8 de junio de 2015

Turquía: Estambul, colofón a un gran viaje por los Balcanes (1/2)


Empezamos el viaje hace dos meses en la capital del imperio austrohúngaro y lo acabaríamos en la de su gran enemigo de la época, la capital del imperio Otomano. No solo eso, Estambul ha pasado por la historia con nombres como Bizancio o Constantinopla, nombres que se escriben con mayúsculas en los libros de la historia de nuestro planeta. Durante todos los artículos sobre este viaje muchas han sido las referencias sobre estos dos imperios, no porque me guste la historia (que también) si no por la influencia y patrimonio que han ido dejando a su paso de idas y venidas por la península y que comprobamos con nuestros propios ojos. 



Los Balcanes es una gran mezcla de culturas y una de las más importantes es la otomana... la turca. Llegamos a Turquía conociendo muchos platos típicos turcos, visto mezquitas que bien podrían ser de Ankara -por poner un ejemplo- o aprendido historia turca sin haber pisado el país. No podíamos terminar mejor el viaje que acabando aquí, en Estambul, una de las ciudades más fascinantes del mundo y el colofón ideal para nuestro viaje. Teníamos claro que debíamos dedicarle tiempo suficiente para conocer la ciudad, es tanto lo que ofrece que se necesitarían meses para verlo todo con calma. 5 días nos parecían ideales para conocer lo mejor de ella, lo esencial, lo que nadie debería de perderse en una visita a la capital turca.

Extensión del imperio otomano

Para llegar hasta Estambul cogeríamos un autobús nocturno en la estación de autobuses de Sofía, una ciudad en la que pasamos un par de días. Era ideal ya que nos ahorrábamos una noche de hotel. Fue un viaje tranquilo y cómodo rodeados mayormente por turcos, en el autobús había hasta servicio de comidas lo cual nos pilló por sorpresa. La tranquilidad se rompió una vez que llegamos a la frontera entre Bulgaria y Turquía. Fuimos los únicos que tuvimos que pasar por caja, parecía que el oficial de aduana no esperaba ninguna visita a estas horas. Era algo así como las 2 o 3 de la madrugada y el oficial dormía a pierna suelta en la caseta donde se pagaba el visado. Con la ayuda de uno de los ayudantes del autobús conseguimos despertarlo y pagar lo que nos tocaba con un mal humor del oficial que no podía con él, el pago lo teníamos que hacer en efectivo en € que era lo que teníamos en esos momentos además de algunos levs búlgaros que guardaríamos de recuerdo. Cosas que pasan viajando de esta forma...


Continuamos por la carretera ya en territorio turco pasando por Edirne y llegando más tarde a la ciudad de Estambul, o al menos eso era lo que creíamos. El autobús nos dejaba en las afueras de Estambul sin tener ni la más mínima idea de donde nos encontrábamos, eran las 4 de la mañana y no sabíamos que hacer. Por suerte encontramos cerca una estación de tren tras dar algunas vueltas en plena oscuridad. Con la ayuda de algunas personas locas que había despiertas a esas horas (ya habían bares y tiendas abiertas!!!???) pudimos comprar nuestro billete de un tren de cercanías que nos dejaba en una estación central de Estambul o no tan central como pensábamos, nuestro hotel que reservamos con antelación (nos dimos un pequeño lujo para cerrar el viaje) se encuentra en el barrio de Sultanahmed, por así decirlo, el barrio más turístico e importante de Estambul. Decidimos llegar andando con el gps del móvil durante media hora o más cargando con las mochilas, un camino que nos llevó por la larga calle Turgut Özal Millet pasando por alguna mezquita gigantesca que nos avisaba de lo que nos esperaba por ver. Por las calles empinadas del barrio Sultanahmed la ciudad despertaba. La gente empezaba a abrir los negocios y se veía movimiento de los mercaderes que transportaban los portes en carrozas y cabezas. El olor a pan y café nos despertó el apetito así que buscamos un lugar en el que desayunar antes de llegar al hotel que lo teníamos a escasos metros. 

Era un pequeño 'bar' local donde preparaban desayunos típicos, aunque ya nos sonara de haberlo comido por los Balcanes. El dueño era un tipo muy simpático, sería nuestro bar para los desayunos desde aquel momento. Era muy barato, no turístico, estaba riquísimo y era gente simpática, a la primera dimos en el clavo. Es uno de esos lugares a los que acabas cogiendo cariño. Mientras desayunábamos con el amanecer con en unas mini-sillas y mini-mesas fuera del bar en una cuesta muy empinada dejábamos avanzar la aguja del reloj para llegar a una hora más decente a nuestro hotel. 

Nuestro desayuno
Buenos días Estambul
Aún así, decidimos ir al hotel a eso de las 8 de la mañana, al llegar y tocar la puerta varias veces parecía no haber nadie o lo que temíamos: aún dormían. A los pocos minutos nos abrió un hombre con cara de dormido y vimos de reojo como en el interior de la casa -que se encontraba al lado del hotel- había colchones en el suelo donde dormían algunos más, les habíamos despertado, ups. El que nos abrió se reincorporó y se limitó a llevarnos a nuestra buena habitación donde caímos rendidos  en la cama, nos sentíamos como un día que habíamos salido de fiesta y llegáramos a casa por la mañana, estábamos muy cansados.
Cuando abrimos los ojos hasta nos asustamos, las horas habían pasado y la sensación que teníamos eran de haber pasado algunos segundos, era un descanso que necesitábamos para ser humanos y poder visitar Estambul con todos los sentidos al máximo.

El hotel se encuentra muy céntrico pero a la vez aparte del ajetreo turístico en una entrecalle relativamente solitaria. Solo teníamos que subir unas calles muy empinadas para llegar a todo el meollo de Sultanahmed. Una de las entradas al gran bazar nos recibía a rebozar de gente. El ambiente en Estambul se hacia notar, toda una locura por la que era difícil avanzar unos metros sin pisar los talones de alguien. Una vez en el bazar al cual se entran por unas bonitas puertas, eres carne de cañón. Los vendedores empiezan a vender todo lo que pueden llamándote por todas las esquinas del bazar. Es una zona típica de compras de los turistas y se vende mucho, así que más que una lucha para vendernos algo es una lucha contra su competencia de los otros puestos. El mercado está todo cubierto y es un lío de callejuelas que se dividen por diferentes tipos de productos. sim embargo, está todo muy bien ordenado. Uno de los rincones que hay que ver por su espectacularidad es la de la zona de las lámparas. Los puestos con estas lámparas típicas turcas están llenas de ellas decorando toda la calle con cientos de lámparas encendidas, una estampa preciosa.



Otro de los lugares que siempre he querido ver en Turquía son sus típicos puestos de kebabs (de procedencia confusa) que tanto se relacionan con los turcos y como no, degustarlos...delicioso!

Los de atrás se partían conmigo


Mezquita Azul y el Hipódromo


Salimos del mercado y nos dirigimos a la parte más turística de toda Estambul donde se recogen dos de los monumentos más sonados. La Mezquita Azul y la iglesia museo Santa Sofia que están separados por una zona verde. La Mezquita Azul es bonita mires por donde la mires e impresiona en todo sus aspectos. Ya sea de lejos, de cerca o dentro de ella. Cuando se acerca la hora del rezo se encargan de echar a los turistas que andan dentro, como nos ocurrió a nosotros que tras quedarnos embobados mirando el precioso techo (primera foto del post) vinieron a darnos puerta. La entrada es gratuita y te tienes que quitar el calzado para entrar a ella. Fuera pero dentro del recinto es un buen lugar para sacar fotos y sentarte un rato para admirarla y disfrutarla, también para observar a los turistas de cada rincón del mundo, me gusta curiosear como se comportan ante tal monumento. Adyacente a la mezquita se encuentra el antiguo hipódromo que hoy en día es una plaza renovada con algún monumento salpicado, rodeado de bonitos edificios bien cuidados. En esta plaza pudimos ver el Obelisco of III Tutmosis con jeroglíficos egipcios o la Columna Serpentina que es uno de los monumentos más antiguos que hay en la ciudad y que fue traído al hipódromo por Constantino el Grande.

Tiempo otoñal en los aledaños de la mezquita


Mezquita azul con mujeres musulmanas
Mezquita azul desde dentro del recinto


Hagia Sofia


Al otro lado de la plaza se ve de lejos el imponente Hagia Sofia, un museo iglesia patrimonio mundial de la UNESCO. Obra de arte  que originalmente se creo como catedral ortodoxa cuando esta ciudad era Constantinopla pasando por iglesia cristiana durante una breve época en el paso de las Cruzadas. Mas tarde pasaría a manos de los otomanos que la convirtieron en mezquita durante 5 siglos (de ahí el aspecto actual). Desde 1936 este edificio se ha convertido en un museo que atrae a millones de turistas cada año, haciendo de ella uno de los mayores atractivos de toda Turquía.

Durante nuestra visita nos encontramos con cientos de turistas por todos sitios, no había descanso alguno. Tras pagar la entrada al museo fuimos visitando cada una de sus partes con un pequeño mapa que nos facilitaron. Se puede estar mucho tiempo dentro. Lo que más nos sorprendió fue la nave principal con su inmensa cúpula con su hermosa decoración. 

Hagia Sofia
Gatos calentandose en el Hagia Sofia

Interior del Hagia Sofia
El resto del día lo dedicamos a darnos una vuelta por el barrio de Sultanahmed visitando un poco de sus mercados y disfrutando del ambientazo de sus calles. A mun habiendo dormido una siesta estábamos cansados, fue un día raro y lo acabamos pagando. Nos pegamos un duchazo hotel y dormimos como niños chicos en nuestro buen hotel.


Cisterna Basilica


El día siguiente fue otro cantar. Un perfecto día soleado nos daba los buenos días. Tras un buen desayuno en nuestro lugar del día anterior fuimos de nuevo a la plaza principal de Sultanahmed donde nos quedó algo en el tintero el día interior.

Vinimos de nuevo para ir a un lugar bajo la superficie de la ciudad, la Cisterna Basílica (Palacio sumergido) muy cerca del museo Hagia Sofia.
Fue construido bajo el mandato bizantino en el 532 por el emperador Justiniano I. La cisterna proveía agua al palacio de Constantinopla y más tarde al palacio otomano de Topkani. 
El techo está soportado por 336 columnas de mármol de las que algunas bien merece la pena un vistazo. La más famosa de todas es la columna de Medusa (mitología griega) Con la cabeza de Medusa al revés como base de la columna. Se dice que fue extraída y puesta aquí de algún edificio de la última época romana.
Nos pareció un lugar muy agradable y tranquilo para visitar, vinimos bien temprano cuando aún se estaba tranquilo antes de la llegada de las masas de turistas. 


Columna de Medusa
Mezquita Azul

Gente animando en el maratón

Fuera vimos que se estaba celebrando el maratón de Estambul. Había muchos caminos cortados que estaban reservados para los corredores con lo que tuvimos que dar más vueltas de lo normal. Tuvieron mucha suerte con el tiempo primaveral que les tocó aquel día.




Palacio Topkapi


No muy lejos de donde nos encontrábamos está el Palacio Topkapi -Palacio de las puertas de los cañones- creación en su mayoría por el sultán Mehmed II "el conquistador" que creo el palacio al conquistar Constantinopla en 1443. La mayor joya de la historia otomana de la época imperial que hoy en día se puede ir a visitar y echar casi un día entero en él. Un consejo, venid temprano para evitar a los grandes grupos de viaje como los cruceristas, lo agradeceréis. Este palacio es uno de los lugares obligatorios de visitar en Estambul, no puedes salir de esta ciudad sin haberlo visitado.

En las afueras del Palacio
Son varias las zonas de patios que se puede visitar dentro de él:
Entrando por la bonita "Puerta Imperial" que fue creada por el sultán Mehmed II dónde varios militares armados vigilan la entrada entras a la extensa zona que conforma el conjunto del palacio. Desde ahí veras otra gigantesca y bonita puerta llamada "Puerta de la Acogida" con dos grandes torres octogonales y en la misma zona podrás visitar la iglesia Santa Irene (la más antigua de Estambul) y sus bonitos jardines. En la derecha de la entrada se compran los tickets que cuestan unas 25 liras (2014).

Sultán Mehmed II, artifice de gran parte de la creación del palacio
Palacio Topkapi. Fuente: http://es.slideshare.net/adameva/topkapi-2010-1-marta


Torre de la Acogida
Me encanta ver árabe escrito
Las vistas desde el palacio son preciosas sobre el Bósforo y la parte donde se encuentra la reconocible torre Galata, es uno de los atractivos de estar en esta zona alta del palacio, se puede observar gran parte de Estambul. 

Vistas desde el palacio
Vistas desde el palacio hacia la otra parte del puente
En la zona privada del sultán se pueden visitar lugares como el Pabellón de la Circunsición que destaca por sus llamativos azulejos o el Pabellón de la Capa Sagrada. También destacar el Pabellón de Bagdad que rememora la conquista de la ciudad y que tiene una cúpula que impresiona mucho y el Pabellón Revan.

Una de las fuentes del palacio

Aparte hay que pagar otra entrada para ver la otra parte del palacio que cuenta con el Harén y el Tesoro, dos zonas que merecen la pena pagar el costo extra ya que a mi parecer resultaron las zonas más curiosas de todo el palacio. El Harén, era donde residía la extensa familia del sultán, una lugar con muchas habitaciones perfecta y detalladamente decoradas. Entre ellos vivían el propio sultán (el único hombre permitido en la vivienda a parte de sus hijos) la madre del sultán, las esposas del sultán que contaba con varias de ellas, podían ser hasta 4 o más. Además vivían sus sirvientas que solían ser extranjeras. Sus hijas podían estar hasta los 16 años y sus hijos hasta los 12 a no ser que fuera el hijo sucesor del sultán que podía quedarse hasta sus 16 años. Todo un culebrón (:
El Harén trata de 300 habitaciones, 9 baños turcos, un lavadero, un hospital y por supuesto, dos mezquitas.
En El Tesoro vimos cosas impresionantes de un valor incalculable, un lugar que nos tuvo ocupados durante un buen tiempo.




Es mucho lo que hay que ver en el palacio, un poco demasiado diría yo. Se necesita prácticamente el día entero para verlo todo con calma y a paso lento. Con tanto turista y tanto andar por el palacio acabas un poco saturado. Era la hora de salir a ver otros lugares de Estambul, un poco de ambiente callejero que nos refrescara un poco la mente no venía mal. Que mejor que darse una vuelta por uno de sus múltiples mercados callejeros.

Manikis que dan miedo de los mercados turcos
Las tipicas minisillas y minimesas de Estambul para tomar té
Emprendimos una ruta sin destino alguno por las calles del cuerno de oro de Estambul, nuestro único objetivo era seguir aquellas calles que nos llamaran la atención, mayormente siguiendo a la muchedumbre que era la que nos guiaba. Mercados gigantescos donde no había respiro en los que vimos de todo, bebimos tés callejeros muy buenos que no cuestan casi nada, seguimos los diferentes olores entre comida e incienso y descubrimos los trapicheos que se traen entre manos con los móviles.




Los mercados repletos de gente
Más manikis curiosos, niños con barba y bigote
También pasamos una vez más por el Gran Bazar

Mezquita Nueva -Yeni Cami-


Callejeando y casi sin querer nos llevamos una gran sorpresa. Nos encontramos con la grandiosa "Mezquita Nueva" conocida como Yeni Cami. Un edificio que impresiona mires de donde lo mires. La verdad es que la diferencia con la mezquita azul y otras así de grandes de la ciudad no es mucha. Sin embargo cada una guarda sus diferencias que la hacen diferente, sobre todo en su interior.  Es una mezquita muy reconocible del Skyline de Estambul y es mucha la constante muchedumbre que acude a ella, la llamada a la oración es el momento ideal para estar por sus alrededores.

Mezquita Nueva

Musulmanes siguiendo la rutina
Vistas desde la mezquita nueva

En la plaza grande detras de la mezquita nueva con uno de los muchos vendedores

Mezquita Fatih


Con los pies ya que no podíamos más nos dimos una última vuelta, esta vez acabamos en otra de sus grandes mezquitas, la Mezquita Fatih. Esta la vimos ya tarde y en plena oscuridad cuando ya no había casi nadie. Fue otra experiencia totalmente diferente. Podíamos estar tranquilamente por ella sin tener el estrés de los turistas y de las masas de gente, un remanso de paz nos atrapó estando en su interior donde sentados en sus impolutas alfombras, descansamos a la vez de disfrutamos de lo hermoso de sus cúpulas. También pudimos observar como diferentes grupos de hombres se reunían para rezar y como las mujeres en un lugar aparte hacían lo mismo. Nos sentimos bienvenidos estando allí aunque no hiciéramos como ellos, se ve que la población de esta ciudad está más que acostumbrada a ver turistas en sus mezquitas.

Interior de la mezquita Fatih

Mezzquita Fatih iluminada
Mercado nocturno
Nos faltaba mucho por descubrir de la ciudad y ya habían pasado dos días en ella. Todavía no habíamos cruzado el puente del Cuerno del Oro para ver la zona más moderna de la ciudad, es algo que haríamos el tercer día, experiencia de la que escribiré en un segundo post de Estambul.





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Post anterior del viaje: 
Bulgaria: Sofía, nuestro paso por la capital búlgara