11 de octubre de 2016

La Isla de Vancouver en 10 días



Vancouver Island la teníamos entre ceja y ceja desde que empezamos el viaje, uno de los destinos más esperados de Canadá. Hacer una caminata larga de varios días por la costa pacífica estaba entre las prioridades. Es aquí donde se encuentran una de las más famosas de todo el mundo, la conocida como West Coast Trail. A pesar de ello, nosotros nos decantaríamos por su hermana menor llamada Juan de Fuca Trail por razones que expongo en este post. Le dedicaríamos 10 días con un coche alquilado con la compañía llamada literalmente 'Alquila un Desastre' -Rent a Wreck- una compañía para alquilar coches de segunda mano más baratos, aunque no sea siempre así.

Vancouver Island -o Isla de Vancouver- es la isla más grande de la parte occidental de América que está situada a pocos kilómetros en barco de la ciudad de Vancouver, isla perteneciente a la provincia de la Columbia Británica. El nombre de la isla lo heredó del gran explorador británico George Vancouver, que encomendó una misión española de exploración por la zona, asunto del que ya escribí en el post anterior sobre la ciudad de Vancouver

Esta isla suele tener un clima moderado y es uno de los favoritos para irse de vacaciones de la población canadiense, los vuelos y barcos a la isla son incontables. Es conocida por tener todo lo que uno puede desear en cuanto accidentes geográficos, con sus gigantescas montañas y su costa salvaje interminable. Es uno de los pocos lugares en Canadá donde puedes hacer hiking con vistas al mar y al océano por ambos lados.



Teniendo en cuenta la temporada en la que nos encontrábamos teníamos que obviar lugares muy a nuestro pesar como Strathcona Provincial Park, el lugar donde se encuentran las montañas más altas de la isla, un parque que guarda las mejores rutas de montañas de toda la isla. De todas formas, con solo 10 días en la isla no daba para mucho más, nos concentraríamos en la parte sur del país. Para llegar a la isla desde Vancouver tienes dos opciones, ir por Nanaimo desde Horseshoe Bay o ir hasta Swartz Bay (cerca de Victoria) desde la terminal de Tsawwassen

Nosotros elegimos la primera opción ya que nuestro coche alquilado lo recogíamos en Nanaimo, uno de las ciudades más grandes de la isla. El trayecto en barco es algo impresionante, la vistas que se tienen son supremas, uno de los viajes en barcos más bonitos que jamás he realizado. Ver la costa continental con todos esos picos nevados es algo que nunca se borrará de mi mente, incluso podíamos ver el skyline de Vancouver con toda esa maraña de edificios.





En este barco conocimos a Flopi, un chico francés que se lanzó a la aventura en Canadá durante unos cuantos meses sin hablar apenas inglés. Iba a hacer woofing en la isla y no sería la última vez que nos veríamos. Entretanto conversamos con otras personas como un anciano que viajo por España en la época de franco o un inglés parlanchín que no paraba de imitar a personajes como Rambo, vaya personaje.


A continuación desgloso los lugares que visitamos en nuestra ruta por la isla:

Victoria


Nuestra primera parada en la isla no podía ser otra que la ciudad colonial de Victoria, conocida por ser la antigua capital del país y la ciudad más importante en la época victoriana del imperio británico en estas tierras. Hoy en día es más conocida por ser la ciudad donde la gente viene a jubilarse, es más, una gran parte de la población de esta ciudad es de la tercera edad. Otro titulo que se lleva es la de ciudad más elegante y acogedora del país.



Visitamos sus edificios victorianos y sus edificios parlamentarios que son los más impresionantes de toda la costa oeste del país. Paseamos por su zona portuaria donde salen muchos tours para ir a ver orcas y ballenas, esta zona del mundo es la mejor para ver a orcas en libertad. El precio del tour se nos antojaba demasiado abultado para nuestro ajustado presupuesto, nos quedaba la esperanza de verlas desde la costa aunque estaba difícil. Siguiendo la linea del mar se llega a un punto muy colorido llamado Fisherman's Wharf, un buen lugar para comer pescado y ver leones marinos. Sus restaurantes, tiendas y casas de alrededor son de colores chillones que no pasan desapercibidos. 





Visitamos su barrio chino, uno de los más antiguos y auténticos de Norte América que no nos defraudó tanto ni sus calles como ni su comida. Pasamos también por su centro histórico donde se concentra la mayor cantidad de gente, un lugar muy agradable por el que callejear en calles como Goverment St o View St.



Uno de los lugares que más nos gustaron fue el Beacon Hill Park, un parque grande que da a la costa. Las vistas son preciosas y hay unos bancos que dan al océano que relaja hasta al mas nervioso.



A las afueras de la ciudad hay otro lugares que merecen la pena ir a visitar, Mt Douglas Park es uno de ellos. Un monte muy alto al que se puede acceder a su pico fácilmente en coche o bien puedes hacer deporte como muchos locales corriendo por las rutas que existen hasta su pico. Pudiéndolo hacer en coche aprovechamos que lo teníamos y subimos rápidamente para tener unas vistas tremendas. Ya sudaríamos la gota gorda haciendo otras caminatas en los días siguientes. 


Vistas desde la cima del Mt Douglas
Otro lugar fue uno recomendado por una pareja que nos encontramos y nos recomendó lugares como el anterior y Finnerty Gardens, unos jardines preciosos y gratuitos que poco tiene que envidiar a los Butchart Gardens, al cual se entra pagando bastantes dólares.

Otro lugar bonito cerca de Victoria es la entrada de agua Malahat -Malahat Inlet-, Una lengua de mar que entra en tierra y que se puede observar muy bien desde su parte oeste, lo mejor es tomarte algo en su restaurante mirador y tener vistas como las de aquí anbajo. Por esta carretera hay varios iradores, las vistas son inmejorables y no hay que hacer ningún esfuerzo.




Juan de Fuca Trail


Esta caminata de 47 km por la costa pacífica de la isla se presentaba como un reto para nosotros. Decidimos elegir esta caminata en lugar de la mundialmente conocida West Coast Trail porque cuesta mucho menos dinero, no hay que reservar con antelación y es muy recomendada y similar. No había más que hablar.

Nos preparamos bien el día anterior haciendo las compras y preparando lo que iba a ser la ruta. Lo haríamos en 3 noches y cuatro días, o ese fue plan inicial. Pedimos un mapa en el centro de información de Sooke con el perfil de la ruta y nos sentamos en con un café a discutir las etapas. La ruta dispone de diferentes campamentos donde poner tu tienda de campaña y es recomendable planearlo con antelación por el tema de mareas, algo a tener muy en cuenta si no te quieres quedar atrapado. Lo de las mareas es algo que hay que tener bajo control y por suerte las horas de las mareas bajas eran ideales para nuestro planes, nos dieron una tabla muy útil en el mismo centro de información.

Para salir bien temprano decidimos ir a dormir en el coche en el mismo parking del inicio de la ruta Juan de Fuca. Dormir en el coche era ya rutina para nosotros, en los Estados Unidos lo tuvimos que hacer a menudo.

El trail se puede hacer en dos direcciones. En nuestro caso elegimos la opción de empezar en China Beach y terminar en Botanical Beach (de sur a norte), o sea, de lo más difícil a lo más sencillo. Algunos prefieren hacerlo al revés, eso ya depende de la persona.

El primer día sería el más duro y largo, nos veíamos con fuerzas y fuimos ambiciosos. No todo iba a ser tan fácil como habíamos pensado. La ruta estaba llena de obstáculos, de subidas y bajadas continuas y con zonas de barro que nos retrasaban mucho en nuestro ritmo. Los primeros 9 km fueron relativamente bien pero los 12 km siguientes fueron un reto, estábamos hablando de la parte más difícil de toda la ruta. Teníamos claro que no iba a ser ningún paseo en el parque y con el peso de nuestras mochilas cargadas de comida y cosas para acampar se iba a hacer más duro con el paso de los días. Los últimos km se presentó un problema, mi rodilla derecha dijo basta.





No sé si por un paso en falso o qué pero de repente cada paso que daba con esa pierna era un infierno, la rodilla estaba bien jodida. Llegamos a las 7 de la tarde al campamento, bastante más tarde de lo que habíamos planeado. Con la maltrecha rodilla los últimos km se hicieron larguísimos. Llegar a esa playa nos supo a gloria, la parte más difícil estaba hecha pero a un precio muy caro. Confiaba que durante la noche mejorara y pudiéramos continuar al día siguiente. Acampar en la playa siempre es un placer y allí encontramos un lugar protegidos por troncos donde disfrutamos de un atardecer precioso, el tiempo estaba siendo el mejor posible. Tras caer la oscuridad y cenar, caímos rendidos, había sido un día duro y necesitábamos descansar.




Cuando nos despertamos el segundo día notaba como mi rodilla respondía mejor así que decidimos seguir adelante. Afrontábamos una etapa considerada como difícil.
Los primeros kilómetros pegados al mar fueron bien pero con el paso del tiempo mi rodilla volvió a fallar, esta vez antes de lo previsto. Decidimos que nos íbamos a quedar en un campamento que no estaba en los planes, este segundo día solo haríamos 7 km lentos por la dificultad del terreno y mi rodilla. Las vistas iban mejorando kilómetro a kilómetro, ¡vaya maravilla!


Empezando el día

Perrine iba en cabeza todo el rato y yo intentaba seguir como bien podía, llevaba dos palos que encontré por la ruta que ayudaron mucho para apoyar menos esa pierna. Llegamos a eso de las 2 de la tarde a Sombrío Beach donde disfrutamos del buen tiempo que estaba haciendo. 
No hicimos nada más, me tumbé en la arena esperando que la rodilla tuviera tiempo suficiente para descansar y recuperarse, a partir de ahora la ruta iba a ser menos dura y quizás la rodilla no sufriría tanto. La verdad es que por una parte me alegré parar allí antes de tiempo, a veces hay que detenerse y disfrutar de lo que tienes alrededor sin prisas, sin bullas. Un lugar así lo merecía.


Vistas de nuestro segunda noche

Cuando nos levantamos el tercer día la cosa fue mejor de lo que pensaba. Apenas notaba molestia en la rodilla y podía andar relativamente bien. De todas formas no podía cantar victoria, había muchos kilómetros por delante, solo habíamos hecho 28 de los 47 km.
Con el paso de los kilómetros mi rodilla iba sorprendentemente bien, ahora era Perrine la que tenía que seguir mi ritmo mucho más rápido. Aún así, la zona de obstáculos y de barro no era nada fácil de pasar, a veces el barro hacía que tuvieras que hacer virguerias para poder seguir, averiguártelas para no meter la pata (nunca mejor dicho). El paisaje en esta etapa era bastante más bonito que las anteriores, los paisajes rocosos del océano son espectaculares, pura naturaleza.


Parada de almuerzo con vistas
Llegamos al campamento de la tercera noche sin problemas tras 13 rápidos kilómetros, podía decir que mi rodilla se había recuperado por arte de magia, el largo descanso del día anterior me había venido de perlas. Este lugar para acampar ya no era en la playa, esta vez estábamos metidos en el interior. Cada campamento tiene una caja metálica contra osos para meter toda tu comida, cremas y todo lo que pueda oler para evitar atraerlos. Toda esta zona es muy frecuentada por osos negros, por suerte o desgracia no vimos ninguno aunque alguien nos dijo que si vio en la misma arena de la playa. Lo que recomiendan es siempre hacer ruido para evitar un encuentro fortuito, cuando no hablábamos entre nosotros Perrine se ponía a cantar, con su alto tono de voz seguro que espantó a más de uno.





El último día iba a ser pan comido, solo nos quedaban 6 kilómetros para llegar al final de toda la ruta, el final estaba cerca. A través de un frondoso bosque y playas idílicas llegamos a Botanical Beach.  El cartel decía kilómetro 47 ¡Lo hemos conseguido!



The end...¿o no?
Ahora se nos presentaba otro asunto que resolver. Habíamos pensado hacer autostop para volver a nuestro coche por una carretera que nos devolvía al inicio de la ruta. Para ello tuvimos que caminar hacia el pueblo más cercano situado en Port Renfrew, a algunos kilómetros más. En nuestro camino, con el dedo levantado, paró un todoterreno. Una sonriente mujer nos ofreció un asiento mientras quitaba cosas y las ponía en el maletero. Trataba de una familia de 4, el padre de Bolivia, ella de la India y sus dos hijos menores de 12 años. Por suerte se dirigían hacia China Beach, donde nosotros teníamos nuestro coche pero antes nos ofrecieron comer en su bungalow que tenían alquilado en Port Renfrew. Con el hambre que llevábamos tras 4 días comiendo noodles y fajitas no podíamos negarnos. Su bungalow en plena costa tenía unas vistas de escándalo y comimos de escándalo, ¡vaya suerte la nuestra!

Al llegar a nuestro coche condujimos directos hacia Victoria en busca de un hotel para descansar del palizón, teníamos que seguir visitando lugares por la isla.


Port Alberni y Sproat Lake


Este día sería de mucho conducir, nuestra intención era llegar desde Victoria hasta Uclelet pasando por Port Alberni. No venía mal para descansar las piernas y ver el paisaje a través del parabrisas del coche.

Port Alberni se encuentra en mitad de la isla pero está comunicado por agua en una de sus entradas de océano desde donde incluso se puede tomar barcos, muchos de ellos te llevan a Port Renfrew.. Esta bonita ciudad isleña está rodeada de maravillas naturales. Su gran pico nevado Arrowsmith Peak se presenta a las espaldas mientras las montañas y el inlet decoran al otro lado de la ciudad, uno ya no sabe hacia donde mirar sin estar sorprendido por las bonitas vistas.


Es una ciudad que lo tiene todo así que aprovechamos para comprar en el supermercado más barato del país llamado No Frills y compramos para los días que nos quedaban en la isla.

Lo más destacado de la ciudad es irse a la zona de donde salen los ferries. Allí hay una plataforma con escaleras a la que te puedes subir y tener unas buenas vistas del inlet, la ciudad y las montañas de alrededor. A parte de eso, poco más, lo mejor está ahí afuera.

Cerca de la ciudad existe un lugar donde se pueden ver unos curiosos petroglifos y disfrutar del gran y bonito Lago Sproat. Para llegar a ellos caminamos un par de kilómetros junto al lago, allí hay una plataforma flotante (que estaba medio hundida cuando llegamos) desde donde se pueden ver estos petroglifos de los first nations (es como llaman en Canadá a los indios indígenas)




Uclelet y su Wild Pacific Trail


El camino de Port Alberni hasta Uclelet es uno de los mejores que hicimos en la isla. El camino va entre grandísimos picos nevados a los dos lados de la carretera y lagos interminables.


La localidad de Uclelet se encuentra en pleno Océano Pacífico, una ciudad con nombre indígena no muy lejos de la popular ciudad de Tofino, Uclelet es famosa por sus playas para hacer surf, su ritmo más relajado que Tofino y su costa salvaje donde se puede realizar una larga caminata. Esta caminata es conocida como la Wild Pacific Trail, creo que el nombre ya dice mucho en sí. 

Al quedarnos solo la tarde (habíamos estado todo el día conduciendo y viendo Port Alberni) hicimos solo un tramo del susodicho trail. La costa está salpicada por rocas e islitas por todos sitios. Es una caminata muy fácil de hacer y las vistas bien merecen la pena. 

Esa noche dormiríamos en un camping llamado Surf Junction Campground por 25$ con jacuzzi comunitario incluido, estuvimos en remojo toda la tarde junto a un grupo de jóvenes suferos.


Wild Pacific Trail
Al día siguiente decidimos hacer el resto del Wild Pacific Trail, nos quedaban aún unos cuantos kilómetros para echar toda la mañana. Para nuestra sorpresa, el paisaje en la costa estaba bajo una intensa niebla que no permitía ver dos metros allá de nuestras narices, con estas limitadas vistas el paseo no fue lo mismo... es la típica niebla que se crea en la costa del Pacífico Norte. 



Añadir leyenda

 

Tofino no... Cooms y Parksville sí

 

Tofino es uno de los lugares para venir de vacaciones más populares de toda la Isla de Vancouver. Eso traía consecuencias fatales para nosotros, todo lo que se podía hacer en esta ciudad costera costaba un riñón y si en Tofino no pagas para hacer alguna actividad, hay muy poco que puedes hacer a parte de disfrutar de las vistas de su maravilloso entorno. Incluso coger algún transporte a la isla de al lado de Meares Island cuesta un pastizal. Con tal panorama nos conformamos con deambular por la ciudad, beber café, comer comer donuts y disfrutar de las vistas. Lo siento Tofino pero no eres para nosotros. Estoy seguro de que si se hacen las actividades que se ofrecen seguro que te lo pasas pipa, el entorno es una pasada.

Tofino
Vistas desde Tofinoi
Centro de Frist Nations de Tofino
Saliendo de Tofino a la mañana siguiente para volver a Nanaimo hicimos varias paradas como la del Lago Kennedy, un refrescante lugar con unas vistas relajantes para empezar el día. 


Lago Kennedy
La siguiente parada fue en un bosque con árboles gigantes cerca ya de la ciudad de Parksville.



Antes de llegar a Parksville hicimos una parada más en una pequeña y acogedora localidad llamada Coombs. Lo más curioso de esta localidad es que en los tejados de sus casas hay cabras, sí, como lo oyes. Estas cabras están ahí porque tienen hierba en los tejados y estas están ahí comiendo sin parar, curioso cuanto menos. Por el resto este pueblecito merece la pena una parada para visitar su mercado con productos de todo el mundo y sus encantadoras calles (muy pequeñito). 


Las casas de Coombs
Nuestra última parada del día sería en la ciudad de Parksville, un lugar costero muy tranquilo donde aprovechamos de su Tim Hortons y de su bonita costa. Los 10 días habían volado, la verdad es que el Juan de Fuca Trail se comió 4 de ellos así que no nos quedó mucho más para el resto, aún así lo disfrutamos mucho, esta isla es una autentica maravilla. 

A la mañana siguiente devolvimos el coche en Nanaimo y volvimos a Vancouver para seguir viajando por la zona... ¿a donde iríamos esta vez?


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