19 de junio de 2015

Turquía: Estambul, colofón a un gran viaje por los Balcanes (2/2)


Los últimos días del viaje se acercaban tras una aventura de casi un año por Asia, Oceanía y Europa. Los días llegaban a su fin pero a esa tristeza no le permitiríamos que nos estropearan nuestros últimos días por Estambul, ni hablar de eso. Estos últimos días serían para despedirnos a lo grande, las responsabilidades y obligaciones las dejaríamos para cuando llegara el momento ya de vuelta en Bélgica.


El principal objetivo del día que se nos presentaba (el tercero de cinco ya) era la de conocer la otra parte del Cuerno del Oro cruzando el famoso puente de los pescadores -puente de Gálata- (siempre hay mucha gente pescando en ese puente) donde te encuentras con la parte más moderna y cosmopolita de Estambul en el distrito de Beyoğlu con Gálata como uno de sus barrios más famosos. 

Para ello salimos a pie desde nuestro hotel, en pleno corazón del barrio Sultanahmed. Pasando por el gran bazar y otros mercadillos de tantos que hay por las calles de la ciudad nos encontramos con una tranquila mezquita donde conseguimos un corán de bolsillo en inglés ¡totalmente gratuito!


El típico repartidor de tés que va de puesto en puesto
Kebabs desde bien tempran
Mini Corán gratuito
Desde el otro lado del puente con vistas a Gálata
Cruzando el puente donde decenas de personas andan con caña en mano (no de cerveza precisamente) llegamos a Gálata. Los puestos de simits que andan por todos lados nos llamaban a voces por este barrio y no pudimos resistirnos a ellos. El simit es una de las comidas más típicas de por aquí y son unas roscas de pan con mucho sésamo que tienen un sabor adulzado, perfectos para matar el hambre. No andarás 10 metros sin cruzarte con un vendedor de estas roscas, es algo que Estambul lleva en sus genes.

Yo con la mezquita nueva de fondo
Dicho puente
Puestos de simit

Beyoğlu (Gálata)



Caminando por las calles de Gálata enseguida nos dimos cuenta de las diferencias con la más tradicional parte de Sultanahmed aunque aún conserva ese encanto que tanto caracterizan a los barrios típicos de Estambul. Se ve que es todo más moderno, sobre todo en sus edificios, aunque la gente aquí también parece estar mas europeizada, más que nada se ve en la forma de vestir de los jóvenes y en la arquitectura. 
Para una de las mejores vistas de Estambul nos acercamos a la famosa torre Gálata, una torre construida por los colonos genoveses cuando la ciudad se conocía como Constantinopla allá por el año 1348. Hoy en día está abierta al público y a través de un ascensor y pagando una entrada (25 liras) se puede subir hasta lo más alto de ella. 
Las vistas sobre Estambul son espectaculares, se puede ver todo a la redonda. El skyline de la ciudad con sus gigantescas mezquitas es algo muy especial que hay que ver.

Vistas desde la torre

Vistas desde la torre
En este barrio también pudimos ver una iglesia católica algo escondida llamada S. Antonio de Padova. La iglesia católica más grande que sigue en uso en Estambul. En ella se dan misas en inglés, italiano y turco. 



S. Antonia de Padova



Avenida Istiklal


La arteria principal de Beyoğlu es la larga avenida comercial de Istiklal (independencia). Una calle donde vivían los comerciantes genoveses y venecianos en la época bizantina. Hoy en día es una de las avenidas más concurridas de Estambul por sus múltiples tiendas, galerías de arte, restaurantes y su buen ambiente, una especie de rambla catalana que por la noche tampoco duerme. Por esta avenida pasa el famoso antiguo tranvía rojo en el que incluso los trabajadores se visten de época.
La calle atraviesa dos importantes plazas, la Plaza Galatasay y la Plaza Taksim ya al final de la calle. Una plaza muy amplia de forma circular con una estatua en el centro. Esta plaza es una de las zonas más modernas de Estambul y es donde los turcos acuden para celebrar algo de la ciudad, una Plaza de Cibeles turca, aunque también es conocida por manifestaciones públicas que no acabaron demasiado bien.

Avenida Istiklal
Estatua de la Plaza Taksim

A orillas de Beyoğlu por el este es desde donde salen muchos ferries hacia diferentes puntos de la ciudad, como también hacia la parte asiática del país. Estábamos a tan solo un paseito en barco de pasar de Europa a Asia, unos metros de adentrarnos en nuestro continente favorito. Aquello tenía que esperar al menos un día más, el resto de este día lo dedicaríamos a conocer más esta parte de Esbambul. 


Asia al fondo
Escaleras multicolor
Pasamos por el estadio del famoso equipo de fútbol del Besitkas que ni sabía que trataba de un equipo de la capital turca (los otros dos son Galatasaray y Fenerbache) sùolo pasamos de refilón por este barrio ya que empezamos a volver poco a poco de vuelta al puente que va hasta Sultanahmed. Por falta de fuerzas, dinero y tiempo tuvimos que dejar nuestra visita al Palacio Dolmabahçe que fue una segunda casa para los sultanes cuando salieron del Palacio Topkapi. Bajamos pegados al mar hasta llegar ya al puente donde nos asaltó un agradable olor a pescado a la parrilla. Muy cerca del puente por la parte de Gálata y pegado al agua hacia el oeste hay un mercado de pescado con mucha actividad donde no solo venden pescado fresco sino también hay mesas y vendedores de pescado callejeros para comer a orillas del cuerno del oro a un buen precio. Una tentación que tuvimos que rechazar ya que teníamos planes de cenar mas tarde por nuestra zona. Desde allí mismo pudimos disfrutar del hermoso atardecer con un sol que se escondía detrás de las mezquitas a la melodía de la llamada al rezo desde sus altas miranetes.

Parada para mirar nuestra guía
Atardeciendo en Estambul
Los pescadores perennes en el puente
Pescado callejero

Üsküdar (La Estambul asiática)



En nuestro cuarto día en la ciudad nos íbamos a cruzar el mar Bósforo también conocido como el Estrecho de Estambul donde íbamos a pasar como si nada de un continente a otro, de Europa a Asia, de Occidente a Oriente en cuestión de minutos. Para ello tomamos el metro bien temprano que nos dejaría por el mismo lugar que pasamos el día anterior, en Beyoğlu. Allí se compran yetones de metro (2,15TL) que sirven como ticket para pasar por la puerta que da a los barcos aunque también hay abonos de transporte con el que te sale más barato. Existen unos libritos de bolsillos con todos los horarios de todos los trayectos (que no son pocos).

Fichas para el barco
Hasta luego Europa

El paseo en barco es muy agradable, una banda de gaviotas seguían el barco  ya que siempre hay gente que suelta cosas para ellas, aproveché para sacar algunas fotos. Desde el barco se tienen buenas vistas de la parte europea de Estambul, a la que volveríamos más tarde.

Y ya estábamos con los pies puestos en Asia, nos parecía increíble pero era real. Estábamos en nuestro continente favorito que habíamos dejado por fuerza hace un par de meses cuando nos encontrábamos en Indonesia con 4 meses por delante de viaje por el continente, el destino quiso que en su lugar visitáramos Estambul y parte de los Balcanes. No hay mal que por bien no venga, aquí estábamos de vuelta.

Üsküdar está en la famosa parte asiática donde las modernidades se dejan un poco al lado para dejar paso a lo más tradicional y no tan turístico como Sultanahmed y Old Quarter (parte sur del cuerno del oro). Sin duda alguna, esta es una de las partes más autenticas de Estambul, donde mucha gente se mueve con sus asuntos y no con el turista, la musulmán más tradicional. Donde las mezquitas son más pequeñas pero no menos importantes y donde los mercados siguen abarrotando las calles de gente a precios más bajos. Visitamos su parte más central que se concentra pegado al Bósforo. Cerca del desembarco está la mezquita Mihrimah, de la que solo pudimos ver su exterior.


Jugandose la vida por limpiar una ventana
Nos dimos una gran vuelta por todo el barrio queriendo llegar a el punto más alto de Estambul conocido como çamlica Hill. Por una cosa o por otra y tras preguntar a varias personas y subir cuestas interminables no acabamos por encontrarlo y decidimos volver de vuelta a la "costa" rindiéndonos en nuestro cometido, no podíamos seguir matándonos a andar, el día era muy largo y las energías escasas. Por aquí apenas se veían turistas.

Bajamos por la "costa" hacia el sur donde nos cruzamos con la bonita y coqueta mezquita Semsi Ahmet Pasa donde un local nos guió a cambio de una pequeña propina a voluntad para la propia mezquita. Fue toda una sorpresa descubrir esta bonita mezquita, uno de los puntos que más me gustaron de Üsküdar y de incluso toda Estambul.

Interior de la mezquito Ahmet Pasa
Como si de un paseo marítimo de la Costa de Sol se tratara, hay lugares en los que sentarse al sol como en unas gradas con asientos con estilo que hay dando al Bósforo con vistas a la parte Europea de Estambul. Son pequeños bares donde te puedes beber un té o lo que te apetezca aunque lo más típico es venir aquí para ver -según dicen- el mejor atardecer de Estambul. Cerca se encuentra la Torre Leandro, una mini-isla pegada a la parte de Üsküdar que está habitada por esta torre que durante el día sirve como bar y que por la noche sirve de restaurante de lujo con música en vivo, algo totalmente fuera de nuestro presupuesto. Nos conformamos con la bonita vista que ofrece desde la parte asiática. Según cuenta la leyenda, esta torre fue construida para la hija del sultán a la que un brujo predijo que sería mordida por una serpiente para así tenerla a salvo.

Torre Leandro
El famoso lugar para ver el atardecer con el Topkapi de fondo

Seguimos andando hacia el sur bajo un sol abrasador (y eso que nos encontrábamos en noviembre) un camino que nos llevó por campamentos militares, colegios en plena hora punta y cuestas horribles. Nuestra intención era la de llegar a la vieja (y lejana) estación de Hydarpasha, una estación creada por arquitectos alemanes, algo que cae en evidencia al verla. Es una estación que formaba parte del ambicioso proyecto alemán de unir Berlín con Baghdad,  un proyecto que al final no llegarían a cumplir. Justo desde allí mismo pudimos coger un ferry de vuelta a Beyoğlu después de andar muchos kilómetros.


Campos militares camino a la estación
Estación Hydarpasha

Eyüp


Aunque ya cansados tras tal caminata por Üsküdar, aún nos quedaban fuerzas para la segunda parte del día que la dedicaríamos para ir al barrio de Eyüp, en la parte sur del cuerno de oro. Para ello cogimos un autobús en la plaza donde se encuentra la mezquita nueva que nos dejaría cerca de la calle principal de Eyüp. Uno de los barrios más conservativos de la ciudad. En este barrio se encuentra uno de los lugares más importantes para el Islam. Trata de su Mezquita Sultán Eyup que es el tercer lugar en importancia de peregrinación del islam después de Meca y  la Cúpula de la Roca en Jerusalén donde está enterrado uno de los ayudantes de Mahoma. Y así lo notamos, una gran muchedumbre de musulmanes concurrían por los alrededores de la mezquita la cual quizás me había esperado más grande pero que traslada esa sensación de lugar importante. No nos podíamos haber ido de Estambul sin haber visitado este lugar.



Ambiete en los alrededores de le mezquita

Como segundo plato fuerte y tras pasear y comer algo por su animada calle principal fuimos a las alturas de la ciudad para tener buenas vistas desde el restaurante Pierre Lotti donde se puede tomar un café o té. Se puede subir en funicular pero decidimos hacerlo a pie para ahorrarnos esas liras, no es para tanto :) Se va a través de un cementerio hasta que llegas a la plataforma donde llega el funicular mismo y donde todo el mundo se hace fotos de mil y una poses. Desde allí se tienen unas vistas geniales que te da para admirar la grandeza de esta ciudad, merece mucho la pena llegar hasta aquí.



Nuestro tiempo por Eyüp se acabó, ya habíamos tenido suficiente para este día así que ya anocheciendo nos fuimos de vuelta en autobús hasta la plaza de la mezquita nueva y desde allí a pie a nuestro hotel donde descansaríamos para nuestro último y definitivo día.


Balat y Fener, un lugar diferente



Es tanto lo que hay que ver en Estambul que es muy difícil elegir, no podíamos verlo todo así que tuvimos que escoger. 
Al día siguiente decidimos hacer una ruta que recomienda nuestra guía Marco Polo de la ciudad. Una ruta que empezaríamos desde las murallas de la ciudad de Edirnekapi dirigiéndonos hacia la Iglesia Chora -Kariye Camii- que actualmente no es ni iglesia ni mezquita si no un museo. Construida en 1320 estuvo en manos de los bizantinos para más tarde convertirse en mezquita durante la época otomana. Lo más llamativo de esta iglesia-museo son sus mosaicos del techo que cuentan historias sobre la Virgen María y Jesucristo que no pudimos ver por desgracia, cuando quisimos entrar, nos dimos cuenta ¡de que estaba cerrado! Nos fuimos con ganas de entrar. En los alrededores de esta zona se pueden ver casas diferentes de las demás creadas de madera.

Seguimos nuestra ruta hasta llegar a las orillas del Cuerno de Oro a través de unas callejuelas con edificios de una arquitectura diferente de lo que habíamos visto hasta ahora en Estambul, estábamos en el barrio llamado Balat, una zona donde habitaban los judíos que fueron expulsados de España en la Inquisición y que más tarde emigraron a Israel. Algunos edificios como el hospital judío aún sigue en marcha como alguna sinagoga pegada al mar. Fue como pasear por otra ciudad dentro de Estambul.




Seguimos caminando hasta cruzarnos con otra iglesia ortodoxa búlgara, llamada Saint Stephen con su llamativa cúpula dorada. Desde allí proseguimos metiéndonos otra vez por las callejuelas del distrito de Fener, esta vez con unas tremendas cuestas hacia arriba que dan a un llamativo y gigantesco edificio rojo, un colegio para niños griegos ni más ni menos, nos lo dijo una persona que se encontraba allí al preguntar si podíamos entrar para verlo bien, su estilo victoriano destaca entre los demás. En realidad, nuestro cometido era el de encontrar la Iglesia Santa María de los Mongoles, la única iglesia de la era bizantina de Estambul que aún sirve como tal pero no hubo manera de encontrarla y desistimos, a cambio hicimos una parada por el barrio para tomarnos un té en un bar muy acogedor. No sabíamos que en Estambul se podían visitar lugares como los que estábamos viendo ese día, esta parte europea de la ciudad conserva muchas cosas de su pasado y aunque la mayoría de ellas no sigan funcionando siguen estando ahí, recordando a su pasado y a lo que un día llego a ser.

Iglesia búlgara
Escuela griega

Volvimos para pasar la última tarde por el centro de Estambul que es donde se concentra toda su esencia, paseando por sus extensísimos mercados repleto de gente, pasando de largo por sus preciosas y grandísimas mezquitas con su hipnotizante cante y despidiéndonos de lo que fue y estaba siendo un viaje para nunca olvidar. Para la última cena nos fuimos a un lugar muy especial para ello, casi sin querer aparecimos por el barrio de Kumkapi, cerca de nuestro hotel, un barrio de pescadores que tiene unas dos o tres calles llenas de restaurantes que siempre están repletas de gente, luces y mucha música. Yendo por las calles te asaltaran los camareros caza-turistas haciéndote ofertas de todas clases para intentar convencerte, la verdad es que son precios muy baratos si negocias bien. Queríamos despedirnos con una cena en condiciones y nos metimos en uno de los restaurantes que nos hizo una muy buena oferta. Cenar en este barrio es toda una experiencia que recomiendo mucho, sobre todo si quieres pescado y un ambiente animado.

Aunque el viaje había terminado tras dos meses nos íbamos con una sonrisa en la cara por lo feliz que nos había hecho vivir esta experiencia de dos meses por la península de los Balcanes, una península tan cercana a nosotros pero a la vez olvidada y que nada tiene que envidiar a países más turísticos, ya sea en playas, naturaleza o grandes ciudades. Aún nos falta conocer más países de esta zona como Bulgaria (más a fondo) Rumanía o Grecia, asignaturas pendientes que con toda seguridad nos harán volver a esta parte del mundo.






Sigue nuestro viaje por Centro Europa y los Balcanes

Post anterior del viaje: 
Turquía: Estambul, colofón a un gran viaje por los Balcanes (1/2)