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19 de marzo de 2016

Estados Unidos: Mojave, el desierto olvidado de California


Queríamos desiertos y calor y los estábamos teniendo por un tubo, Mojave iba a ser el más solitario de todos, incluso más que el de Anza-Borrego. No es parque nacional, ni parque estatal, se trata de una reserva nacional que parece como si fuera de alguna categoría inferior, lo digo porque una vez que entras a él te das cuenta de que está más dejado que sus desiertos hermanos. Sus carreteras no son tan cómodas de conducir y no existe tanta información, la radio del coche no pilla ningún canal y la cobertura en el móvil es nula, a veces nos preguntamos, ¿y si nos pasara algo por este lugar? Sin embargo, el escenario solitario y aislado le da un punto especial, místico, desconcertante, de esos que te dan ganas de gritar, cantar o ir en bolas porque sabes que nadie te va a oír o ver.



Había varios puntos que queríamos visitar por encima de otros, unos lugares de belleza natural, de esos que tanto nos atrae cuando viajamos. Entre Joshua National Park y el desierto de Mojave existe como un trozo de tierra de nadie que parte los desiertos en dos por el que se distribuyen pueblos como los cercanos a Joshua y lugares con nombres tan conocidos pero raros de verlo por aquí como Bagdad, Cadiz o Siberia, curioso cuanto menos. En el pueblo de nombre Joshua justo al salir del parque compramos previsiones para los días siguientes. Para refrescarnos un poco fuimos hasta Twentynine Palms para probar el famoso zumo de dátiles, muy famoso por la zona, no nos podíamos ir sin haberlo probado. Una bomba calórica pero deliciosa.

Cartel de bienvenida
Por unas carreteras solitarias y con un paisaje extraordinario nos fuimos acercando hasta Mojave entre pueblos casi fantasmas por no decir fantasmas, algunos anteriormente nombrados como Cadiz o Siberia. Un cartel de Mojave National Preserve nos da la bienvenida a lo que iba a ser un viaje por un desierto solitario, muy solitario. Nuestra primera parada sería uno de los lugares más famosos del desierto, y esta vez iba a ser desierto de verdad, con arena al estilo Sahara, como todos nos imaginamos como es un desierto. Son las llamadas Kelso Dunes.

Llegando con el coche ya se ve en el horizonte ese montón de arena y te da el subidón. Te imaginas andando sobre ellas y pisas el acelerador para llegar cuanto antes. El camino se desvía por una carretera de tierra durante unos pocos kilómetros por la que las dunas de arena te van pareciendo más y más grandes hasta que llegas al parking. El objetivo de esta caminata es llegar al top de las dunas, aunque no existe un camino fijo, simplemente sigues las huellas que ha dejado la gente y luego te las arreglas para ir por donde más te apetezca ya que tiene varios ''picos'' a los que subir.


Perrine meditando en el desierto
Quien dijo que es fácil subir dunas
Al ser arena muy suelta y fina decides quitarte las botas y andar a la antigua, con los pies descalzos, un verdadero gusto, la arena está fresquita. Subir cuesta más que subir cualquier montaña de tierra firme, la arena lo hace más duro aún si cabe. 
Ya arriba se tienen unas vistas espectaculares y te sientes el rey del desierto, por suerte/desgracia según para quien, estamos totalmente solos, con las dunas ante nuestros pies. Nunca había tenido esa experiencia Sahara y aunque no lo sea de verdad, por algo se empieza, el Sahara es un viaje que tenemos pendiente y que tarde o temprano realizaremos. Nunca había estado en un desierto tan arenoso, aunque solo sean algunos kilómetros cuadrados, solo en playas como la de Bolonia, en la provincia de Cádiz (el Cádiz español y no el que pasamos hace poco). Saber que no estás en la playa y estar rodeado de arena blanca y fina es una sensación un tanto especial.



¿Un descansito antes de bajar?
Por desgracia, el centro de visitantes que se encuentra en Cima (un pequeño grupo de casas por donde pasa un tren de contenedores) está cerrado, solo abre algunos días a la semana y hoy no es uno de ellos. No sabemos si se puede acampar libre por el parque pero al haber tan poca gente decidimos irnos al norte y meternos en un camino de tierra algo chungo para nuestro coche y poner la tienda de campaña junto a conos volcánicos, un paisaje totalmente diferente del que teníamos anteriormente con las dunas. Un precioso lugar en el que dormir y descansar para el día siguiente.

Paisaje frente nuestra tienda de campaña
Wild-camping en Mojave
Con el depósito casi vacío y con la poca certeza de que existan gasolineras cerca ponemos rumbo a otro de los lugares famosos de Mojave, nos vamos a Hole-in-the-Wall. El camino es mayormente por tierra, con bastantes piedras sueltas pero aceptable. Son más millas de las que nos habíamos esperado -nos estamos americanizando, (1 milla=1.6 km)-, . Estamos intranquilos porque no sabemos si vamos a tener gasolina suficiente como para salir del parque... aún así tomamos el riesgo porque ya estamos muy cerca y no queremos perdérnoslo.

Hole in the Wall es una caminata a través de unas paredes de piedra deformadas y moldeadas con numerosos agujeros. Un sendero por que el que casi hay que ir escalando con la ayuda de anillas (apto para todos los públicos) y que se mete por un valle precioso.



En Hole in the Walll
El precioso valle de Hole in the wall
Tras la caminata ponemos rumbo hacia el norte para acércanos a la primera gasolinera, por el camino paramos para hacer la última caminata antes de salir del parque. Hacemos una ruta llamada Teutonia Peak de unos 4-5 kilómetros por una de las zonas más pobladas de árboles joshua que existen (de nuevo un paisaje muy diferente de los anteriores). Un ascenso a una montaña algo duro pero corto que merece mucho la pena, una vez que estás en todo lo alto las vistas del desierto y de las montañas de alrededor son tremendas.

Camino lleno de parches y agujeros de Mojave dirección norte
Saludando de nuevo a los joshuas direccion Teutonia Peak

Formaciones rocosas que no dejan de sorprendernos por esta zona de EEUU
Sentirte en la cima del mundo por unos instantes
Con el depósito bajo mínimos, casi sin reservas, llegamos por suerte y a tiempo a la gasolinera que hay justo saliendo del parque, aunque el precio fuera muy alto no nos quedaba otra y echamos unos cuantos litros para aguantar hasta la siguiente ciudad y llenar el resto del depósito a un precio decente. Decidimos ir a Las Vegas antes que ir a Death Valley para poder recargar baterías y ducharnos que ya nos iba haciendo falta, encontramos un hotel muy barato a través de internet. Aparcábamos la ruta de los desiertos durante un par de días para relajarnos o volvernos locos en la locura de la ciudad de Las Vegas.


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