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4 de octubre de 2016

Vancouver, una puerta a la naturaleza salvaje


Empieza una nueva etapa en nuestro viaje. Ya habían pasado 3 meses que dieron mucho de sí conociendo gran parte de la costa oeste de los Estados Unidos, no habíamos parado desde entonces. Para Canadá llevábamos la Working Holiday Visa, es decir, teníamos la oportunidad de trabajar por el país mientras viajábamos para así tomárnoslo más tranquilo, hacer slowtravel aunque a veces nos resulte difícil estar parados. Habíamos planeado unos 5 meses o medio año en los que trabajaríamos dos de ellos. El viaje por estos dos países no se hace nada barato y teníamos que recuperar una parte para seguir viajando por el resto del continente americano.
Vancouver sería nuestra adaptación al país, pasaríamos una semana en ella. Conoceríamos una de las ciudades más famosas y grandes del país y arreglaríamos todos los papeles que teníamos que tener en regla para poder trabajar, lo mejor es tenerlo preparado desde el principio, no íbamos a ver ciudades como Vancouver muy a menudo en esta parte del país.

Semanas antes habíamos contactado con Ryanom a través de couchsurfing, un chico brasileño que lleva algunos años trabajando y viviendo en Vancouver, en la parte de Burnaby para ser exactos.  
Nos había aceptado como inquilinos en su apartamento y tras coger el tren desde el aeropuerto aparecimos en su casa. Ryanom nos recibió con los brazos abiertos y nos enseñó lo que iba a ser nuestra casa durante una semana. No tardó mucho en mostrarnos su faceta de artista aunque pasara un momento difícil con la reciente separación de su mujer y un hijo recién nacido. 

Nuestra cama
Necesitaba compañía y nosotros se la ofrecimos todo lo que pudimos. Su horario de trabajo era nocturno y de día no se levantaba hasta bien tarde así que tampoco es que nos viéramos mucho.
Al día siguiente nos fuimos al centro de Vancouver para empezar a conocer la ciudad y a "arreglar papeles" como el número SIN (seguridad social), una cuenta del banco con Scotiabank y sacarnos una tarjeta SIM (la mejor opción fue Virgin Mobile).

El centro de la ciudad se encuentra como en una clase de isla y moverse por ella es fácil teniendo como guía el agua que la rodea. Las vistas desde la parte más alta de la ciudad son muy bonitas, en los alrededores de la ciudad se pueden ver como se alzan las montañas, algo que siempre me gusta ver en una ciudad.  

Pájaro no identificado en Vancouver centro



Anduvimos por sus calles más céntricas donde se concentran sus edificios más altos, una especie de NY sin llegar a serlo, con calles comerciales llenas de gente como Grandville Street o Homer St y la parte que da al mar donde se ven los hidroaviones, el curioso Digital Orca, la llama olímpica y donde se encuentra el Canada Place, uno de los rincones más bellos de la ciudad. Por la zona del Gastown se encuentra el famoso reloj que echa humo, bares, muchos restaurantes y tiendas de souvenirs y poco poco más adelante se encuentra su deprimente Hasting Street donde todos los sin techos y drogadictos de la ciudad se reúnen. Da grima pasar por allí, se ve de TODO, no sé como lo pueden permitir en pleno centro de la ciudad, en fin... 





El famoso reloj humeante de Gastown

Tuvimos que tomar esa calle para llegar al barrio de Chinatown, como siempre, un placer pasear por las calles chinas que te hacen teletransportar a China por un rato. Aprovechamos para comer por allí (con un plato pueden comer 2) y visitar el jardín chino llamado Dr. Sun Yat-Sen, todo un remanso de paz. También anduvimos por la viva parte Yaletown, siempre lleno de gente vayas por donde vayas.



Vancouver empezó a existir con un bar de copas que fue abierto por "Gassy" Jack en un asentamiento que originalmente se conoció como Gastown (actualmente el barrio se sigue llamando así) allá por el año 1867, derivado de la expresión de la era victoriana "to gas" que tiene el significado de una persona que habla mucho como así bien se le conocía.  Un alcohólico charlatán británico de Hull que hizo alcohólicos a otros tantos a su alrededor ya que propuso que si el bar lo construían en un día los trabajadores tendrían barra libre de whiskey. El bar serviría sobre todo para los marineros y trabajadores del aserradero de la entrada del mar Burrard que paraban para tomarse algo.

Estatua de Gassy Jack en Gastown
Poco después, en 1970, el asentamiento se amplió gracias a las obras del ferrocarril que unirían Canadá de costa a costa y que daría hogar a los trabajadores, asentamiento que se le conocería como Grandville Townville.
Con el paso del tiempo la ciudad se fue construyendo entorno al bar y Grandville fue poco a poco creciendo hasta que se la llegó a considerar ciudad. Aún así, la ciudad debe su nombre al señor George Vancouver, un explorador británico líder en una misión española que hizo tratos amistosos con los indígenas (a cambio del villano James Cook que los asesinaba por muchos territorios que descubriera, no fue ningún santo), no les gustó la idea de tener el nombre de un borracho de un bar y dieron el honor al explorador británico. Hay que decir que Vancouver no fue el primero en explorar la zona, ese título se lo lleva el español Jose María Narvaez que llegó a través de estrecho de Georgia y que ya había puesto nombre a muchos accidentes geográficos.

Una cosa que me llamó mucho la atención de Vancouver es la gran cantidad de asiáticos que se ven por sus calles. A veces me hacía preguntar si nos encontrábamos en Canadá, en China o Filipinas. Sobre todo en barrios como Richmond o Burnaby, algo desmesurado.
No has estado en Vancouver si haber pisado su famosísimo Stanley Park, un parque gigantesco en el norte de la "isla" donde lo típico es alquilar un bicicleta para recorrertelo. Las vistas desde el parque hacia la ciudad y sus alrededores son espectaculares. Un pulmón verde que más bien parece un parque nacional, por él tiene rutas, museos, playas y mucho más para echar un buen día. 

Playa en Stanley Park


Nosotros elegimos la opción de visitarlo en bicicleta alquilada (primera vez que lo hacemos en este viaje). Hacía muy buen tiempo y el parque estaba a rebosar, tuvimos bastante suerte con el tiempo de Vancouver que tiene fama de ser muy lluvioso, se nota que la primavera llegaba fuerte.






Otro de los lugares importantes para visitar en la ciudad es la Isla Grandville, un mercado cubierto muy visitado donde tienen puestos de comida, fruta, verdura, pescado entre otras cosas aunque la verdad sea dicha, a un precio de locos. A pesar de lo caro que es, es un buen lugar para disfrutar del ambiente y de las vistas hacia el skyline de Vancouver.




En el día libre de Ryanom nos llevó a su zona favorita de la ciudad, nos fuimos a English Bay, una playa en la parte oeste de la isla donde la gente viene a hacer deporte o a sentarse en el césped tranquilamente. Nosotros compramos un kebab para llevar y elegimos la segunda opción de césped con vistas de la bahía. Por allí es por donde entran los grandes barcos de carga, algo que impresiona. ¡La vista desde allí es espectacular! Para cenar fuimos a un restaurante brasileño, donde él estuvo trabajando algunos meses, y probamos algunos platos típicos de su país, buenísimo todo. Pero lo mejor lo guardó para la noche, sacó sus botellas preciadas de Cachaza (bebida típica y muy fuerte brasileña) y jugando a las cartas nos dieron las tantas de la madrugada (el que perdía bebía).

English Bay

Otro de los días fuimos en la orilla del frente al sur de la isla donde se encuentra el Charleston Park, para mí, uno de los mejores lugares para ver el skyline de Vancouver. Caminamos todo ese paseo marítimo hacia el oeste hasta Quebec Street donde se encuentra uno de los edificios más representativos de la ciudad, una bola donde se encuentra el Centro de las Ciencias Kaleidoscope.






Una semana fue suficiente para arreglar todo y relajarnos en esta ciudad que tiene de todo, es imposible aburrirse en Vancouver, las opciones son infinitas. Con sus zonas locas de edificios gigantescos y repletas de gente y la tranquilidad de sus grandes parques y montañas que casi se pueden tocar para hacer hiking o relajarse. Esto es Canadá, un país que significa naturaleza salvaje, y de eso, nos moríamos de ganas. Nuestro siguiente paso era ir a la Isla de Vancouver, uno de los lugares que los canadienses utilizan para ir de vacaciones. Será por algo, ¿no?


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