19 de julio de 2014

Croacia: Split, la ciudad del emperador Diocleciano

Protiron del Palacio Dioceclano
Salíamos una vez más con las mochilas a cuestas, una más de tantas que lo habíamos hecho en este último año, podemos decir que somos expertos en hacer y deshacer mochilas, la practica te hace experto, dijo aquel.
Nos desplazábamos de nuevo, siempre con esa ilusión de conocer lo desconocido, de sumar experiencias y de seguir explorando mundo que es al fin y al cabo a lo que habíamos venido. Esta vez le tocaba el turno a Split, segunda ciudad más grande de Croacia y principal ciudad de la costa dálmata.




Salíamos desde la isla de Pag hasta Zadar para desde allí coger otro autobús que conducía por la linea de costa croata hasta Split. Tuvimos esperas entre autobuses y el día casi lo pasamos de transporte. No importa, ahí a fuera tampoco es que se estuviera muy bien, llovía a mares. El paisaje, además, era para verlo desde primera fila desde un asiento, como si de un cine se tratara y si a eso le ponemos banda sonora desde el mp3 pues se disfruta incluso más. La Costa Dálmata es de cine, no me había esperado esto, ni en lo más lejos de mi imaginación. Lo de cine no lo digo por decirlo, la serie de "Juego de Tronos" hizo por aquí su segunda temporada, sobre todo por Dubrovnik. Es increíble la de cosas bonitas que tenemos en Europa tan cerca, a veces la ignorancia hace que nos vayamos a sitios muy lejanos cuando a lo mejor, lo que se busca, lo tienes a la vuelta de la esquina.




Tras el bonito y largo trayecto llegamos a la bulliciosa estación de autobuses de Split, donde al bajarnos, algunos que intentaban ofrecer su alojamiento, se peleaban para conseguir clientes. Eramos nosotros y algún guiri más, pocos para tanto ofrecimiento. Así nos lo ponen fácil, con tal de pedir precio y decir que vas a pedir información a otro es suficiente para conseguir un buen precio, al decir que vas a escuchar ofertas de otros enseguida te bajan el precio unas muchas preciadas kunas (moneda local) y trato hecho. Elegimos un apartamento en pleno centro de Split pero fuera de la ciudad vieja, una ubicación perfecta.

Nuestro anfitrión, agarró la mochila de Perrine y nos dijo que le siguiéramos. Difícil tarea cuando el hombre se cree el Fermin Cacho croata, nunca me costó tanto seguir a alguien. Una vez en el estudio, el buen hombre nos explicó todo con su limitado y gracioso inglés. Nos contó que en esa época tenían muy pocos clientes, la temporada baja hace mella en los que viven de esto, sin embargo, también nos contó que en verano es complicado encontrar alojamiento en Split porque esta todo muy, muy solicitado. Era un estudio ideal, con su cocina, su mini baño (podías estar sentado en el váter, lavarte los dientes y mojarte los pies en la ducha a la vez), televisión... mucho más de lo que necesitamos a un precio muy aceptable. Creo que ya lo dije pero por si acaso lo digo de nuevo: Que acierto viajar por aquí en temporada baja.


Era ya de noche, a estas alturas de octubre oscurecía cada día antes... Nos metimos de lleno en el casco antiguo. Precioso es lo primero que se me viene a la cabeza para describirlo e impresionante es lo bien que esta todo preservado, tanto, que te hace sentir como si estuvieras en la misma época romana, de primera mano nos pareció más especial que Zadar. Todo está perfectamente iluminado, ni mucho ni poco, lo suficiente para darle un toque llamativo. De estos monumentos y ruinas ya nos encargaríamos el día siguiente para saber de su historia. En la plaza principal, donde hay unos amplios escalones en los que sentarse, algún cantante tocaba su guitarra y daba un pequeño concierto al aire libre. Tiempo para sentarse y disfrutar de la música y las vistas, de vez en cuando pasaba un camarero ofreciendo bebidas, alguna cayó. 




Catedral de Split

Callejeamos por las calles del casco antiguo vacías por lo tarde que era, descubrimos que existen muchos patios entre edificios de piedra, al estilo más romano. Un sitio privilegiado para vivir.

Una casa de la ciudad amurallada

Trg Gaje Bulata
Aquella noche cocinaríamos la cena en el estudio, utilizamos el horno que teníamos para hacer patatas y calabaza al horno, hay que aprovechar cuando se dispone de algún lujo mientras se viaja, el horno lo era.


A la mañana siguiente nos dirigimos de nuevo al casco antiguo a descubrirlo en condiciones y con todo abierto. Empezamos entrando por la puerta norte para empezar desde allí el recorrido. Allí nos encontramos con una gran estatua de Gregorius of Nin, un obispo medieval croata que se opuso al mismo Papa implementando la lengua croata en la iglesia ya que el latín no era entendido por muchos. Fue un paso importante para la lengua croata y eslava en general y para el reino de Croacia que se hizo de esta manera más poderoso. Tocando el dedo gordo del pie de esta gigantesca estatua se dice que trae suerte, se puede comprobar por lo descolorido que está del manoseo. Aunque sean bobadas, siempre hay que tocar por si acaso, no?. He tocado tantas cosas que traen suerte viajando que ya me debería de haber tocado al menos 4 números de la lotería... no es suficiente.



 Georgius of Nin
Así lucía Split y su amurallado Palacio Diocleciano en la época de todo su esplendor
Desde la estatua de Nin entramos al Palacio Diocleciano por la atractiva Golden Gate hecha de columnas, arcos y estatuas para dar paso a las múltiples calles de estilo romano que hay en el interior de la ciudad vieja (Palacio Diocleciano). El nombre se lo debe al antiguo emperador romano de nombre Diocleciano allá por el siglo 4 después de cristo, casi nada. El palacio fue nombrado patrimonio mundial de la UNESCO ya en los años 70 y su imagen sale en la parte trasera del billete de 500 kunas. Solo son ejemplos de la importancia de este lugar.


Nos parecía buena idea visitar un museo en Split, queríamos conocer más de la historia que nos llamaba a través de sus edificios y monumentos. Para ello paramos en el Museo de la ciudad, un museo con múltiples ejemplos de piezas de la edad romana y donde te explican un poco sobre la historia de Split, no tiene desperdicio.



Seguimos hasta la parte más espectacular, donde se encuentran los edificios más llamativos como es el templo de Jupiter, el magnifico Protiron que es la entrada del distrito imperial, o también el edificio que se ve desde casi toda la ciudad, la catedral de St Domnius a la que pudimos subir a su torre por sus largas escaleras tras pagar una pequeña entrada. Las vistas desde ahí arriba son espectaculares y merece la pena el esfuerzo para llegar hasta allí, el problema es la cantidad de gente que piensa lo mismo, las escaleras son estrechas y es difícil adelantar con la gente que va bajando. Pudimos ver toda Split y el Mar Adriático con sus barcos entrando y saliendo hacia sus innumerables islas. 


Entrando por el Portiron llegas a una zona subterránea con un mercadillo algo caro, el lugar es conocido como el vestíbulo y presume de tener una gran acústica, de hecho, en este lugar se realizan conciertos debido a ello. Siguiendo hacia adelante aun por debajo del suelo se llega al sótano donde el emperador Diocleciano, preso de su paranoia, dormía cada noche en una habitación diferente evitando así el posible asesinato, también utilizaba la acústica para oír si venia alguien, pudiéndose así preparar para una posible incursión.


Vistas desde la catedral a Split

Crucero que llena de turistas la ciudad
Split bajo la lluvia
Plaza de la ciudad Diocleciana
Banderas croatas en las calles


Split es uno de los puertos de donde salen una gran mayoría de barcos (ferries y catamarans) públicos hacia sus islas. La compañía más importante para ello es Jadrolinija, que en temporada baja disminuye el número de barcos. Fuimos allí a informarnos en las puestecillos que tienen, nos informamos sobre los barcos que salían a la isla de Brac, los horarios no eran los mejores, lo ideal sería salir por la mañana y volver por la tarde-noche pero no era así, nos la tuvimos que ingeniar para hacerlo de la mejor forma posible. No ayudaba mucho para ver las islas como queríamos pero pudimos hacerlo planeandolo bien. Al día siguiente saldríamos hacia Brac haciendo ida y vuelta. Al siguiente día si saldríamos con las mochilas dirección Isla de Hvar, buscaríamos antes información de como estaba la cosa de hoteles a través de internet ya que es un lugar bastante turístico y suele ser más caro, se la conoce como la isla de los famosos.

Vistas desde la catedral donde pudimos ver el puerto
Cuando volvíamos del puerto al centro empezó a llover muy fuerte con mucho viento. Andar así por sus calles estrechas de la ciudad amurallada era difícil ya que caían muchos chorros de agua y nos mojabamos mucho, aún así vimos otras plazas que teníamos pendiente de ver. Fuera de la ciudad amurallada también tiene cosas interesantes como su bonito, nuevo y largo paseo marítimo lleno de bare y restaurantes, la típica calle de las tiendas Marmontova que desemboca arriba con la plaza (trg) Gaje Bulata que está cerca también de la bonita y grande plaza de la República por donde teníamos nuestro estudio. Volvimos a él asqueados de tanta lluvia, así no se podía.

Estatuas colgando de un edificio en la calle marmontova
A la mañana siguiente al tener tiempo antes de que saliera el barco hacia la isla de Brac decidimos ir a subir el monte Marjan, el pulmón de la ciudad. Un monte no muy alto al que se puede subir a través de unas largas y casi interminables escaleras que empiezan desde el mismo paseo marítimo. Por él existen diferentes rutas, miradores y iglesias ancestrales. La siguiente foto está tomada desde un mirador de Marjan. No fuimos muy lejos porque teníamos que volver para coger el barco pero fue una buena escapada de la ciudad para sentir de nuevo un poco de naturaleza y hacer algo de deporte.

Puerto al que iríamos después desde Marjan

Vistas desde el mirador de Marjan





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