15 de diciembre de 2016

Cómo hicimos 8000€ trabajando 2 meses con la WHV en Canadá



Con este artículo os quiero contar cómo hicimos 4000€ por persona con todos los gastos pagados trabajando en Canadá durante dos meses gracias a la Working Holiday Visa. En qué consistía nuestro trabajo y las condiciones de vida que teníamos en un pueblo que se encuentra en mitad de la Alaska Highway, donde viven más osos y alces que personas. Una situación con la que nos encontramos sin buscarlo y que salvó nuestra economía después de la mala noticia de nuestro coche. Era el momento ideal para utilizar la WHV que habíamos conseguido hace algunos meses.
 

Working Holiday Visa  

 

 

Primero os voy a comentar en qué consiste todo esto de la Working Holiday Visa.
La WHV es un visado que se aplica a través de la página web del gobierno canadiense con el que tienes el derecho de viajar y trabajar libremente por el país. Cada año se abren unas 800 plazas para los españoles a las cuales puedes aplicar si cumples algunos requisitos como el de no tener más de 35 años, ser residente en España o disponer de unos 2.500 dólares en el banco a la hora de entrar al país (a nosotros no nos lo pidieron). Parece que para las plazas de este año que entra te piden también tus antecedentes penales así que infórmate bien..

Una vez pasado todo el proceso de las 'pools' (un tipo de sorteo entre la gente que cumple los requisitos) y conseguida la plaza (si tienes esa suerte) puedes utilizarla durante un año y el visado cuenta desde el momento que pisas suelo canadiense.



Seguro de viaje



Otro de los requisitos que pueden reclamar y que es un imprescindible si quieres venir a Canadá es hacerte con un seguro de viaje.

¿Te imaginas que tienes un accidente o te pones enfermo estando en Canadá? Sería tu ruina total, el precio del cuidado médico en este país es desorbitado al igual que en otros países. Tener un seguro es imprescindible a la hora de viajar. Si no te parece, mira lo que me pasó hace tres años estando por Indonesia.

Existen muchas compañías que te aseguran mientras estás de viaje pero no hay muchas especializadas en la rama de los que viajan con una Working Holiday Visa, ya sea a Canadá, Nueva Zelanda o Australia. Una empresa que sí está especializada en los Working Holiday Visa es Chapka y su reputación es de las mejores en el mercado de seguros de viajes internacionales. Además es una opción barata. Os dejo este link donde se puede contratar sus servicios.

Hacernos con la Working Holiday Visa para Canadá fue uno de los principales motivos para lanzarnos a la aventura. Nuestra ambición de ver América se basaba en recuperar el dinero gastado en el viaje por Estados Unidos y Canadá, países nada baratos que harían mella en nuestra cuenta del banco. Encontrar un trabajo durante algunos meses era una de las misiones que teníamos mientras viajábamos y conocíamos algunas partes de este gigantesco país.

Es un país con muchas oportunidades para gente que busca trabajos esporádicos. Los más comunes pueden ser: trabajar en un hotel o recoger fruta como cerezas o uvas, según en la temporada que te encuentres. Otros trabajos pueden ser de recolector de champiñones por el Yukon (donde se hace mucho dinero pero es un trabajo duro) o si tienes suerte, trabajar en algo aplicando tus conocimientos o experiencia laboral, aunque eso sea algo más complicado. En grandes ciudades como Toronto, Vancouver o Monrtreal hay otras muchas oportunidades para la gente que les guste quedarse en una ciudad. Suelen pagar mejor en provincias más al norte como el Yukon o Northern Territories y la experiencia es única ya que no hay mucha gente por allí a la que contratar.

No hay mal que por bien no venga


Con un coche roto (junta de culata) y una oferta de trabajo nos plantábamos en Toad River. Todavía no sabíamos bien donde nos habíamos metido. La oferta de trabajo que nos hizo Matthew, el dueño del Toad River Lodge, cuando nos dieron el diagnóstico de nuestro coche, nos pilló descolocados. La oferta nos vino que ni pintada y fue irrechazable en nuestra situación. Enviamos un email al trabajo que teníamos planeado empezar en Revelstoke para declinarlo explicando nuestra situación la cual entendieron sin problemas.

Nuestra idea de comprarnos un coche para viajar y venderlo al final del viaje por Canadá (como tan bien nos salió en Nueva Zelanda) fue un tiro que nos salió por la culata en toda regla (nunca mejor dicho). A penas llevábamos tres semanas viajando con el coche cuando se rompió en mitad de la Alaska Highway yendo de camino a Revelstoke. Allí teníamos un trabajo con bastantes peores condiciones de las que nos ofrecían en Toad River. Pagaban menos por hora, eran menos horas de trabajo y no incluía alojamiento ni comidas. La diferencia podía estar en miles de dólares. Que se nos rompiera el coche tan gravemente fue uno de los golpes más bajos del viaje, ahora tocaba recuperar y Toad River era el mejor sitio para ello. Arreglarlo y gastarnos más o menos el dinero de lo que nos costó comprarlo no tenía sentido alguno, íbamos a perder dinero fuera como fuere.

Toad River, un lugar en mitad de la nada 



Toad River es un pueblecito que se encuentra en plena Alaska Highway, en lo más al norte de la Columbia Británica y cerca e la provincia del Yukon -o Yucón-. Es una especie de pueblo de apenas 60 habitantes que vive del lodge y de la naturaleza. La ciudad más cercana que tiene para ir de compras, ir al banco u otros servicios básicos, se encuentra a dos horas y media en coche y se llama Fort Nelson, y tampoco es que sea gran cosa. A tres horas al norte se llega a Watson Lake


Toad River Lodge
Toad River y su aeropuerto de avionetas
Podíamos decir que estábamos en medio de la nada, donde no teníamos la oportunidad de gastar el dinero que ganábamos trabajando -aparte de alguna de nuestras escapadas a Fort Nelson donde compramos algunas cosas que echábamos de menos- lo demás fue todo directamente a la hucha. Si Watson Lake tiene una colección de señales de lugares de todo el mundo, Toad River tiene una colección de gorras que llena todo el techo del lodge, gorras que deja gente procedente de todo el mundo, curioso de ver cuanto menos.

La colección de gorras dentro del restaurante que hace parar a muchos turistasón

 

Nuestras condiciones de trabajo


La oferta de trabajo de Matthew consistía en trabajar 6 días a la semana, 8 horas al día más posibles horas extras, las cuales hacíamos con gusto, cuanto más horas mejor.. El alojamiento y todas las comidas incluidas (desayuno, almuerzo, cena con postres (buenísimos) y dos bebidas al día (coca-colas, red bulls o incluso frapuchinos de Starbucks)

Para comer podíamos elegir entre cocinar en nuestra cocina de la caravana cogiendo lo que nos hiciera falta de la cocina del restaurante o ir al restaurante donde las filipinas nos pondrían algo de la carta gratuitamente. Al principio íbamos siempre al restaurante porque era lo más cómodo para nosotros pero cuando veíamos que había demasiados clientes pidiendo cogíamos cosas de la cocina y la nevera y nos hacíamos la comida en nuestra caravana. También acabaríamos hartos de tanta hamburguesa y cosas fritas del restaurante.
 
Para dormir nos dieron una caravana (el trailer) que se encuentra en la zona donde se ponen todos los mobilhome que paran para pasar la noche en su viaje por la larga Alaska Highway. Cada día teníamos un vecino diferente

Teníamos todo lo que necesitábamos: cocina, baño, dos cuartos y hasta televisión. Fuera de la caravana teníamos un terreno con césped, mesa y barbacoa para cocinar o calentarnos con el montón de madera cortada que teníamos al lado. Aunque fuera verano, las noches y mañanas eran frescas. También nos gustaba por la compañía que hace una hoguera.

Madera para mantenernos calentitos

Nuestra caravana, nuestra casa durante dos meses
Algunas tardes calentábamos nubes para comérnoslas con chocolate y galleta, ¡vaya delicia!
Nuestra tarea consistiría en encargarnos del bienestar y limpieza de las 16 cabinas de madera que hay junto al bonito lago de Reflection Lake entre otras tareas de mantenimiento general del lodge o ayudar en la cocina del restaurante donde trabajaban nuestras compañeras filipinas. Los jueves los teníamos de descanso.


Las cabinas con vistas al lago
Cada site de caravana o tienda de campaña tenía un logo diferente

En total éramos 11 componentes: los dos jefes canadienses, Matthew y Daryl, 6 filipinas, una canadiense de Manitoba, nosotros dos y Mac, el perro de Daryl de 16 años que siempre andaba dando vueltas por el terreno. El primer día de trabajo lo haríamos con Luth, una de las filipinas que nos explicaría lo que teníamos que hacer: cómo limpiar las cabinas, cómo hacer para lavar las sábanas y cosas que necesitábamos saber para hacer el trabajo por nosotros mismos.

Mac, la mascota de 16 años de Toad River
Tras el desayuno, empezaba el día a eso de las 8 de la mañana. Primero íbamos a la base para coger todo lo que nos haría falta y ponerlos en unos carros con ruedas. Sábanas, productos de limpieza, bolsas de basura, escoba y fregona. Luego íbamos a recepción para saber qué cabinas habían quedado vacías para entrar a limpiar o cuáles se quedaban una noche más. Lo malo era cuando llovía, entonces teníamos que poner bolsas grandes negras para evitar que se mojaran las cosas, a veces era complicado trabajar así. Los días de mucha lluvia eran nuestro peor enemigo.
 
Trabajo con vistas, con estos carros íbamos de cabina en cabina
Primero sacábamos todas las sábanas para ponerlas a lavar y luego íbamos una por una limpiando todas las cabinas. Hacíamos turnos: en una cabina hacia yo las camas y Perrine el cuarto de baño y en la próxima cabina hacíamos al revés. Los demás lo hacíamos entre los dos (barrer, fregar; poner café, azúcar limpiar la cafetera; poner toallas nuevas y jabón)

El trabajo en sí no es duro, estábamos los dos solos y podíamos llevar el ritmo que quisiéramos mientras hiciéramos a tiempo y bien nuestro trabajo. Con el móvil escuchábamos música, teníamos mucha libertad. Algunos días teníamos que hacer todas las cabinas con lo que teníamos que correr mucho para tenerlas todas a punto para el check-in, era en esos días en los que echábamos las horas extra y había un poco de estrés. Algunos días apenas eran 6 o 7 cabinas con lo que nos lo podíamos tomar con más tranquilidad limpiando más en profundidad. Si nos quedábamos sin trabajo hacíamos otras tareas como ordenar en la base o pintar las cabinas, siempre había algo que hacer.

Cada vez que abríamos una cabina era una sorpresa diferente. No sabías qué se podían haber dejado o si teníamos propina. Al final de cada día siempre teníamos algo como comida sin abrir en la nevera o alguna propina, la media estaba en unos 10 dólares canadienses al día, no está mal. Al final hicimos recuenta de la hucha de las propinas y nos llevamos una alegría.

La propina de los dos meses de trabajo

Trabajando en una de las cabinas

Perrine en una de las cabinas

Álvaro en una de las cabinas
Nuestra relación con los compañeros era bastante buena pero el ambiente en general no era el mejor. Todo era debido a que había un grupo de filipinas que no se llevaban bien con Lea, otra filipina, y esa tensión se notaba en el ambiente. La canadiense del grupo tampoco se sentía muy aceptada en el grupo de filipinas y siempre andaba un poco aparte, casi siempre acudía a nosotros para echar un rato hablando. Nosotros, sin embargo, nos llevábamos muy bien con Lea, pareja de Matthew, uno de los jefes. Nos pareció una chica muy simpática y dulce que siempre tenía una sonrisa en la cara, pasamos muchos momentos con ella. Con el otro grupo también nos llevábamos bien. Con ellas aprendíamos francés con Perrine como profesora en algunas tardes muy divertidas..

Lea y Marie, dos de las filipinas trabajando en la cocina
Nos sentíamos un poco en medio de la guerra, a veces es complicado estar en una situación así pero lo llevamos lo mejor que podíamos, era una pena que a veces el ambiente fuera tan tenso.


La magia de Reflection Lake


Reflection Lake era el centro de todo. Este precioso lago es el culpable de que la gente pare aquí para echar la noche y seguir con la ruta. Lugar que atrae a fotógrafos de aves, es un lugar muy propicio para ello. Lugar que veíamos cada día mientras trabajábamos en las cabinas, era difícil no mirar hacia el lago y suspirar. Trabajar en un lugar tan bonito como este era todo un placer, encima hacíamos mucho dinero con ello.


Disfrutando de los atardeceres que nos regalaban los atardeceres de las 11 de la noche
Vistas desde Toad River
Los atardeceres en el lago eran mágicos. Parecía que cada día el cielo tenía un color diferente, ¡nunca hemos visto tanta variedad de atardeceres! A veces con un café o una botella de vino que había dejado algún cliente en su cabina nos íbamos a disfrutar del espectáculo.
 
El lago está habitado por muchas aves migratorias que paran aquí. También es lugar donde vienen los alces (moose) y muchos castores. Por suerte, los osos evitaban pasar por Toad River, aunque sí se veían por la carretera si conducías algunos kilómetros de allí.


El lago era un buen lugar para ver todo tipo de aves

Uno de los castores que habitan el lago
Un día, Lea, nos ofreció ir después del trabajo con su barca para dar un paseo por el lago. Pudimos conocer mejor el otro lado del lago ya que no se puede llegar caminando, allí es donde se encuentran los alces que toman su baño. Pudimos ver a uno desde muy cerca, su cara era todo un poema. Al ser hembra, no tenía esa cornamenta tan especial.





En un barco con Lea por el Reflection Lake

Otro de los atardeceres mágicos que nos regaló Toad River y su lago


Días libres y escapadas


Al no tener coche, nuestras salidas a los alrededores dependían de que alguien nos llevara. Fueron un par de veces las que fuimos a Fort Nelson ida y vuelta en el mismo día con Luth, eso significan 5 horas de conducir. Era necesario para comprar algunas cosas que no tenían en Toad River como miel para nuestro café o algunas patatas fritas, pequeños lujos que nos hacían felices. Aprovechamos también para comer alguna pizza y beber café y comer donuts en un Tim Hortons que hay allí, nada bueno, lo sé :). Fort Nelson no es ninguna maravilla, es más bien una ciudad fea que no tiene nada que ofrecer turísticamente hablando. Es habitada mayormente por los trabajadores de la refinería de petroleo. Una ciudad que está muriendo poco a poco porque acabaron con el negocio del petróleo. La población se ha reducido en más de un 50% en tan solo unos meses. Una ciudad que dicen que acabará siendo fantasma como siga así. Aún así, los supermercados y cadenas de comida importantes siguen allí, la pregunta es por cuánto tiempo, son muchos los negocios que están cerrando

Paisajes camino de Fort Nelson
Otra de las escapadas fue ir a las Liard Hotsprings. Unas aguas termales naturales famosas de la zona que se encuentra a una hora y media de Toad River. Fuimos en el coche con Lea y Helen, la canadiense mayor del grupo. Me pareció un buen lugar, unas termas naturales muy calientes que te hacen sentir como si estuvieras en medio de la naturaleza salvaje pero con las facilidades necesarias como vestuarios y lugares para sentarse. Un buen lugar para relajarse con sus aguas calientes rodeadas de vegetación.
 
Liard Hot Springs

Algunos días salíamos con las filipinas a visitar lugares de alrededores
De camino vimos de nuevo las vistas maravillosas de Muncho Lake, una pena que no tuviéramos coche para venir a hacer senderismo por aquí. Como de costumbre, vimos osos y búfalos aunque lo mejor fue ver al caribú (reno canadiense), animal que se nos resistía y que conseguimos 'cazar' con nuestra cámara.

Alaska Higjway a la altura de Toad River
Nuestro primer caibú

Despedida de Toad River y de nuestro coche


Nos podíamos haber quedado más tiempo trabajando, la temporada de verano aún no había terminado del todo aunque sí que había bastante menos trabajo. Debíamos de avanzar, teníamos muchas ganas de visitar la provincia de Alberta y sus Montañas Rocosas. El último día prepararíamos una cena de despedida a la española con tortilla de patatas y sangría... mucha sangría. Allí estaban todos, incluso algún vecino de Toad River que conocíamos de ver por allí y con el que fuimos el día anterior a Fort Nelson para llevar nuestro coche al desguace, nos llevamos 0 dólares por ello... debíamos de pasar hoja aunque doliera tanto.

Nuestros dos meses pasaron muy rápido. De repente estábamos haciendo la maleta para salir hacia nuestro siguiente destino. Tiempo de despedidas, la parte más triste de viajar, sobre todo cuando convives con ellos dos meses. Lea nos dejó un regalo (lo escondió en unos chocolates que nos dio y nos daríamos cuenta varios días después) como también lo hicieron Myles, Sharmaine y Marie. 

Comida de despedida a la española
Alberta nos esperaba...a miles de kilómetros, el cómo llegaríamos os lo cuento en el próximo post.


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