongatapu) y nos traían de vuelta después del espectáculo. No era barato pero sin embargo es algo que debería hacer todo el que viene a Tonga, imprescindible para conocer más Tonga. En total nos salió por 27 € o algo así por persona para el buffet, el espectáculo y el transporte. Empezaba a eso de las 8 con un buffet donde pudimos comer todo lo que queríamos de unas mesas donde te sirven los distintos tipos de comida tongana.


Servicio de primera
Cerdo que no falte
Nuestro plato natural sacado de platanero

La verdad es que todo estaba buenísimo, por fin comía algo realmente típico y bueno de la comida de Tonga que tan mala fama tiene, muy bueno el pescado crudo, el alga y la carne dulce. En esta cena estuvimos con Mone y su pelazo a lo afro con un amigo suyo tongano, con una pareja checa (hay muchísimos checos en Tonga debido a una promoción en una famosa web checa para Nueva Zelanda) y un catalán que estaba viajando por varias islas del Pacífico en solitario.
Está claro que si pagas un poquito más de lo normal obtienes cosas deliciosas de la gastronomía tongana. Tras la cena con música en directo y con un tremendo sermón religioso apocalíptico incluido nos llevaron a la Hina Cave donde empezó el espectáculo. 

Dando el sermón

Trataba de bailes y música tongana, muy entretenido y agradable con un ambiente muy isleño. Las que bailaban eran chicas que tenían como una grasa untada por su cuerpo para que pudieras pegar billetes en su cuerpo si querías, alguno se levantó y pegó algunos billete aunque con el movimiento del baile se caían casi todos los billetes al suelo, al terminar los recogería todos, es como su propina por lo bien que lo hacía. 

Baile de las chicas con los chicas de manos sentados en el suelo
Baile de manos tongano
Billetes caídos que pegaban en su cuerpo

Baile y música tongana
El presentador era el mismo que dio el sermón y el mismo que cantaba en el grupo, todo un artista, lo hace muy bien y con bastante humor. 

El presentador de toda la noche y el más orgulloso de sus país
Luego llegaron los chicos tonganos, fuertes y preparados que dieron demostraciones de lucha y también de baile. Hubo uno que toco el ukulele con los dientes, lo hizo bastante bien. El plato fuerte del espectáculo estaba por llegar y nosotros seriamos unos de los protagonistas. Se trataba de la danza del fuego. Ya veréis el porqué.



Los chicos hacían virguerías con unos palos que estaban en fuego por los dos extremos dándole vueltas sin parar y haciendo cosas realmente increíbles, todo iba bien hasta que llegó el turno a uno de ellos que era novato al cual se le cayó el palo al suelo un par de veces, creo que se quemó la mano y le dolía un poco y por eso se le escapaba. 


En una de esas veces se le escapó pero esta vez no fue al suelo… fue a parar hacia nosotros! De repente teníamos un palo en llamas en nuestros pies, un poco más y nos da en la cabeza! Un poco de pánico por la sorpresa pero poco más, a nuestro lado había un hombre mayor de Alemania al cual le quemo un poco el pantalón. No pasó nada y el chico estaba realmente preocupado y fastidiado por lo que pasó, todo quedó en un pequeño susto. En este vídeo podéis verlo bien porque estaba grabando cuando ocurrió, no os perdáis el momento en el que va el palo ardiendo hacia nosotros.


Una vez terminado el espectáculo había que volver al hostal o quien quisiera podía quedarse de fiesta donde fue el buffet y coger un taxi o algo de vuelta. Todos volvimos al hostal.
Una vez visto las cosas más importantes de Tongatapu empezamos a ver otras islas cercanas de ida y vuelta a Tongatapu. Necesitábamos ya alguna playa buena para bañarnos y hacer snorkeling, se suponía que estábamos en el paraíso y eso todavía no lo estábamos viendo mucho en Tongatapu. Para cualquier excursión lo mejor es ir al puerto que está en el waterfront de Nuku’alofa, al lado del mercado de pescado y buscar un barco que salga a alguna islas del norte de Tongatapu, que no son pocas.


La opción más común, cercana y barata es la de ir a Pangaimotu que sale a las 10 y 11 de la mañana y vuelve a las 4 o 5 de la tarde también hay otras islas que están más alejadas con lo que cuesta más llegar hasta allí como lo pueden ser las Islas de Fafa o Atata. Lo que más atrae de la Isla de Pangaimotu es el barco que hay hundido cerca de la orilla de la isla, con la popa sobresaliendo del mar. El viaje en barco cuesta 20 pa’angas (8€ y pico) y se tarda  unos 10 minutos, un poco caro. La llegada se hace a un restaurante que te da la bienvenida y te cobra el viaje, me pareció raro que te cobraran a la llegada y no cuando sales. Una vez en la isla vimos ya mejores playas, playas con color de agua turquesa y muy claras. Lo primero que hicimos fue ir a hacer snorkeling y relajarnos en la playa, llevábamos ya mucho tiempo sin meternos en el mar, en Nueva Zelanda lo hicimos muy poco porque el agua estaba muy fría!




El snorkeling es bastante decente, sobre todo cuando te vas alrededor del barco hundido, se veían muchos peces diferentes y de colores. Desde el barco también puedes subirte con una cuerda que han puesto y tirarte al mar, muy divertido. Comimos algo en el único restaurante que hay y dimos media vuelta la isla, es bastante pequeña, en un par de horas o menos se le puede dar la vuelta entera






La mejor parte de la isla en cuanto a playas te la encuentras al este de la isla donde había algunos tonganos pescando y buceando. Echamos un gran día en esta isla y disfrutamos de un pequeño paraíso aunque todavía queríamos playas mejores, playas que iríamos a buscar en el grupo de islas de Ha’apai. Volvimos a la isla principal a las 5 y andamos todo hasta la calle central de Nuku’alofa, hora perfecta para el happy hour para recibir un 2x1 en cocktels o cervezas.


Nos bebimos unas pocas esperando a que llegara Mone de Toni’s guest house a recogernos para llevarnos a nuestra habitación.
Esperando a Mone se oía en el edificio de correo música muy alta y religiosa de una planta más alta. Por curiosidad subimos a ver qué es lo que se cocía por allí, al entrar un tongano actuó como si estuviera muy orgulloso de que fuéramos a verles y nos invitó a entrar y sentarnos con ellos en una especie de misa. Me quede totalmente de piedra, nunca vi la religión cristiana en estos límites. Todos parecían como en trance cantando o hablando con las manos en alto y agitándolas de un lado para otro, lo que siempre me había imaginado de una secta lo estaba viendo aquí. Tras un rato nos vimos obligados a abandonar la ceremonia ya que Mone podía llegar de un momento a otro. Es increíble lo religiosos que son en Tonga. Se dice de Tonga que una de las cosas que no te puedes perder del país es ir a una misa en domingo, a cualquiera de las muchas iglesias repartidas por toda la isla. Todos van en su mejor traje de gala y la iglesia siempre estará llena, la ciudad en ese día es como un desierto, nadie trabaja y nadie sale a la calle excepto para ir a misa, el día de descanso se lo toman muy en serio. Nosotros no pudimos ir a la misa un domingo porque no coincidió por nuestras excursiones aunque si vimos la “ceremonia” o lo que fuera de la que os he escrito antes.
Mone o Peter siempre nos contaban cosas interesantes sobre la cultura tongana y su gente, respuestas a nuestras preguntas curiosas sobre ellos, cada civilización tiene su manera de hacer las cosas y queríamos saber la forma de los tonganos aunque eso ya lo estábamos aprendiendo con el día a día. Mone es un tipo muy sarcástico a primera impresión y el primer día no me cayó muy bien que digamos, hay que conocerle un poco antes de juzgarle por su personalidad, en el fondo es un gran tipo pero hay que pillar el sentido que da a sus palabras. Peter es un tipo más bonachón y simpático, nos sirvió mucho sus consejos y ayudas.

Las noches eran entretenidas en Toni’s guest house hablando con los demás viajeros. La mayoría de la gente había pasado un tiempo en Nueva Zelanda así que teníamos mucho de lo que hablar. Conocimos una pareja eslovaca llamada Dora y Lukas con la que congeniamos muy bien, ellos como otros muchos habían venido especialmente para nadar con las ballenas. En muchas guías o sitios dicen que la temporada de ballenas empieza en junio y otros dicen que en julio, sea como fuere las ballenas todavía no habían llegado a Tonga y estaban un poco decepcionados. Tonga es uno de los pocos países en el que puedes nadar con ballenas, algo que tiene que ser realmente espectacular pero por la temporada que era no pudimos hacerlo (principios de junio)  una autentica pena. Es lo que más utilizan para atraer a los pocos turistas que se animan a venir a Tonga. En “Deep blue diving”, que es donde hay que ir para estas cosas en Tongatapu, nos dijeron que para estar seguro de tener ballenas  hay que ir en agosto o septiembre que sería digamos la temporada alta, ballenas=temporada alta, quedáis avisados.
Nuestra estancia en Tongatapu se estaba prolongando más de lo que habíamos pensado y no es porque nosotros quisiéramos, fue más bien porque el ferry que va a Ha’apai de los lunes no salió porque era día festivo así que teníamos que esperar dos días más en Tongatapu, nuestro viaje a las Ha’apai en busca de islas desiertas tenía que esperar un poco más. Además tuvimos que cancelar el plan de ir a la isla de Eua, una de las islas más antiguas de todo el Pacifico Sur y muy conocida por su trekking.
Uno de los días alquilamos unos kayaks por la mañana en Deep blue diving, también alquilamos gafas para bucear para salir a una de las islas. El mar estaba un poco movido y la corriente iba un poco en contra. Queríamos llegar hasta la Isla de Makaha’a pasando antes por la que vimos el día anterior, Pangaimotu. 






No fue tarea fácil llegar hasta Pangaimotu que parecía cerca pero necesitamos 2 horas y pico, yo llegué primero y Perrine tardo una media hora más, tiempo que aproveché para bucear por la zona y nadar hacia su kayak para darle un último empujón. No quedaba mucho más tiempo y fuerzas, solo habíamos alquilado el kayak unas 5 horas así que descartamos llegar hasta Makaha’a. Nos quedamos en Pangaimotu en la que no había casi nadie, el día anterior si había más gente porque era día festivo. La vuelta fue un poco menos dura y más rápida al tener las olas a favor.
El mismo día que nos íbamos a las Islas Ha’apai nos fuimos a hacer snorkeling durante el día con una oferta de deep blue diving que ofrecía un gran descuento para ir a unos corales en barco además de una parada en la Isla de Makaha’a que íbamos a ver tras nuestro intento fallido en kayak.
El barco a Ha’apai salía a las 6 de la tarde desde el mismo puerto del que salíamos a hacer snorkeling así que dejamos las mochilas y las cosas en la oficina de deep blue diving para cuando llegáramos del snokeling trip ducharnos en las duchas que tienen allí y e irnos directos al ferry. El snorkeling lo haríamos junto a dos chicas alemanas y dos tonganos de deep blue diving. Fue espectacular, los corales gigantescos eran como una ciudad de peces, de todo tipo y colores con conchas gigantes y estrellas de mar azules. Era todo un espectáculo bajo el mar y una gran sorpresa, el snorkeling que hicimos en la isla de Pangaimotu fue solo un aperitivo. Fuimos a dos puntos diferentes, fue el mejor snorkeling que estaba haciendo en mi vida aunque por poner alguna pega, los corales no tenían mucho color.







Tras el snorkeling nos llevaron a la isla Makaha’a donde conocimos a una mujer de Fiji, la cual trabaja y vive aquí totalmente sola en la isla, su trabajo consiste en mantener la isla limpia y ordenada.




Es un trabajo pagado y trata de un proyecto de algunos años. La mujer tiene muy buen rollo con sus bromas y nos reímos mucho con ella, tiene ese carácter isleño alegre y se alegró mucho que fuéramos a visitarla, al parecer conoce a uno de los de blue diving. Había alguien visitándola en ese momento. Nos comimos allí unos sandwinches que nos dieron con ellos y nos contaron leyendas de los tonganos sobre el origen de las palmeras cocoteras. Nos dejaron entender que existe un pique sano entre Tonga y Fiji por eso de la cercanía con cosas como la calidad del kava o el origen de algunos productos además del rugby en el que son muy buenos.
Tras el sándwich nos dimos la vuelta entera a la pequeña isla, unos 40 minutos andando para dar la vuelta completa.



Una isla preciosa y con playa mejor que Pangaimotu, el nivel iba subiendo. Tras Makaha’a nos fuimos de vuelta al puerto a eso de las 5 para ducharnos y prepararnos para lo que iba a ser una nueva aventura con una larga travesía en barco hasta las remotas islas Ha’apai, 12 horas de ferry nocturnas nos esperaban...

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