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20 de octubre de 2014

Montenegro: Podgorica, sacando sus mejores cartas


Salimos muy temprano desde Durmitor, a eso de las 7 y media de la mañana ya estábamos subidos al minibus dirección Pogdorica -pronunciado Podgoritsa-, la capital de Montenegro. Más que nada íbamos a la capital para tomarla de base de operaciones, alquilando allí un coche para darnos una vuelta por este pequeño país, no hay forma más efectiva y rápida que tener tu propio coche. Ya lo hicimos en Eslovenia en este viaje y lo volveríamos a repetir en Montenegro, nos salia realmente barato, casi como ir en transporte público.

Para que engañarnos, no nos esperábamos mucho nada de Pogdorica, más que nada, por los comentarios de la gente que nos íbamos encontrando por los hostales que venían de allí y de la apenas y casi siempre negativa información que existe por internet sobre esta ciudad. A nosotros siempre nos gusta visitar las capitales de los países, aunque no tengan buena fama, nos gusta explorar con nuestros ojos y sacar nuestras propias conclusiones, Pogdorica no iba a ser diferente.

Edificios con la bandera montenegrina
Encontramos el hostal fácilmente con nuestro gps del móvil. Un buen y tranquilo hostal, como un apartamento creado para backpackers con habitaciones compartidas. En lugares como estos siempre te encuentras con grandes viajeros, esos que no les importa que el lugar sea turístico o no y que se mueve por sensaciones. Coincidimos con un francés que conocía medio mundo y que disfrutaba de unos días de tranquilidad en Pogdorica.

Con un mapa-cutre que nos dieron en el hostal nos pudimos mover por la ciudad, una ciudad que está rodeada de montañas, cosa que me gustó. Ya solo con eso tenía un punto a favor.
Nos movimos por el centro donde el ambiente joven se hace de notar sobre todo por la parte donde hay muchos bares llenos de estos, para otra cosa quizás no pero para ir de bares y restaurantes está muy bien.

Los motañosos alrededores de Podgorica
Sorprendente modernidad en algunos los edificios 
Conocimos su mezquita donde nos paró un marroquí y que empezó a hablarnos. No nos transmitía mucha confianza (no porque sea marroquí) y se le notaba mirar a nuestras pertenencias así que hablamos con él pero con un ojo de más. Nos contó que había llegado hasta Montenegro ilegalmente a través de Turquía, burlando a las autoridades de las fronteras, el cómo... quien sabe. Cerca se encontraba también la torre del reloj, uno de las escasas cosas que ver en la ciudad y del que no merece ni que ponga una foto.

Cruzamos el río de bonito color por su nuevo y moderno puente peatonal (Puente de Moscú) para llegar a la otra parte de la ciudad con vistas a su otro llamativo puente milenio
Veníamos hasta aquí sobre todo para ver su catedral ortodoxa. Cuando la vimos tuvimos que soltar un "wow", fue totalmente inesperado ver esta maravillosa catedral cristiana ortodoxa, nueva y reluciente a lo lejos. A su lado había como un pequeño parque temático.

El río que parte la ciudad en dos

Cuanto más nos acercábamos a la catedral más bonita nos parecía, sobre todo por sus detalles. Su nombre es la Catedral ortodoxa de la Resurrección de Cristo - Саборни Храм Христовог Васкрсења - Pocas veces había visto una catedral tan bonita, me resultó más impresionante que la Sava de Belgrado y eso era complicado de superar, fue sobre todo por el detalle de su fachada que la hace aún más especial. Se trata de una catedral muy nueva de estilo bizantino ortodoxo

Detalles por el alrededor de la catedral
Fachada de la catedral


Su interior era aún más espectacular y es lo que se lleva la palma, un interior impoluto y muy lleno de color. Era difícil saber hacia donde mirar y cada una de sus imágenes merecía su atención, como la siguiente que podéis ver de la mano, me encantó.




Techo de la catedral

Pudimos ver también como rezan los cristianos ortodoxos, siempre besando la imagen que hay en el centro y besando la puerta de entrada al salir intentando no dar al espalda, la de resfriados que se tienen que contagiar por aquí... :) Cada religión con sus tradiciones que siempre me resultan curiosas.

Caminando y caminando llegamos hasta la parte más nueva de la ciudad. Nos sorprendió la cantidad de edificios modernos y grandes que tiene Podgorica, sobre todo por la Roman Square, nos hacía sentir en una de esas ciudades asiáticas. También descubrimos algunas estatuas muy grandes y llamativas.


El tipîco sacerdote ortodoxo

Para terminar con nuestro día y tras comer por uno de los muchos bares de la ciudad nos fuimos a un parque en las alturas para ver Podgorica a vista de pájaro. Las vistas no nos decepcionaron y el paseo hacia arriba mereció la pena, nos encontramos con mucha gente haciendo deporte por este parque, se respiraba mucha tranquilidad.


Podgorica
Vistas desde las alturas de Podgorica
Reservamos nuestro coche online por rentalcars que nos salía tirado de precio y lo recogeríamos al día siguiente para ir de ruta por el país. Ruta que podré en el próximo post del viaje, atentos, porque fue una ruta de lo más completa y sorprendente, todavía faltaba lo mejor.

Si me preguntaran si merece la pena visitar esta ciudad mi respuesta seria que no perdiesen el tiempo y que fueran directamente a su preciosa Catedral ortodoxa de la Resurrección de Cristo, sobre todo para ver su interior, es sin duda uno de los highlights del país y merece mucho ir a verla, a parte de eso... poco más, el país esconde otras muchas maravillas que tienen preferencia.





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