7 de septiembre de 2014

Bosnia y Herzegovina: Mostar, cicatrices de una guerra


Nuevo país, nuevas sensaciones. Ya sea lo parecido que sea, sabiendo que cruzas una frontera, el chip en la cabeza se activa y te empiezas a fijar en las diferencias con el país anterior con mucha atención, a veces la diferencia es evidente, otras veces no tanta. La excitación se dispara por las nubes al entrar a un nuevo país, una sensación maravillosa. 

Bosnia y Herzegovina podemos decir que tiene muchas similitudes con Croacia, por ejemplo, pero también muchas diferencias que hay que saber apreciar. Las matriculas de los coches, la calidad de la carretera, la limpieza de las calles, el escaso inglés de sus ciudadanos, las mezquitas que empezaban a aparecer...son detalles que desde el principio empezamos a diferenciar.

Para pasar la frontera no fue gran problema, íbamos en un bus algo más antiguo de lo que estábamos acostumbrados últimamente y simplemente enseñando el pasaporte nos dejaron pasar sin ningún pero. Hay que tener en cuenta de que la ruta Dubrovnik - Mostar es bastante utilizada por turistas ya que hay muchos autobuses turísticos que van y vuelven entre las dos ciudades.

Bandera de Bosnia y Herzegovina

Mostar es una ciudad situada en Herzegovina  y es capital de la región que está al sur del país. En el norte se encuentra Bosnia con Sarajevo como capital de la región y del país en conjunto.

Ya entrando a la ciudad podíamos comprobar la cantidad de edificios tiroteados y en ruinas que quedan de la guerra, algo que me hacia pensar en todo lo que la gente de mi generación ha pasado por aquí. Cicatrices que no se pueden borrar.

Paredes tiroteadas de Mostar
En la estación de autobuses ya no se agolpaba la gente para ofrecernos un alojamiento, esta vez solo había una señora sonriente así que las opciones se reducían a una, por suerte nos daba un buen precio (16€ para lo dos) y la posibilidad de convivir con una familia local.

Toca la ropa blanca
Lo primero que fuimos a hacer fue ir más al centro a cambiar dinero, pasábamos de las kunas croatas a los marcos bosnioherzegovinos, mola utilizar valutas diferentes pero se hace confuso, esta vez era fácil de calcular ya que un € son prácticamente 2 marcos. No entiendo el porqué pero la mujer que nos cambió el dinero tuvo que apuntar cada número de cada billete en su ordenador con lo que estuvimos esperando un buen rato, nunca nos ocurrió algo parecido

Con dinero fresco fuimos a gastar nuestros primeros marcos en un restaurante barato, unas salchichas bosnias con cebolla  cruda y un bollo como el de los cevapcicis, al más estilo carnívoro, como hace la mayoría de locales, les encanta la carne. Ahora estabamos preparados para empezar a conocer la ciudad.

Marcos bosniosherzegovinos
Lista de precios de donde fuimos a comer
Nos adentramos al centro de la ciudad donde todo se volvía más cuidado y bonito. Pudimos comprobar que nos encontrábamos en un país de mayoría musulmana al ver sus múltiples mezquitas y letras árabes por todos sitios. La influencia otomana es muy grande en Bosnia y Herzegovina haciéndola diferente de los demás países de la ex-Yugoslavia.



Una puerta por el bazar turco

Preciosos detalles árabes
Entramos al recinto donde se encuentra la mezquita Koski Mehmed Pasha, donde por sorpresa, el chico que vigilaba la mezquita nos dio la oportunidad de visitarla por dentro, fue algo muy especial para nosotros, nunca antes habíamos visto el interior de una mezquita y nos resultó algo de lo más interesante poder observar los detalles donde los rezos toman lugar a diario.

Ya lo habíamos intentado en Marruecos sin mucho éxito, parece que aquí no hay problema para hacerlo. Toda una experiencia el haber podido verla por dentro, además, nos dejó subir a lo alto de la descuidada y sucia minaret donde las vistas a la ciudad, las montañas  de alrededor y al famoso puente Stari Most son espectaculares.

Saliendo de la mezquita seguimos hasta su bonito bazar turco Kujundziluk , muy buen cuidado y animado, todo un placer pasear a través de él. Se pueden encontrar todos los souvenirs que se quieran además de ropa, artilugios típicos bosnioherzegovinos o beberte un café turco o un dulce de esos tan buenos.

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El bazar es el lugar más concurrido de los turistas procedentes de Dubrovnik o Sarajevo. También se encuentra en las inmediaciones del puente, puente que se puede ver en cada postal o foto de Mostar. Pasamos además por Karadjoz-bey que es digamos la mezquita más grande y céntrica de Mostar, con un exterior muy cuidado y detallado que visitaríamos a la vuelta a casa.

Mezquita Karadjoz-bey

La terrible historia del puente de Mostar

Justo antes de poder pasar por el puente nos encontramos con una tienda de libros donde ponían un documental sobre el puente y la guerra. El documental que estuvimos viendo un rato allí de pie me dejó con el cuerpo cortado y un nudo en la garganta, las imágenes eran terribles, ahora entendía la importancia simbólica del puente, el valor de este está más que justificado. Reinaugurado y nombrado patrimonio de la humanidad en el año 2005 siempre, fue símbolo de la época otomana en el país, puente que fue destruido durante el conflicto yugoslavo un 9 de noviembre del año 1993. 


Con el fin de la guerra, se iniciaron los planes de obras de reconstrucción de puente, vital para la ciudad y su paso sobre el río Neretva. En 2005 se inauguró el nuevo puente en un día que en Mostar se vivió una gran fiesta que quedará para la historia. Aunque el puente fue destruido, las dos partes de la ciudad estaban todavía unidas por un puente provisional creado por los soldados españoles que estaban destinados en Bosnia, los soldados no solo están para la guerra sino que también se hacen gestos tan bonitos como este para ayudar a la ciudad.

Mostar sufrió en sus calles la guerra entre el año 1992 y 1995, atacado por los croatas en la famosa guerra yugoslava a la vez que por Serbios. Me extenderé en este conflicto en el próximo post donde hablaré sobre nuestra experiencia por Sarajevo,bque fue la ciudad que más sufrió la guerra en todos los Balcanes. Aunque sea la parte más oscura de la historia bosnia, es vital para entender lo que es hoy en día el país.

Stari Most, el puente de la terrible historia de Mostar
Cruzando el puente de Mostar
Desde el puente, al estar elevado, las vistas sobre Mostar también son dignas de fotos. Con el cuerpo cortado con esta historia que desconocía de Mostar seguimos por el bazar que se extiende por la otra parte del río. 

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Visitamos otras mezquitas como la Vucjakovica dzamiya por esta parte de la ciudad donde también pudimos entrar. Las mezquitas en su interior tienen su encanto y cada rincón es una caja de sorpresas ya sea por sus decorados, escritos árabes o por los objetos que te encuentras, este Kuran relucía a metros de distancia.

Corán en el interior de la mezquita
Avanzando por Mostar, la sensación mala que me dejó el documental solo fue empeorando, ver todos esos edificios llenos de balazos y otros edificios que se caían a pedazos daban bastante grima, estas imágenes no deberían de servir como atrayente turístico pero si es algo que choca y que forma parte de la ciudad, os guste o no, ahí dejo algunas fotos.

Tiros por cada rincón de Mostar

Edificios medio en ruinas
Edificios totalmente en ruinas en una de las calles principales


Siguiendo con la visita fuimos a ver la iglesia franciscana y su catedral, relucientes y modernas que chocan un poco con el paisaje de Mostar pero que a la vez le da un toque de frescor necesario. Su plaza de España hizo que me sintiera un poco más en casa.

Iglesia y mezquita se unen en un mismo paisaje
Uno de los lugares que me gustaron de Mostar fue el poder entrar a una casa típica otomana, con el imperio otomano fueron muchas las casas que se construyeron de este estilo y son muchas las que actualmente perduran, esta que visitamos es como un pequeño museo, una casa modelo de como vivían los otomanos en aquella época, una visita de lo más curiosa.

Que por qué en francés y alemán? Ni idea
Metiendonos en el papel en el interior de la casa otomana
Casa otomana




Tras cenar por en centro y ver Mostar en la oscuridad volvimos a nuestro alojamiento donde todavía no habíamos aparecido, allí se encontraban dos alemanes jóvenes viajeros con los que compartimos experiencias viajeras por los balcanes y aprendimos con las señoras de la casa costumbres del país y platos típicos ya que las pillamos cocinando. Aunque habíamos cenado, pudimos probar algo mas de comida que nos ofrecieron. El día en  Mostar fue intenso y suficiente, es una ciudad manejable y pequeña en la que en un día se puede ver lo más significativo. Al día siguiente cogeríamos un tren que costaba más barato que el autobús que nos llevaría hasta la capital del país, la eterna Sarajevo.





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Os dejo con #POSTAMIGO de otros blogs sobre Mostar:


Imanesdeviajes : El puente de Mostar, símbolo de unión entre dos culturas  


ViajesdePumuki : Escapada a Mostar