29 de septiembre de 2016

Visitando lugares increíbles del estado de Washington


Poco tiempo y muchas opciones. Así nos sentíamos una vez qur llegamos a Olympia (la capital del estado) tras visitar Olympic National Park durante unos intensos días. Las opciones que barajábamos eran múltiples y la cosa quedaba entre visitar North Cascades NP, Mount Baker, Mount Rainier NP y Mount St Helens National Volcanic Monument disponiendo  tan solo de 3 días. Gracias a la ayuda de un voluntario de la oficina de turismo de Olympia decidimos ir a por los dos últimos y terminar la ruta volviendo a esta ciudad para vivir sus fiestas más importantes del año, a eso se le llama estar en el lugar y tiempo apropiado.

El primer destino sería Mt Rainier National Park, un parque nacional situado al sureste del estado de Washington que tiene como protagonista a este gigantesco monte que sobresale de la tierra como si fuera un rascacielos en una ciudad plana. ¿Y si te digo que Mt Rainier es uno de los picos más altos del mundo? La prominencia que hay desde la base hasta el pico de la montaña es de los más elevado de nuestro planeta situándose en el puesto 21 de picos más altos, también es el volcán más alto de todo América. Si te has planeado subir el Mt Rainier desde sus faldas más bajas... suerte con ello. Llegando por la highway y todavía a muchos kilómetros te encuentras de sopetón ante él, una vista que parece irreal que te hace decir: ¡wow! 



En esta época del año, el monte en sí está completamente bajo una capa de nieve pero la carretera que te lleva a lo más cerca de él la pillamos recién abierta y libre de nieve para la temporada de primavera-verano. Por fin empezábamos a poder hacer carreteras que se cierran en invierno, ya nos quedamos con las ganas de hacer algunas en lugares como Bryce o Yosemite algunas semanas atrás.  Esta carretera en concreto nos llevaba hasta Paradise, un pequeño poblado vacacional situado en el lugar mas alto del parque, la idea de conducir hacia un lugar llamado Paraíso molaba mucho. Al llegar te das cuenta de que el nombre es muy apropiado, un paraíso para todo aquel amante de la naturaleza y de los paisajes panorámicos.


La única parte negativa fue que las mejores rutas de senderismo que se encuentran en todo lo alto solo eran accesibles con equipo de raquetas de nieves ya que la nieve estaba muy suave y solo con botas de hiking sería una difícil y peligrosa aventura, no nos lo recomendaron para nada en el centro de información de Paradise. No nos podíamos permitir el coste del alquiler de las raquetas de nieve así que nos limitamos a caminar sobre la nieve por un sendero donde había mucha gente. Con nuestras botas, fuimos por un camino que nos llevaba a unas vistas más cercanas del pico del monte y de los alrededores. El día era claro y soleado, el monte se mostraba tal y como es y eso en el estado de Washington no es que ocurra cada día, es un estado muy lluvioso (sobre todo el oeste). No me imagino estar en este lugar en un día nublado sin la presencia del monte, ¡no sería lo mismo!



Desde lo alto vimos a gente bajar en sus skis, vaya envidia que nos daban. Nos conformaríamos tras un par de kilómetros, ya no era seguro seguir con nuestras botas así que decidimos bajar hasta el coche y dormir en nuestra minivan en un parking de por allí. Subir al pico del Mt Rainier es posible pero no es fácil de conseguir el permiso, hay que hacerlo con mucha antelación y es una proeza que pocos consiguen, muchos son los que fracasan en su intento. El tiempo en este monte es muy impredecible y es común que te impida conseguirlo.




Nuestra minivan donde pasabamos las noches
Al día siguiente decidimos hacer alguna ruta más abajo donde la nieve es escasa y donde no íbamos a tener problemas para caminar. Hicimos unos 10 kilómetros hasta un valle con unas vistas muy extensas de la montaña y de los alrededores. Para llegar allí tuvimos que atravesar un largo tramo de parches de nieve que hizo que disminuyera a la mitad nuestro ritmo. Fue un buen sendero para explorar un poco la flora y fauna del parque que todo el mundo puede hacer, no tenía un desnivel importante.




Esa misma tarde decidimos poner rumbo al siguiente destino, conduciendo algo así como un par de horas hacia el sureste. St Helens (Santa Helena) es un lugar similar a Rainier pero a la vez diferente, muy diferente. El concepto de monte gigante en solitario es el mismo pero la historia y la forma del monte es otra cosa. El volcán St Helens ha sido un volcán que ha cambiado el ecosistema de kilómetros a la redonda debido su entrada en erupción en el año 1980, una erupción que causó estragos en la zona cobrándose algunas vidas humanas e innumerables vidas animales. Es algo que ocurrió en mayo de 1980 y todavía está reciente en la población de incluso mediana edad. La vista del Mt St Helens es asombrosa, a mi parecer más que el Rainier. Es espectacular ver su pico colapsado y ver sus alrededores carentes de árboles en un paisaje desolador provocado por la erupción. 




Uno de sus muchos miradores por la carretera
Detrás de esta catástrofe existen historias como la de David A. Johnston, un chico vulcanólogo de la universidad de Seattle que estudió el volcán durante meses y el cual predijo lo que iba a pasar salvando así muchas vidas, días antes de la tragedia. Este chico fue uno de los pocos que consiguieron culminar su pico por aquel entonces. En su afán por el volcán, sus estudios y su cercanía, fue junto a otros 74 uno de los que perecieron en aquel trágico día. David fue sepultado bajo una capa de ceniza caliente que le provocó la asfixia hasta su muerte. También tenemos la historia de Harry Randall Truman, un hombre de 83 años que renegó abandonar su casa durante la erupción a pesar de la presión de los oficiales.

    -Voy a quedarme aquí y te voy a contar el por qué, mi casa y mi vida pertenecen a este lugar.

    -Mi mujer y yo hemos prometido durante años y años que nunca abandonaríamos Spirit Lake, nos encanta. Es parte de mi y yo soy parte de esa montaña.

Tras la erupción, su casa fue sepultada por una avalancha de barro y nieve con él en su interior.

Al contrario de Rainier, en este lugar si había una carretera que estaba cortada por estar todavía con nieve así que no pudimos conducir hasta lo más profundo del parque. Sin embargo, pudimos hacer una ruta al día siguiente con las expectativas de disfrutar de unas mejores vistas del paisaje y del monte en sí. Expectativas que se cumplieron ya que durante la ruta de senderismo que realizamos pudimos disfrutar de unas vistas únicas y para nosotros solos. Debido al mal tiempo no pudimos hacer una de las largas que incluso te llevan hasta un mirador muy cercano hacia su cráter. El monte se tapó por completo de nubes y decidimos poner punto y final a nuestra visita. Con una lluvia persistente llegamos a Olympia, preparados para vivir de cerca sus fiestas más famosas.






Ahora lo ves


Ahora no lo ves

Dejó de llover y aprovechamos para visitar el Washington State Capitol tan reconocible parecido a otros tantos del país. Este lugar está rodeado de grandes edificios y zonas verdes para echar un buen rato. Para visitar su interior, el mismo personal del edificio, ofrece tours guiados y gratuitos al cual nos apuntamos. Es una hora en la que te llevan al interior de habitaciones como la cámara de diputados entre otras muchas. Información muy completa y curiosa para aprender un poco sobre la manera de gobernar que tienen por los Estados Unidos.
Nuestro guía por el edifciio

Interior del State Capitol de Washington


Los jardines del exterior

Cuando iba llegando la hora nos fuimos a su downtown para empezar a vivir la gran fiesta. Dos veces al año se celebra esta fiesta llamada "Procession of the Spieces". Una fiesta muy rara para la que la mayoría de los habitantes de Olympia y alrededores salen a la calle a celebrarlo. Muchos de los negocios abren sus puertas con galerías de arte, con eventos de música, talleres de manualidades o simplemente exponiendo sus productos con algo para beber y picar. Sus calles se llenan de puestos de comida y gente pa'rriba y pa'bajo haciendo tiempo y esperando el momento cumbre del día. Ya con la oscuridad en lo alto empieza la procesión con gente que han creado unos muñecos con luz con los que van por las calles de la ciudad. Mucho ruido, música y alboroto con estos "muñecos" que han sido creados por ellos mismos. Sinceramente, no le veo mucho el sentido a esta procesión pero ese punto de rareza y locura es lo que lo hace especial.




 
Pero la procesión más importante de las fiestas se hace al día siguiente a medio día cuando mucha más gente se reúne con sus trajes y creaciones que exponen en una nueva procesión. Gente vestida de animales o plantas en grupos que celebran con música y bailes esta procesiones de las especies. Fue de esta forma con la que mejor conocimos a la ciudad de Olympia. Un lugar que nos pareció acogedor e ideal para echar un día, bastante diferente a su hermana mayor, Seattle.







Nuestra última noche aprovecharíamos para reservar alojamiento con HundredRooms para obtener un buen precio y así descansar del viaje y organizar un poco lo que íbamos a hacer en nuestro segundo gran destino, ¡nos vamos pa' Canadá!

Para ello teníamos que tomar un estúpido vuelo entre Seattle y Vancouver, una distancia de apenas un par de horas en coche. El caso es que para entrar Estados Unidos nos pedían un vuelo de salida del país, fue por eso por lo que lo compramos.

El vuelo era con Alaska Airlines, mientras esperábamos sentados en la puerta de embarque nos pasó algo difícil de creer. Al parecer había overbooking y la mujer de puerta de embarque abrió el micrófono para ofrecer una oferta irrechazable para nosotros.

- Ofrecemos un bono de 400$ y otro de 25$ para aquel que se ofrezca para tomar el siguiente vuelo dentro de 4 horas, tenemos dos plazas.

No terminó la frase cuando nosotros ya nos levantamos hacia el mostrador a llevarnos el premio gordo. Por esperar 4 horas en el aeropuerto nos llevábamos un total de 800$ más otros 50 para comer tranquilamente en el aeropuerto. ¿Quién puede decir que no?

Tras 4 horas que pasaron volando ya estábamos de verdad subidos en un bonito vuelo que nos llevó a la ciudad más importante del oeste de Canadá. ¡Vancouver nos esperaba!

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