16 de enero de 2017

Puerto Vallarta, abriendo la puerta hacia América Latina


A nuestras espaldas llevábamos ya tres meses en Estados Unidos y cinco en Canadá, se dice pronto pero fueron meses en los que hemos hecho de todo. Por fin empezábamos nuestro esperado viaje por Latino América, con casi 50 países en nuestro currículum viajero, ninguno había sido en un país de habla hispana. Iba a ser extraño estar rodeado de gente hablando español sin estar en España, no me lo podía imaginar bien. Ya habíamos practicado suficiente inglés, ahora tocaba 'aprender español'. ¡México, allá vamos!

Volábamos con Alaska Airlines desde Nueva York a Puerto Vallarta a través de Seattle utilizando nuestro bono de 800$ que nos habían regalado meses atrás por coger un vuelo más tarde que teníamos para ir a Vancouver debido a un overbooking. Llegamos a México sin gastar en aviones.

Puerto Vallarta fue el lugar ideal para empezar nuestra ruta por este país. El estado de Jalisco es uno de los mejores lugares donde uno puede empezar un viaje por México. El estado del mariachi y el tequila, o sea, de las cosas que más identifican al país. Teníamos 33 días para llegar hasta Cancún poco a poco desde donde teníamos un vuelo para ir hasta Cuba. Para acostumbrarnos al país dimos en la diana. Puerto Vallarta es un lugar de vacaciones por excelencia, tanto para extranjeros como para locales. es el punto caliente de la costa pacífica del país. Su centro histórico colonial, su rica gastronomía, su malecón y sus Islas Marietas son las cartas que nos mostraron que deseábamos conocer a fondo. Un destino tanto para gente de resorts de pulserita como para mochileros, el presupuesto es ajustable para todo tipo de bolsillos, sobre todo en México, uno de los países más baratos de América Latina.


Para llegar al centro histórico (zona malecón) desde su aeropuerto solo tuvimos que caminar un poco hasta la carretera principal, ignorando a todos los taxistas que nos ofrecían sus servicios por precios desorbitados. Lo que se paga en Puerto Vallarta por el bus urbano es de 7,5 pesos mexicanos, en el momento de llegar a México 1€ tenía el valor de 22 pesos, después de estar en países tan caros nos sabía a gloria. El viaje no fue largo pero con las mochilas en medio y el bus llenándose fue un poco agobiante.

Hostal Central

Un mexicano nos avisó de que estábamos cerca del malecón así que nos bajamos inmediatamente. Teníamos que buscar nuestro alojamiento, el cual se encontraba muy céntrico y cerca de donde nos encontrábamos, no tardamos mucho en encontrarlo.

El lugar donde nos alojaríamos unas 3 noches es Hostal Central, el lugar de los backpackers en Puerto Vallarta. Una chica llamada Yelina nos recibió con los brazos abiertos y tras algunos consejos nos acomodó en nuestras camas correspondientes. La impresión que nos dio fue la de un lugar ordenado, limpio y tranquilo. Como su nombre indica es un lugar muy céntrico y muy cercano al famoso malecón. Desde su terraza se puede ver la corona de su bonita catedral del centro histórico.
El lugar cuenta con WIFI en todo el edificio, cocina equipada y agua para beber, todo lo que necesita un backpacker.



Camas del dormitorio
Pared decorada por viajeros que pasan por el hostal
Terraza con vistas a la catedral
Ese día nos lo tomaríamos con tranquilidad, estábamos cansados de tanto vuelo y ajetreo. Saldríamos un rato a su malecón para cenar unos tamales (comida típica centroamericana hecha de maíz y rellena de pollo en este caso) que encontramos de una mujer que vendía en la calle por menos de 1€. ¡Nuestros primeros tamales de muchos! Cuando anocheció tras un precioso atardecer llegó una tormenta muy fuerte que hizo meternos de nuevo en el hostal. Por desgracia nos encontrábamos en temporada de lluvia.




Islas Marietas con Bahía Alegre




Estas islas fueron la puntilla para decidirnos por ir a Puerto Vallarta. Un lugar conocido por ser un paraíso para las aves y donde se pueden ver alguna especie como las hay en las mismísimas Islas Galápagos, como por ejemplo el bobo de patas azules. Otro de sus atractivos es su playa escondida que se encuentra en una de las dos islas que componen estas islas, sus nombres son Isla Larga e Isla Redonda. El grupo lo completan dos islotes llamados 'Los morros de los cuates'. Todas ellas son de origen volcánico que se sitúan en la llamada Bahía de Banderas y fueron nombradas reserva de la biosfera por la UNESCO en el año 2008. El hecho de que sea un área protegida y contenga tanta diversidad de vida animal acuática, subacuática y vegetal merece toda mi admiración y es una razón más que suficiente como para venir y visitar estas islas únicas de la costa pacífica mexicana.

Las islas habían sido cerradas al público a principios del año 2016 pero cuando llegamos recién habían empezado de nuevo con las visitas. Todo esto es debido al deterioro e impacto negativo que se estaba creando por la llegada masiva a diario de turistas los cuales dañaban seriamente al coral de la zona. Se decidieron por dejar al lugar sin turistas para que se regenerara un poco y empezar con un turismo más responsable. La visita a playa escondida se ha restringido drásticamente, una pena que no la pudiéramos visitar pero es algo necesario por el bien del futuro de estas islas y su ecosistema. 


Desde el Hostal Central nos fuimos muy temprano en bus hasta la zona de Marina Vallarta. Allí nos esperaban los chicos de Bahía Alegre, con los que haríamos el tour de un día por las islas, una de las compañías con mejor reputación en la ciudad. El barco saldría primero del puerto hacia Nuevo Vallarta, lugar que ya forma parte del estado de Nayarit, donde recogería a otros turistas de un hotel. En ese trayecto pudimos disfrutar del buen desayuno que nos ofrecieron. La comida mexicana ya nos había parecido mucho mejor que la norteamericana, estábamos ansiosos por conocer más de esta famosa gastronomía, disponíamos de 33 días para ello. 


Nuevo Vallarta
La sensación que teníamos navegando por el océano dirección a las islas era la de pura libertad, libertad de poder hacer lo que queríamos cuando queríamos, esa sensación única que se tiene especialmente viajando.

Desayuno en el barco de Bahía Alegre
¡México!
Alejándonos de Puerto Vallarta
Algunas eran las actividades que la tripulación del barco tenían preparadas para nosotros. Visitaríamos las dos islas, haríamos buceo con gafas y tubo, podríamos hacer paddle board, nos llevarían a una playa de una de las islas y a la vuelta tendríamos barra libre de alcohol.

De camino a las islas podíamos observar varios tipos de aves, sobre todo pelícanos, que estaban por todos lados. Entre otras aves pudimos observar sobrevolando sobre nuestras cabezas, los descarados cormoranes que aprovechaban el alboroto que causaba el motor del barco en las aguas para lanzarse empicados al mar. Es la forma que tienen para atrapar algunos peces que quedan cerca de la superficie. Un espectáculo digno de ser admirado. También pudimos avistar delfines a lo lejos en numerosas ocasiones, no había tiempo para el aburrimiento.

Las Islas Marietas al fondo
Delfines
Pelícano
Cormorán
El esnórquel fue bastante bueno, vimos diferentes peces de colores que andaban pegados a las rocas y los distintas especies coralinas que se veían por allí. Mientras buceábamos podíamos ver además a los bobos de patas azules posar en las rocas. Fue digamos el mejor momento del tour para mí, es un ave que tenía muchas ganas de observar y la tenía a tan solo un par de metros ante mis narices. Aunque fuera un poco, entró en mi cuerpo una sensación de Islas Galápagos que crearon unas ganas tremendas de visitar estas islas ecuatorianas, este pájaro en peligro de extinción solo se pueden encontrar en dos lugares del mundo, las Islas Marietas y las Galápagos. Una pena que no pudiera hacer una foto mejor del bobo, por una cosa o por otra no encontré el mejor perfil y cuando más cerca los teníamos fue haciendo esnórquel cuando con mi móvil no era suficiente.

Vida marina de las Islas Marietas

Una vez cerca de las islas el barco dio una vuelta para observar a las aves y verlo todo de más cerca, durante la vuelta Pedro de la tripulación daba información sobre las islas. Fue increíble ver la gran cantidad de aves que se concentraban sobrevolando la isla. Una zona de anidación, tránsito, reproducción y refugio para hasta 92 tipos de aves acuáticas y subacuáticas. Entre ellas se pueden ver al ya nombrado bobo de patas azules, golondrinas marinas gorriblancas, gaviotas reidoras (la mayor población de estas aves en el Océano Pacífico) o el bobo café.



Mi mejor foto del bobo de patas azules


Pasamos por la entrada a playa escondida -o playa del amor- pero no pudimos entrar a ella, es una playa muy restringida y solo los que pagan más saliendo desde Puerto Mita pueden acceder a ella. Anteriormente entraban cada día cientos de turistas a ella lo que ha provocado un gran impacto negativo en el equilibrio natural de la isla. Os dejo una foto para que os imaginéis como es esta playa. Se cuenta y se comenta que ese gran orificio que hay en la roca de la isla fue debido a prácticas militares por parte del ejercito mexicano pero es un rumor incierto, la razón verdadera de este fenómeno es el de la erosión marina con el paso de los miles de años. A cambio nos llevaron a otra playa en otra isla, no estuvo mal pegarse un baño en el mar después de tanto tiempo en Canadá, sabía a gloria.

Pequeña playa donde nos podíamos bañar

Foto sacada de aisec.com.mx
Foto de playa escondida gracias a Shutterstock


La vuelta a Puerto Vallarta fue tranquila, con música, karaoke (Perrine fue una de las pocas personas que se atrevieron) y barra libre. Desde caipirinhas, tequilas sunrises hasta la típica bebida mexicana llamada michelada. Una michelada es básicamente la mezcla de cerveza, sal, limón y salsas, la verdad es que no fue algo de mi agrado, es muy raro para mi paladar así que me quedé con mis caipirinhas. Con algunas copas encima la música subió de volumen y algunos se lanzaron a bailar ritmos mexicanos como 'agüita de melón' hasta llegar de vuelta al puerto.

Barra libre y cocadas con la bandera de México


Centro histórico de Puerto Vallarta




Cuando se habla del centro histórico de la ciudad se habla de una ciudad colonial con encanto que se ha mantenido en su estado original a pesar del paso de los años. Conocido por ser uno de los pueblos más agradables de visitar de todo México. Sus calles empedradas y sus casas coloniales hacen de este conjunto un lugar agradable por el que pasear y conocer sus edificios clave.

Uno de los lugares más destacados es su parque central. En ella se encuentra su curiosa y bonita Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe. Lo más singular de ella es su gran corona, la única iglesia en México con estas características. Se ubica en la plaza de las armas (zócalo), una plaza muy concurrida y con mucho color, sobre todo el de verde, blanco y rojo de la bandera mexicana. Un lugar en el que sentarse a comerse algo y ver la vida pasar. Los fines de semanas se organizan conciertos de grupos o se baila el danzón en el kiosko que se encuentra en medio de la plaza.




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La corona de la iglesia de Guadalupe


Junto a la iglesia de San Miguel de Arcángel nos sentamos junto a una señora que nos contaba sobre los carteles de droga del estado. Bajo su inocencia nos contaba como alguno de los chicos del cartel la tenían cariño y le daba pena por los líos en los que andaban metidos. Aunque es algo que no afecte al turismo de la zona si que se oyen cosas como por ejemplo cuando el hijo del famoso líder del grupo narcotraficante del Chaco fue secuestrado en uno de los bares de Puerto Vallarta recientemente. A pesar de estas cosas, la ciudad me pareció un lugar muy seguro donde nada de esto te afecta directamente, o al menos esa es la impresión que teníamos tras haber caminado por toda la ciudad incluso de noche y haber estado en rutas solitarias.

El Malecón: 

Donde se concentra toda la diversión de la ciudad es en su bonito y cuidado malecón. Un paseo marítimo a la mexicana donde aparte de caminar junto al mar disfrutas de arte con las estatuas creadas por varios artistas. Entre ellas destaca la del caballito de mar, una de las imágenes más utilizadas para la imagen de Puerto Vallarta. Otras estatuas que me gustaron en especial fue la de los Bailarines de Vallarta los cuales muestran el folclore de la zona.

El caballito de mar de Vallarta
Bailarines de Vallarta
Tritón y sirena
Las vistas desde el malecón hacia el bonito mar azul y las montañas del fondo son espectaculares. A lo largo del malecón existe una gran variedad de restaurantes algo caros para nosotros o gente ofreciéndote pruebas de tequila gratuitas en perfecto inglés, siempre piensan que soy un gringo, por la barba me dicen. A lo largo también existen algunas discotecas y bares donde pasar la noche.

Caminando todo el malecón hacia el sur se llega a una de la playas más accesibles, la Playa de Muertos la cual empieza una vez llegados al bonito y moderno muelle de la playa. Esta zona es la conocida como la zona romántica, un buen lugar para comer o tomarte algo junto al mar.




Mientras estás en la arena de la playa no faltarán vendedores de brochetas de camarones por poco dinero, sobre todo si puedes negociar un poco. Por allí echamos una tarde metidos en el agua y comiendo camarones.


En cuanto a la gastronomía es un lugar que lo tiene todo. Nosotros no podíamos esperar para comer unos tacos, para ello nos fuimos a unos puestos callejeros grandes que se encuentran cerca de la zona gay de Puerto Vallarta. De los mejores tacos que te puedes comer en la ciudad. 
No tenía ni idea antes de llegar pero esta ciudad atrae a un gran número de homosexuales, por esta zona existe un gran número de bares y discotecas para ellos. Un estilo Torremolinos o Sitges mexicano. Comiendo los tacos hablamos con un hombre gay de Colorado, que harto de su vida de estrés y trabajo, lo dejó todo para viajar y disfrutar de la vida que allí no tenía.


Mirador Cerro de la Cruz:

Para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad hay que subir hasta la cruz. Preguntando a los locales y yendo cuesta arriba llegarás fácilmente a la cruz desde donde se puede ver todo. Lo encontramos muy solitario pero no tuvimos ninguna sensación de inseguridad, solo encontramos algunos lugareños con una sonrisa en la cara. Se suda bastante para llegar hasta arriba, la temperatura asciende por encima de los 30 grados en septiembre. Una vez allí se te quitan todos tus males, ya que la vista es maravillosa, un esfuerzo que merece mucho la pena y una de las cosas que todo el mundo que llega a Puerto Vallarta debería de realizar. Las fotos hablan por si solas.

Alrededores selváticos de Puerto Vallarta
Puerto Vallarta desde el mirador
Iglesia de Guadalupe desde las alturas


En los alrededores de Puerto Vallarta hay algunas playas y pueblos que seguro que merecen mucho la pena de visitar pero nuestra ruta era muy ambiciosa y no teníamos demasiado tiempo. Entre Puerto Vallarta y Cancún hay mucha tela que cortar y cientos de lugares que teníamos en nuestra cabeza. Era el momento de mirar hacia otro lado y avanzar. Nuestra siguiente parada sería todavía en el estado de Jalisco, nos íbamos a Guadalajara, la segunda ciudad más grande del país.




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