12 de febrero de 2017

Querétaro, ya que estábamos...



Querétaro se cruzó en nuestro camino como cuando tienes delante un cubo de palomitas, no puedes no coger, es algo superior a ti. Algo así nos ocurrió con esta ciudad que se cruzaba entre nuestro camino de San Miguel de Allende y Ciudad de México, no podíamos no ir. Ya que pasábamos prácticamente por ella ¿Por qué no parar y hacer una visita rápida a esta ciudad patrimonio de la UNESCO? El destino así lo quiso y no queríamos cambiarlo.

México es un país enorme y tiene miles de posibilidades para el viajero. Se necesitarían años para poder verlo todo así que nos enfocamos en visitar los lugares más importantes y ciudades patrimonios como las anteriormente visitadas en Guanajuato y esta que se nos cruzaba en nuestro camino llamada Santiago de Querétaro. El tiempo seguía lluvioso, cuando en México hay temporada de lluvia es algo que no falla, lo llevábamos arrastrando desde que llegamos a Puerto Vallarta y se hacía algo molesto. El cielo gris siempre nos amenazaba con darnos una ducha de mal gusto pero la sonrisa no había nadie que nos la borrara de nuestras caras.

A Querétaro llegábamos después de haber visto dos ciudades coloniales preciosas y temíamos que la belleza de Querétaro nos supiera a poco. En cierta medida así fue, pero eso no quita que esta ciudad sea digna de visitar, nos gustó pasar un par de noches en la agradable capital del estado que comparte el mismo nombre.

Las calles de las ciudades coloniales son muy distinguibles, como las demás ciudades coloniales del continente americano. El color abunda y sus casas son mayormente de solo una planta. Su estilo con cornisas blancas y calles adoquinadas se asemejan y el ambiente en su centro histórico es siempre muy acogedor. Sus iglesias son los edificios clave de esta arquitectura y siempre nos sorprende cuando llegamos a su zócalo que es donde se suele encontrar su iglesia principal y la esencia


El bus desde San Miguel Allende fue sin problemas y en poco tiempo estábamos en la terminal de buses desde donde tomamos otro bus hacia el centro de la ciudad y buscar alojamiento. Encontramos algo barato y bien ubicado.


Justo al lado de nuestro alojamiento teníamos una de las mayores atracciones de la ciudad. El conocido como Templo (en México llaman así a las iglesias) de Santa Rosa de Viterbo, una espectacular iglesia que sirve de excelente ejemplo del barroco colonial en México. De primeras pensé que era la catedral principal de la ciudad pero nos dimos cuenta de que aún nos encontrábamos algo lejos, fue toda una sorpresa.

Templo
Después de la sorpresa pasamos por una calle donde se encuentra su verdadera Catedral de Querétaro que se encuentra junto al Palacio Conin y no como de costumbre en su plaza principal, su interior y sobre todo su fachada son un espectáculo. Muy cerca de allí se encuentra su Jardín Guerrero y la bonita Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús o -Templo de Santa Clara- Esta iglesia es tan llamativa más que nada por su atractiva cúpula que está decorada con diferentes colores y su dorado interior.

Catedral de Querétaro


Caminando por las calles de la ciudad llegamos al amplio Jardín Zenea, el centro por excelencia de la ciudad y nos metimos por la renovada y turística calle peatonal de 5 de mayo donde al principio te encuentras con el rojizo Templo de San Francisco y una preciosa estatua en honor a la población indígena. Una calle con restaurantes muy caros y con algunas vendedoras ambulantes.



La calle comunica con la siempre presente Plaza de las Armas, un lugar con buen ambiente en el que sentarse y observar como confluye la vida en la ciudad o tomarte un café en una de sus terrazas como hicimos nosotros. Desde allí salimos por su acogedora calle peatonal llamada Libertad donde se pueden encontrar souvenirs típicos de este estado.



Otro de los puntos más representativos de la ciudad -es el símbolo de la ciudad- es su larguísimo acueducto de nada menos que 74 arcos de 28 metros de altura. Fue construido en época colonial (1726 - 1735) por orden Juan Antonio de Urrutia y Arana por petición de unas monjas capuchinas para llevar agua a la ciudad.



Subiendo al mirador de los arcos se puede apreciar toda su longitud (unos 1,2 km). A las espaldas del mirador se encuentra el Panteón de los Queretanos Ilustres donde se encuentran estatuas de los queretanos más ilustres de su historia y donde hay una bonita iglesia en honor a ellos. Yo me quedo con un cuadro de una mujer con bigote que me resultó de lo más cómico.

La señora bigotuda, ¿estaría de moda por aquel entonces?
De vuelta hacia el centro nos cruzamos con una gran iglesia llamada Templo de Santa Cruz junto a una amplia plaza donde había poca gente y algunas estatuas interesantes.



Justamente saliendo de esta ciudad me ocurrió algo de lo que estuve rabiando bastante tiempo y me dejó bastante tocado. Os lo cuento a continuación:

Saliendo del bus que nos dejaba en la estación de autobuses de Querétaro me di cuenta de que mi móvil no estaba en el bolsillo, ¡se me había olvidado en el asiento del autobús! Cuando quería volver al bus vi como este salía enfrente de mis narices. Corrí con todas mis fuerzas desesperadamente tras él e incluso llegué a alcanzarlo y golpearlo para que parara pero incomprensiblemente no fue suficiente. Apenado, veía como el bus se perdía entre el tráfico con mi móvil sin poder hacer nada al respecto.

No me di por vencido y rápidamente dejé las mochilas con Perrine, paré un coche que pasaba por la carretera y pedí que me llevara tras el autobús. El conductor del coche al verme tan desesperado accedió y fuimos en su busca. Con su móvil llamé a mi número, primero sonó sin que nadie lo cogiera, a la segunda llamada ya estaba el móvil apagado. Mierda. ¿La habré cagado llamando? Creo que sí. 
En el mismo móvil del conductor miré por internet la ruta que hacia el autobús y se lo mostré al conductor que me llevaba. Tras 15 minutos llegamos a una parada donde debería de pasar pronto, nosotros fuimos por otro camino más rápido para que se nos cruzara. Estando en la parada paró un autobús de esa linea, no era el que utilicé. Esperé al próximo, que llegó 5 minutos más tarde, este sí era el autobús en el que dejé el móvil, todavía tenía esperanza de que alguien fuera honesto. Me subí a él y me dirigí a mi asiento, evidentemente allí no se encontraba y el chófer no sabía nada... ´se lo habían agenciado y seguramente era alguien de los que allí había sentados, mis suplicas hacia ellos de nada sirvieron. Con la cabeza cabizbaja me subí de nuevo con el conductor que me esperó amablemente y volvimos sin el móvil a la estación de autobuses donde se encontraba Perrine esperándome. Tenía ganas de romper algo, mi rabia no la podía contener, es un móvil que había comprado online estando en Toad River hace solo un par de meses y ya lo había perdido... fue un palo pero había que seguir. Shits happens! 

Nuestra visita a Querétaro fue breve como este post pero aprovechamos para ver sus mayores atractivos (o eso creo). Queríamos llegar a Ciudad de México donde levantaríamos el pie del acelerador y tomarla de base por unos días más de lo que acostumbrábamos, esta enorme ciudad lo merecía. ¡A ver si allí se me pasaba el mosqueo que tenía del móvil!



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