1 de julio de 2016

La cultura chaco bajo una tormenta sahariana en Nuevo México



Y venga ir hacía el este, a este paso íbamos a llegar hasta Florida. Estados Unidos es tan ancho que por muchas horas que conduzcas apenas has cruzado dos o tres estados, sobre todos en los estados gigantes que hacen frontera con México. Nuevo México sería el estado más al este al que llegaríamos en este roadtrip.

Habían varios lugares que queríamos ver especialmente. Chaco, Albuquerque, Santa Fe y Taos y otros que tuvimos que descartar por falta de tiempo, había que ir ya mirando hacia el oeste para que no nos pillara el toro. Dos meses dan para mucho pero no para tanto, todo es relativo, aún no corriendo demasiado ya notábamos que quizás estábamos siendo un poco avariciosos con la ruta y los kilómetros empezaban a pesar.

Desde el Four Cornes condujimos hacia la frontera entre Arizona y Nuevo México. Un cartel de bienvenida destartalado y lleno de garabatos con los afamados chili rojo y verde del estado nos daba la bienvenida, decía mucho ya de lo que nos esperaba, un estado algo más dejado de lo que habíamos visto hasta ahora. No por ello menos excitante, teníamos mucha ilusión de ver un estado poco visitado, un estado que suele quedarse fuera de la mayoría  de circuitos. Lejos de la ruta turística del oeste y todavía muy lejos del este, anclado junto a México con el que comparte muchas similitudes que iríamos descubriendo poquito a poco.


Necesitábamos una ciudad para repostar, hacía mucho que no estábamos en una ciudad o pueblo semi en condiciones para ir a un supermercado barato o tomarnos un café tranquilamente en un Starbucks o McDonalds, en territorio navajo no hay nada de eso y en cierta medida me alegra, no todo EEUU está infectado por estas cadenas de restaurantes basura que tanto nos gustan, no está mal para desintoxicarse. Esa ciudad fea, árida como ella misma fue Shiprock, una ciudad con carencia de felicidad, como si la gente aquí estuviera de transito, para ganar dinero e irse cuanto antes. Así nos contaba uno de los camareros en McDonalds, un hombre de avanzada edad con el que hablamos mientras limpiaba el suelo lleno de "papas". Echaba de menos su ciudad, Flagstaff, echaba de menos las montañas verdes, el aire limpio, harto del calor, de la sequía (que dura ya varios años), de la lejanía de todo. 

No quería seguir en Shiprock mucho tiempo pero el trabajo le daba de comer a él y a su familia. "De aquí se quiere ir todo el mundo", nos decía. Según yo tiene raíces indígenas, es algo que se nota en la cara, un nosequé. Tras un rato, mientras "interneteabamos" con nuestra cocacola, vino con un paquete de patatas que nos regaló. Nos envidiaba por lo que hacíamos, él también quisiera estar ahí fuera descubriendo al menos Estados Unidos. Es una de esas conversaciones que hacen que te des cuenta de la suerte que corremos al poder hacer algo así, ser libres y hacer lo que tú quieras y no lo que las obligaciones te hagan hacer.

No tardamos mucho en despedirnos de nuestro nuevo amigo, darle ánimos y salir hacia delante. Miramos una vez más en freecampsites.net para buscar un lugar en el que pasar la noche. Aún quedaban horas de conducir así que sin perder más tiempo pusimos rumbo hacia Farmington, la versión más grande de Shiprock. No nos habíamos esperado una ciudad tan grande por aquí, si lo hubiéramos sabido antes quizás hubiéramos hecho la parada en este lugar, lo tienen todo.

Es una ciudad donde se desvían highways principales, nosotros iríamos hacia la que va hacia el sureste para acércanos lo más posible a nuestro primer objetivo de Nuevo México, el Chaco Cultural National Historic Park, patrimonio mundial de la UNESCO.

La noche se acercaba y llegamos a nuestro "camping" gratuito. Uno de los mejores en los que habíamos estado...jamás (creo que ya dije algo así en la entrada anterior con Valley of the Gods). Sin esperar ver nada por aquí nos encontramos con que estábamos ante uno de los cañones que habíamos visto hasta ahora en este viaje, y eso que ya habíamos visto muchos de ellos, un paisaje de badlands creado hace millones de años por formaciones nacimientos que nos hacían pensar en el mismísimo Death Valley. Supongo que siempre cuando no te lo esperas, te gusta el doble.

Los badlands de Angel Peak

La idea de saber que íbamos a dormir ahí gratuitamente nos parecía increíble, una vez más, y como pasa con Valley of the Gods, es un área de recreación pública de BLM (Bureau of land Management) que te permite poner la tienda de campaña donde te plazca, No solo eso, en Angel Peak Scenic Area, (el nombre de este lugar) dispone de parcelas con retretes, barbacoas y bancos con mesas de madera, la mayoría de los sitios estaban ocupados por caravanas. Es un camino de tierra sin salida que muere tras unos cuantos kilómetros donde está el campground. Tras poner nuestra tienda de campaña al filo del cañón y relajarnos leyendo, el sol nos regaló uno de los mayores espectáculos naturales que pueden existir. Un cielo color fuego se despedía hasta el día siguiente.



Para llegar hasta Chaco teníamos que conducir una hora y pico. Es un lugar no muy accesible ya que para llegar no tiene que haber hecho muy mal tiempo los días anteriores, estamos hablando de muchos kilómetros en camino de tierra en tristes condiciones con una parte donde puede haber un arroyo al final que corta el camino, y eso que fuimos por su mejor carretera, otras directamente necesitas un buen 4x4. ¡Y eso que estamos hablando de un patrimonio del la UNESCO!

Saliendo temprano, despacito y con buena letra llegamos a Chaco, donde la carretera está asfaltada. Una vez más con un cielo azul nítido, supongo que es lo normal de aquí viendo el paisaje que se ve, como diríamos en Málaga, "más seco que las mojamas". Problemas de lluvia en este viaje se puede decir que estábamos teniendo 0.


Entrando en territorio chaco

Llegamos antes de que incluso abriera el centro de visitantes y aprovechamos para desayunar nuestra avena. Un centro de visitantes muy bueno, con mucha información, mapas y una película para ver. Los llamados chaco son una civilización indígena que vivía al borde del Cañón de Chaco, una cultura única y excepcional por estas tierras del lejano oeste. Una zona donde muchas de sus construcciones se mantienen en pie y que cuidan y conservan con mucho mimo. Ver el vídeo del centro de visitantes es imprescindible para saber a lo que vas, lo que se suponía que habían montado esta civilización primeriza por estas tierras áridas. La entrada es de 8 dólares pero con nuestro annual pass no tuvimos que pagar nada.


La cultura chaco habitaba estas tierras allá por los años 850 y desapareció del sitio por el 1250 tras una sequía que duraría unos 50 años, gente ancestral de los indígenas hopi y navajo. Fue una de las concentraciones de pueblos más densas de toda la región de las cuatro esquinas. Una cultura que ha dejado un patrimonio histórico importante y único en los EEUU que cuenta la historia de la gente originaria del país antes de que cualquier blanco explorador o colonizador les robara sus tierras. Los restos de los edificios que entonces construyeron alrededor del cañón se pueden visitar. Es como una ruta en coche de unos 14 kilómetros con paradas para hacer caminatas cortas entre las ruinas de unos 40 minutos cada una. Diferentes pueblos, algunos mejor conservados que otros, que con la ayuda de un folleto que hay al inicio de cada caminata te puedes informar e imaginar de como fue.


Productos indígenas en el centro de visitantes

El tiempo tan bueno que estaba haciendo llegó a su fin. De repente, una nube de arena y una ventolera muy fuerte levantó toda partícula que había sobre la superficie. A la lejanía veíamos como llegaba poco a poco esa nube de arena, por suerte ya estábamos a la vuelta de visitar las ruinas y los jeroglíficos de Una Vida pero aún así tuvimos que correr como si de nuestra vida se tratase, aquello no pintaba nada bien, no quisiera tener que utilizar la asistencia al viajero de assistcardNo fuimos los únicos que empezaron a correr para el coche. La temperatura parece que bajó de golpe como unos 10 grados, creo que podríamos estar escasamente sobre los 0 grados. Nos quedamos en el coche hasta que pasara un poco lo peor de la tempestad.

jeroglíficos de Una Vida
¡Qué viene, qué viene! ¡A correr!


Hartos de esperar seguimos conduciendo hacia el siguiente punto aunque las bolas rodantes conocidas como estepicursores que se ven en las películas del oeste nos lo ponían muy difícil. Estaban por todos lados y se amontonaban en la carretera, golpeaban muy fuerte lateralmente nuestro coche alquilado y temíamos que se arañara. Aquellas bolas se podían contar por cientos, vete tú a saber de donde venían. Rodaban como balones de fútbol, nunca había visto algo parecido, solo en las películas del oeste en la típica imagen del sonido del viento con el estepicursor rodando por el desierto aunque en nuestro caso no era solo uno, ¡eran montones de ellos!.

Senderos bloqueados por los estepicursores


De los lugares a visitar en el recorrido de 14 km destacar Una Vida, Hungo Pavi, Pueblo Bonito, Chetro Ketl, Pueblo del Arroyo y Casa Rinconada. Cada uno de ellos con una historia y un paseo entre sus ruinas. Probablemente el que más impacta y el mejor conservado de todos los lugares es el Pueblo Bonito, uno de los mejores lugares conservados hoy en día donde muchos de sus muros, sus kivas (lugar de ceremonias y reuniones que disponía cada familia) entre otras construcciones aún siguen en pie. 

Kiva

Como se imagina que podría haber sido Pueblo bonito


Pueblo Bonito
Echamos todo el día allí visitando ruinas y aprendiendo sobre esta cultura ancestral antes de partir hacia el sur camino de Albuquerque. Nunca nos habíamos imaginado que aquí nos podía nevar, pero nevaba, posiblemente una de las pocas veces al año que ven nieve por aquí. Lo que empezó con una tormenta de arena sahariana se convirtió en una ventisca siberiana, ¡qué frío! Llegamos tarde a Albuquerque y lo primero que hicimos fue buscar un lugar en el que dormir, siempre una misión complicada en ciudades grandes como esta y algo menos seguro pero pudimos encontrar algo un poco a las afueras de la ciudad. Estábamos ansiosos de conocer la ciudad de Breaking Bad y todo su pasado mexicano que guarda detrás.



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