21 de octubre de 2013

Tonga: Isla Uoleva, alejados del mundo


Para llegar a Isla de Uoleva hay dos opciones, está la fácil y cara de ir en bote o está la opción lenta, barata y peligrosa de cruzar el estrecho de una isla a otra a pie por encima del coral. Miramos el horario de las mareas por el internet que tienen en Mariner’s y dio la total casualidad de que la marea coincidía dentro de una hora en su punto más bajo.  Nos armamos de valor y nos fuimos a ello. Llamaron un taxi en Mariner’s para nosotros y nos llevaron al punto más al sur de la isla de Lifuka en un taxi que era un trasto con ruedas, como casi todos los coches de Ha’apai, no sé porque pero casi todos los coches tienen los cristales resquebrajados y te encuentras muchos coches abandonados por la calle, como este.



El camino hacia el sur de la isla de Lifuka es malo malísimo, parece un camino que se utiliza poco, no hay nada allí y las matas están muy crecidas por el camino. 



Allí nos dejó la señora del taxi solos ante el peligro, con las dos mochilas y con las bolsas con provisiones que compramos  ya que en Uoleva no hay tiendas, ni electricidad, es una isla deshabitada que solo dispone de dos guest houses y un resort que funcionan a base de energía solar. Íbamos sin reserva y a ver lo que pasaba una vez allí.
Nos habían avisado de que la corriente del mar entre las dos islas es fuerte y que ya había muerto gente allí, no eran tonterías. El tiempo era bueno y no debería de haber problema, solo uno, no llevábamos protección para los pies e íbamos a andar por encima de un coral. Decían que se cruza en unos 40 minutos.

En el horizonte nuestro objetivo, la Isla de Uoleva
El cruce por el coral, parece fácil pero no lo es!
El principio del camino fue fácil y suave para los pies, íbamos bien y rápido aunque sí se notaba el agua que cubría por los tobillos que venía con bastante fuerza. La cosa se fue complicando a mitad de camino, el agua empezaba a cubrir casi por la cintura, el coral nos cortaba los pies y perdimos la pista al camino de coral. Nos paramos un momento y miramos hacia atrás, nos encontrábamos prácticamente en la mitad del camino y se estaba poniendo la cosa peligrosa. Los brazos lo teníamos cansados de las bolsas, llevábamos bastante provisión de agua y eso pesa mucho, la corriente se notaba como te empujaba pero se podía controlar. No sabíamos bien qué hacer, ir hacia delante o volver hacia atrás y contratar un bote que nos llevara a la isla. Nos dijimos que ya que estábamos en ese punto lo intentaríamos hasta el final. Con el camino de coral perdido fuimos buscando coral para no hundirnos en el mar y en esa corriente peligrosa, fuimos haciendo zigzags buscando coral y en varias ocasiones nos metimos más de la cintura mojando la mochila con todas nuestras cosas, las bolsas de plástico con la comida se rompieron, cogimos las botellas y la comida como podíamos. Para qué os vamos a engañar, sentíamos miedo. La marea empezaba a subir, los cortes en los pies dolían mucho y sangraban, casi no los sentíamos. Llevábamos más de una hora y nos quedaba un buen trozo para llegar a la otra orilla, teníamos que darnos prisa. Poquito a poco y con un susto que otro llegamos finalmente a una parte menos profunda y suave como el principio del paso. Llegamos sanos y salvos con casi lágrimas en los ojos. ¡Llegamos a Uoleva!
Ahora tocaba la siguiente parte de esta aventura. Nos surgió una duda. Llegamos a la isla por la punta norte de la isla. No sabíamos dónde estaban los guest houses y no sabíamos por qué lado de la isla ir. ¿Derecha o izquierda? 


Escogimos la izquierda y empezamos a andar pegados a la orilla, por el camino íbamos quedando maravillados, estábamos en el jodido paraíso, si lo pensamos de la playa del norte de Foa, esta era 5 veces mejor. Tal paraíso y sin nadie a kilómetros alrededor. Hicimos mil fotos pero no nos paramos mucho, primero queríamos encontrar el guest house para dejar las cosas y pillar cama así que seguimos andando. Anduvimos mucho, kilómetros, y no veíamos nada, ninguna señal humana ni nada, habíamos cogido el lado erróneo de la isla y el sol bajaba cada vez más.




Perrine no podía más con la mochila y le dije que se quedara con las mochilas sentada en la arena que yo iría a buscar solo sin mochilas, y eso hice. Anduve mucho, ¿Dónde coño están los guest houses? ¿Nos habríamos informado bien? Pasé por una zona rocosa y no fácil de atravesar y fue cuando por fin vi a alguien a lo lejos, fue como ver un oasis en un desierto. En cuanto lo vi me di la vuelta y fui en busca de Perrine que llevaba esperando ya más de una hora. Corrí todo lo que pude hacia atrás, con las pocas fuerzas que me quedaban. Ahora a hacer el mismo camino de vuelta con las mochilas, las provisiones con las bolsas rotas y Perrine. Pasamos de nuevo por la zona rocosa y difícil de pasar y fue donde Perrine se cayó delante de mis ojos. Me asusté mucho porque fue una caída muy aparatosa, pisó en una piedra que se movió pero por suerte cayó bien y no pasó nada, algunos rasguños en las piernas y codos, tenía sangre pero nada importante, pocas veces he pasado más miedo. Imagínate que se parte una pierna o algo y estamos en una isla como Uoleva, no me lo quería ni imaginar. Por eso es tan importante contratar un seguro deviajes, si te pasa algo en un sitio como este, te puede costar lo que no está escrito, nunca se sabe.
Por fin llegamos al hombre que seguía por allí, estaba solo y era un tongano que había anclado su barca por allí. Por fin alguien con quien hablar y contarle lo que nos pasaba aunque su inglés era muy limitado. Nos dijo que rodeando la isla había un lugar ¡Qué alivio y que contentos de ver a alguien! Es irónico porque habíamos planeado esto precisamente para no encontrarnos con nadie  y alejarnos lo máximo posible de la civilización y ahora estábamos buscando a alguien desesperadamente.

Andando unos 15 minutos más me encontré con otra persona, estaba barnizando unos trozos de madera y el tipo tenía pinta descuidada con mucha barba y ropa vieja, le pregunté por un sitio para dormir y le contamos lo ocurrido. Perrine iba más lenta y venia en camino. Él fue muy directo, me dijo que estaba trabajando y cuidando del Resort y que solía ser muy caro y que normalmente estaba cerrado y no recibían a clientes en esta época del año, cuando me estaba cambiando la cara de ilusión a decepción me preguntó cuánto quería pagar para dormir allí, me pidió que le diera un precio. Nuestro presupuesto era bajo y solo se me ocurrió decirle el precio que pagamos por la habitación en Lifuka, unos (20€). Su respuesta tras un silencio fue positiva, nos dejaba dormir en el resort que normalmente cuesta 100 y pico € por unos 20€. El resort se llama Serinity Beaches y este hombre llamado Summy estaba trabajando en el resort preparándolo para la temporada alta de las ballenas, su mujer, americana estaba de viaje en los EEUU y juntos llevan el negocio. En ese instante no había ningún cliente allí, normalmente no aceptaban a clientes hasta dentro de un mes, allí solo estaba él, sus dos perros y su gato. El resort era todo un lujo para nosotros y Summy nos ofreció de todo. Le ayudamos a arreglar el cuarto que estaba con los muebles y la cama sin colocar, lógicamente no estaba preparado para recibir a clientes. La cama era en una casita de madera (fale) al aire libre y con una gran mosquitera, a la orilla del mar. 



No nos podíamos creer lo que estábamos viviendo, todo el esfuerzo y sufrimiento para llegar hasta allí tuvo una gran recompensa. La guinda fue cuando Summy me ofreció una cerveza mirando la puesta de sol ¿Podía tener el día un final mejor? La cerveza después de todo me supo a gloria bendita. Decidimos quedarnos hasta que saliera el avión de vuelta a Tongatapu, habíamos tenido aventura suficiente y estábamos en el lugar que queríamos y que habíamos buscado en Tonga, cumplimos el objetivo y ahora íbamos a disfrutarlo durmiendo 3 noches aquí. ¿Dónde íbamos a estar mejor que aquí?



Los días pasaban lentos, sin tener nada que hacer lo único que hacíamos era disfrutar de tal paraíso, bañarnos, hacer snorkeling, intentar coger cocos y comer de ellos, andar por la playa sin seguir huellas de otras personas, leer libros, jugar a juegos de mesa, disfrutar del silencio sin coches ni personas alrededor  y tener charlas con Summy cuando terminaba de trabajar o tenía algún descanso.







La segunda noche, Summy, nos quiso hacer la cena, ha trabajado mucho en este resort cocinando a los clientes con su propia cocina que el mismo ha inventado, nos contaba de que nunca había leído un libro de cocina o había copiado un plato, todo salía de su imaginación y de la gastronomía tradicional de estas islas. Como no iba a ser de otra forma nos cocinó un pescado de coral azul, una parte del pescado la troceó y la preparó cruda con una salsa de coco que estaba tremendamente buena. La otra la cocinó a la plancha y nos la puso con algunas verduras y arroz, comimos al nivel del buffet que tuvimos en Tongatapu, una delicia.


Cenamos con él y hablamos mucho tiempo, Summy es un hombre muy sabio y nos dio unas lecciones de vida que nunca olvidaré. Un hombre muy sensato que con cada frase que dice te deja pensando sobre muchas cosas, yo le dije que podía ser perfectamente político o alguien que da discursos en público, su don de la palabra es tremendo. Todo lo que hacía lo hacía para nosotros sin querer mucho  a cambio, solo pagábamos la noche y nada más, él solo quería un poco de compañía y que nos sintiéramos como en casa allí, vaya que lo consiguió, se lo tendremos eternamente agradecido.


Summy nos dio total libertad en el resort, podíamos hacer lo que queríamos como por ejemplo coger las gafas y las aletas para hacer snorkeling, utilizar los kayaks…cosas que en cualquier sitio de alquiler se te va medio presupuesto del día como ya nos pasó en Tongatapu. Andar no podíamos hacerlo mucho, las heridas de los pies del coral se curaban poco a poco, así quedó el pie de Perrine.


A veces se veía pasar algún barco por allí o venía algún barco para traer suministros un amigo que venía de Tongatapu y que paraba en Uoleva antes de ir a su casa en la Isla de Uiha, más al sur. Un día que cayó en domingo pensamos ir a la Isla de Uiha para ir a alguna misa con el kayak del resort, Summy nos contó que era posible pero que había que saber bien como traspasar el coral y tener cuidado con las corrientes que había por allí entre las islas, él lo había hecho ya varias veces. El día se levantó un poco con el mar ajetreado así que no nos arriesgamos, ya tuvimos la experiencia de ir de Tongatapu a Pangaimotu y no fue tan fácil como parecía así que decidimos pasar el domingo tranquilamente en la isla. También había un barco privado de una familia neozelandesa de Nelson muy simpática, que nos hicieron una visita cuando paseaban por la isla, al final todos los de la isla se acaban conociendo.
Los tres días pasaron y teníamos que volver a Lifuka para coger el vuelo de vuelta a Tongatapu. No estamos tan locos de volver a Lifuka de la misma forma que lo hicimos para venir así que nos recogieron en una barca que había arreglado Summy y nos fuimos a Lifuka con él que también tenía que hacer unas cosas en Pangai

Summy
El dueño del barco que nos llevó a Lifuka
Nos despedimos de Summy con esta foto que nos hicimos con él y nos fuimos a Mariner’s Café a comer algo.

Foto de despedida
Allí conocimos a la dueña del famoso bar, resulta ser una mujer polaca que tiene un marido de estas islas y han decidido venirse aquí a vivir y tener este negocio. Su hijo ha nacido aquí y se le ve enamorada de estas islas aunque sí reconoce que también resulta ser aburrido a veces. ¡Esto sí que es irse lejos a vivir!
Con un taxi nos fuimos al pequeño aeropuerto que ya cruzamos en bici y recibimos los tickets del vuelo tras ser pesados, no sé bien para que, aquí no es como en Samoa que te cobran según lo que pesas para ir a la Samoa Americana. Nuestra sorpresa fue cuando llegó el avión que nos llevaría a Tongatapu. ¡Vaya chatarra! Una avioneta muy antigua y pequeñísima en la que solo cabían 8 personas de las cuales 4 tenían sobrepeso como casi todos los tonganos, los otros dos eran los checos que los volvíamos a ver y que como nosotros iban de vuelta. Dentro del avión se podía ver perfectamente el mando de control y al piloto. 




Nunca me había subido a algo parecido y la verdad es que estábamos un poco cagados, sobre todo al ver que al avión le faltaban tornillos y los que tenían estaban aflojados. Todo el miedo pasó cuando empezamos a subir y ver el paisaje que teníamos ante nuestros ojos. Simplemente espectacular, ver el paisaje lleno de islas y de barreras de coral por todos sitios disipó todos nuestros males, islas de todos los tamaños y colores. Nunca había tenido un vuelo tan bonito y especial como este y el dolor de lo que habíamos pagado para el vuelo se nos olvidó, ya estaba amortizado con tal espectáculo. La cámara de fotos echaba humo, solo pondré algunas fotos de las miles que tengo. ¡Cómo me gustaría haber estado en algunas islas enanas de las que se veían!






El vuelo de vuelta a Nueva Zelanda era esa misma noche a las 2 de la madrugada, horario más que malo. Nos quedaba una tarde-noche todavía por Nuku’alofa. Nos recogió Peter de Toni’s Guest House y permitió que dejáramos las mochilas en el guest house y nos llevó al centro de Nuku’alofa 
junto a los checos, los eslovacos que volvíamos a ver por allí y a unos finlandeses que habíamos conocido en el coche del aeropuerto a Toni’s Guest House, había muy buen rollo y fuimos a cenar y a beber algo.
A las nueve nos recogería esta vez Mone para llevarnos de vuelta al guest house. Nos quedaba algo pendiente por hacer en estas islas y pensábamos que ya no lo íbamos a conseguir, no habíamos probado el famoso kava, bebida alucinógena tan famosa de las islas de Pacífico. Daba la casualidad de que en Toni’s hacían un ritual de kava que organizaba Mone, era nuestra oportunidad.  El kava trata de un polvo que mezclan con agua, este polvo proviene de una planta y solo la beben los hombres cuando se reúnen para jugar y beber toda la noche. Digamos que un sustituyente al alcohol. Se dice que la primera vez que la tomas no te hace tanto efecto ya que tu cuerpo tiene que acumular una cierta cantidad de esta sustancia que se va quedando en tu cuerpo,  se dice que después de la tercera vez es cuando quedas más profundamente bajo sus efectos. Nosotros lo que sentimos fue  la lengua dormida y un poco como si te hubieras bebido una cerveza, poco más, el sabor es asqueroso y lo teníamos que beber con la nariz tapada. 

Perrine intentando beber kava

Mone y el recipiente con kava
El aspecto que tiene es como beber agua sucia. Lo mejor fueron las historias que contaba Mone, que removía el recipiente donde estaba la mezcla hecha cada vez que servía en unos pequeños cuencos. Se dice que el kava de Fiji y Samoa son diferentes que de Tonga, tienen un grado distinto de alucinación. Nos dieron las 12 y pico de la noche charlando con todos lo que había en Toni’s y tuvimos que despertar a Peter que nos tenía que llevar al aeropuerto, se acababa la aventura en estas islas a las que guardaremos mucho cariño , fueron 12 días muy intensos y bien aprovechados. Empezaría otra nueva aventura ¡Nos íbamos a Indonesia pasando antes una semana en Australia!





4 comentarios :

  1. pffff ¡que maravilla de lugar y de experiencia!

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    1. Siempre le guardaremos un cariño especial a Tonga, es un país para perderse por sus cientos de islas

      Saludos!

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  2. Increible Alvaro cuando cruzasteis de una isla a otra por el coral .. si que le echasteis eggs

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    1. Uff, esta guay contarlo pero en su momento lo pasamos un poco mal. Es una aventura que pasamos que nunca olvidaremos jeje, saludos!!

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