29 de abril de 2014

Eslovenia: Bled, la joya eslovena



Bled se presenta como la joya de la corona en Eslovenia, un lugar que todo el mundo que viene a Eslovenia no se quiere perder. Algo así había que ir a verlo y nuestra impaciencia nos hizo ir directamente desde Maribor dejando a la capital Liubliana para el final de nuestro viaje por el país.
Alquilamos un coche por internet por 6 días la tarde anterior de ir a recogerlo, un buen coche a muy buen precio. Sobre todo lo queríamos para movernos fácilmente por los Alpes Julianos, las cuevas y demás puntos importantes que se encuentran desperdigados y de no fácil acceso público a no ser que se haga con excursiones desde Bled o Liubliana.


Las carreteras de Eslovenia son una delicia, con el vignette que pagamos extra con el alquiler del coche pudimos pasar los peajes sin problemas, sin tener que parar. El vingette es una pegatina en el coche que se paga por conducir en las autovías de Eslovenia, todo el mundo que entra de fuera a este país debe de pagar. Debe de ser por eso mismo que las carreteras están tan bien.

En el fondo se puede ver el Triglav, el pico más alto
Llegando a Bled tuvimos vistas espectaculares de los Alpes Julianos desde el coche, solo por eso ya merece la pena ir. Para un amante de las montañas como yo no hay otro paisaje que disfrute más.

Paisaje impresionante de los Alpes Julianos
Antes de llegar a Bled hicimos una breve parada en un pequeña ciudad llamada Radovljivica, pequeña pero bien merece una parada. Su calle principal está llena de edificios bonitos y de buenos restaurantes. Estuvimos por la preciosa plaza de Linhartov Trg, rodeada de casas del siglo XVI.  Desde esta ciudad también se tienen vistas a los alpes y al monte Triglav. El Triglav es el emblema del país,tanto que sale hasta en el escudo de la bandera eslovena, estamos hablando del techo de Eslovenia al que teníamos la intención de subir después de ver Bled. Fue una visita corta, compramos en un supermercado  para comer (el omnipresente Mercator) y seguimos los 7km que faltaban hasta llegar a Bled.

Calle de Radovljivica

Radovljivica
Casas engalanadas con flores en Radovljivica
Paisaje desde el mirador en Radovljivica


Casi en Bled

Bled

Dimos unas cuantas vueltas por Bled para ver donde dejábamos el coche y para ver como llegábamos al hostal que teníamos reservado. Bled es una ciudad que está situada sobre una montaña y no es nada fácil conducir por ella, las calles son muy estrechas y son cuestas muy pronunciadas. Encontramos el parking de un estadio de fútbol en la periferia donde se podía aparcar gratis y andamos hasta el hostal, menos mal porque dentro de la ciudad se suele pagar para aparcar en la calle las 24h.

El precio del hostal fue 10€ por persona y cama en un dormitorio compartido, hay que tener en cuenta de que estábamos en temporada baja cuando los precios bajan mucho. El hostal se encontraba lleno de australianos, ingleses y americanos jóvenes, un mix peligroso si hay cervezas de por medio, el ambiente era algo demasiado fiestero. Nosotros somos algo más tranquilones y nos fue difícil descansar, pero es a lo que te arriesgas siempre con los hostales, siempre puede pasar, no todas las experiencias son buenas como nos pasó en Viena.

Bled es una ciudad con unos 11.000 habitantes que se encuentra en la región de Grojenska. Se trata de la ciudad más turística de Eslovenia teniendo así el turismo como una de las principales fuente de ingresos. Su lago glaciar con una isla en medio donde hay una iglesia es lo que más atrae a los turistas.

Dejamos nuestras pertenencias y nos fuimos a visitar Bled, teníamos toda la tarde para ello. Primero subimos cuesta arriba al castillo de Bled pasando de camino por la iglesia de San Martin. Para subir al castillo de Bled hay que sudar y con el tiempo tan bueno y caluroso que hacia aún más. La situación del castillo subido en una roca es asombrosa, es uno de los puntos fuertes de la ciudad, nos dejó una estampa preciosa. Abajo desde el lago quizás se aprecia mejor.
Los 8€ que costaba entrar el castillo nos lo ahorramos y subimos por detrás de este por un escondido camino de tierra que llega por una parte cerrada del castillo pero de donde se tienen unas maravillosas vistas al lago y a la isla de Bled, seguramente las mismas vistas que se tienen desde dentro del castillo. Lo malo fue la contraluz que fastidió nuestras fotos.

Castillo de Bled
Vistas al lago desde el castillo
Vistas desde el castillo

En sus inicios, Bled, fue una ciudad despreciada por los romanos al estar fuera de la ruta comercial. Los eslavos fueron llegando a este lugar allá por el siglo VII. Cuando se cumplió el primer milenio, Enrique II regaló el castillo y sus tierras a los obispos de Brixen quienes controlaron la ciudad hasta inicios de siglo XIX cuando llegaron los Habsburgo al poder. Con la disolución de los Habsburgo por el año 1918 la ciudad pasó a manos del reino de Yugoslavia y fue hogar de veraneo de gente importante como el líder yugoslavo Tito o los Karađorđević

Bajamos desde castillo hacia el lago y le dimos la vuelta entera a éste en sentido de las agujas del reloj, un paso con vistas directas a la isla del lago de color verdiazul. El “paseo” es de 6km, lo recomiendo hacer en bici pero para ahorrar dinero y disfrutarlo más preferimos hacerlo a pie. Pudimos sacar fotos de la isla desde todas las perspectivas, no tiene desperdicio, es un lugar mágico. Hacia tan buen tiempo que la gente se estaba bañando en el lago y eso que ya estábamos en octubre.

Gente bañandose en el frió lago Bled
Isla de Bled
Panorámica del lago
Góndola que te lleva a la isla con el castillo de fondo
El placer de viajar en barco


Una de las cosas típicas que hacer es la de ir a visitar la isla del lago y su famosa iglesia. Una opción para viajar a la isla es el góndola (pletna), una embarcación a la veneciana con el que das un agradable paseo hasta llegar a la isla, es toda una experiencia. También está la opción de alquilar una barca a remo a 15 € la hora para ir a donde quieras.Ya en la isla lo que se puede visitar es la iglesia y un pequeño museo.


Nuestro viaje por los Balcanes estaría vinculado con este medio de trasporte, sobre todo cuando llegáramos a la costa Dálmata de Croacia a la que teníamos muchas ganas. Éste en Bled, aunque en menor medida, sería nuestro primer test. Uno de nuestros destinos en Eslovenia sería Piran, la ciudad de veraneo de los eslovenos, una ciudad situada en el pequeño trozo de costa que posee Eslovenia y desde la que se puede llegar hasta Venecia en barco en poco tiempo, una tentación muy grande ya que aun no conocemos esta ciudad tan importante pero nos queríamos centrar solamente en los Balcanes, será para otra ocasión. A lo largo de la costa balcánica son numerosos los barcos que se pueden coger por el mediterráneo, sobre todo para llegar a Italia. Personalmente es un transporte que me encanta, como viajar en tren. En España mismo también tenemos muchas posibilidades para viajar en barco, pudiendo ir a países tan exóticos como Algeria, país al que le tengo echado el ojo desde hace tiempo. La magia del Mediterráneo.
 
Castillo de Bled desde abajo
Más perspectivas
Iglesia de la isla de Bled

El día fue pasando rápido al estar disfrutando tanto, uno de los lugares importantes de nuestro viaje estaba teniendo lugar y no podíamos haberlo pasado mejor. Cayendo la noche y tras descansar de todo el meneo que le metimos al cuerpo en el césped con vistas al lago, subimos arriba hacia el hostal donde nos haríamos la cena en la cocina. Una de las formas de ahorrar mucho mientras viajas es la de buscar un hostal o parecido con cocina, es un dineral el que se ahorra cocinando. Cenamos junto al mix de angloparlantes con los que hablamos un rato y nos pusimos a ver la tele que hay en el salón. Perrine se empezó a sentir mal, tanto que se tomo una pastilla y se fue directa a la cama, algo no le había sentado bien. Yo me encontraba bien…en ese momento, ya me acordaría de ello al día siguiente, habíamos comido lo mismo… sobreviviríamos?  Os lo cuento en el próximo post!



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