21 de mayo de 2017

Chiapas, indígenas y ruinas mayas


Las 11 horas en autobús pasaron volando, creo que en 10 de ellas dormí como un lirón. Nunca pensé que podría hacer eso en un autobús, para todo hay una primera vez, ¿no?
La verdad es que son muy cómodos y el aire acondicionado no estaba tan fuerte como otras veces



Son las 8 de la mañana y ya estábamos en San Cristóbal de las Casas, una de las ciudades más turísticas de México. Saliendo de la terminal nos vienen algunas personas ofreciendo tours y hostales, uno de ellos precisamente ofrecía el hotel al que íbamos a dormir, nos indica por donde hay que ir y nos da un mapa para llegar a pie. 

México siempre despierta tarde, a las 8 de la mañana casi no se ve a nadie por las calles, eran las 8 y pico y parecía que fueran las 5 de la mañana, las calles se ven solitarias a estas horas.

Desde la estación anduvimos un par de kilómetros para llegar a Le Gite del Sol, un hotel de habitaciones baratas y desayuno incluido (220 pesos para los dos) que encontramos por internet. Un francés nos recibió amablemente y permitió que dejáramos las mochilas ya que hasta las 12 no podíamos entrar a nuestra habitación.

Aprovechamos para ir a desayunar y descubrir un poco la ciudad. Tras desayunar en la calle de los guiris de Guadalupe nos fuimos a una de las dos iglesias que se encuentra en lo alto de un cerro. Una de ellas es la Iglesia del Cerrito a la que subimos por unas escaleras interminables que van en zigzag. Esperaba tener unas mejores vistas, por suerte o desgracia una gran parte está tapada por árboles. La iglesia en sí no tiene mucha historia. 

En la cuesta unos niños de no más de 8 años nos piden que pongamos nuestros nombres en un papelito... No sé qué truco tienen pero cosas así ya nos las conocemos, de alguna forma nos quieren sacar dinero. Se ríen cuando les pregunto que donde está el truco. 







Las escaleras hacia la Iglesia del Cerrito
Desde allí nos metimos en el mercado de dulces y artesanías, un mercado bajo techo donde la población indígena vende dulces típicos de Chiapas además de ropa y artesanía. 

Perrine salió con unos pendientes de tucán (20 pesos) y un jersey-sudadera de lana indígena (160 pesos) para poder camuflarse más entre la población local. Cerca se encuentra la Iglesia de Santa Lucía con la particularidad de que es azul, su interior es simple pero bello, tiene algo diferente a las demás que nos gusta.


Iglesia de Santa Lucía
Caminamos por el zócalo y la plaza de las armas. Es una zona donde hay muchos indígenas vendiendo mantas y pulseras muy coloridas, a veces pueden llegar a ser muy pesados. Notamos un exceso de presión en esta ciudad, muchos niños trabajando presionando a los turistas, posiblemente con una misión que cumplir de parte de algún adulto. No funciona con nosotros.



Chiapas es conocida por tener una población indígena muy férrea a sus ideales sin que haya sido gravemente influenciada por otras culturas. Son varias etnias las que habitan este estado, siendo los más comunes los tzeltal Muchos de ellos se comunican en su lengua tzeltal aunque suelen hablar sin problemas el español. Acabamos aprendiendo algunas palabras en este idioma.



En el zócalo se encuentra la siempre abarrotada catedral, las dos veces que entramos no cabía ni un alma más en su interior. En las puertas había un grupo de gente vestida con sus atuendos indígenas típicos, los hombres llevaban una especie de máscara con unas maracas y ellas unas faldas largas muy coloridas. 

No pudimos evitar hacernos una foto con ellos (foto de portada).




Fuimos a nuestra habitación que se encontraba ya disponible. Una habitación muy básica con baño compartido, pero por ese precio que más queríamos. Nos echamos una siesta de campeones hasta que por la tarde salimos de nuevo, aunque hubiéramos dormido bien en el bus nocturno no es lo mismo. El ambiente de San Cristóbal a parte del tema indígena es muy acogedor, la calle de Guadalupe se abarrota de extranjeros y de restaurantes ofreciendo sus servicios, al ser mas que nada para turistas se nos antoja muy caro para nosotros y acabamos cenando en un lugar mas alejado de la zona turista. En el Zócalo hay indígenas masculinos vestidos como tal (poquita ropa) haciendo una danza ancestral, la verdad es que es muy curioso ver como bailan al son de los tambores.


Quesadillas
Cerveza mexicana

Cañón del Sumidero



Al día siguiente y sin perder tiempo nos dirigimos al famoso Cañón del Sumidero. Barajamos la opción de ir por libre pero es una tontería porque nos sale más caro que yendo con el tour y más engorroso. Con el tour nos sale a 200 pesos pp (algo menos de 10€), nada mal para ser lo que es. A las 9 de la mañana nos pasan a recoger al hotel una furgoneta de turistas que va pasando por diferentes hoteles hasta que llena la furgo y salimos. Somos mayoría israelí, hay como 7 más algunos mexicanos y alemanes.
En menos de una hora estamos en el muelle del pueblo de Chiapas de Corzo donde esperamos a que se llene nuestra lancha con la que iremos a través del cañón, la cosa promete.

Son dos horas de trayecto y un guía que está en una plataforma en alto nos va explicando lo que vamos viendo en el recorrido. Nos sentamos atrás con un grupo de jóvenes mexicanos con dos neveras llenas de cerveza. Vienen de Monterrey para ver a su equipo de fútbol que jugaba contra Chiapas y que ganaron 1-4 el día anterior, lo quieren celebrar en el cañón antes de ir a casa. Lo primero que hacen es ofrecerme una lata doble de la famosa cerveza mexicana Tecate.





En nuestro recorrido pasamos a través de cocodrilos gigantes que vemos a 1 metro de distancia. Cormoranes, garzas, pelícanos y hasta monos arañas (uno de los más grandes en América) que según el guía no son fáciles de ver. El paisaje se hace cada vez más y más grandioso, es todo una maravilla

Lo único que lo estropea es la basura que a veces se ve flotando en el agua. Según el guía es basura que viene arrastrada por los ríos en época de lluvias. 

Vemos también una Capilla de Guadalupe en una pequeña gruta que se encuentra en medio del cañón, la Virgen de Guadalupe nunca falta en la cultura mexicana.







Pájaros en abundancia en el Cañón del Sumidero



Capilla de la Virgen de Guadalupe

Quedo maravillado con el paisaje cuando llegamos a las grandes cataratas. El trayecto llega a su tope en la Presa de Chicoasén donde una barca vende bebida y algo para picar. Compro un paquete de Doritos para acompañar las cervezas que me dan los mexicanos los cuales están ya bastante piripis. La vuelta es simplemente para relajarse y disfrutar del paisaje. Acabamos hablando de hip-hop español con ellos, son muy fans.








Buitres que habían junto a un cocodrilo

Uno de los muchos pelícanos

Tras terminar nuestro viaje en barco, el tour nos lleva al centro del pequeño pueblo llamado Chiapa de Corzo donde tenemos una hora libre para comer y hacer lo que nos plazca.

En su plaza grande hay un edificio muy llamativo creado en honor a los trabajadores llamado Fuente Colonial. Comemos unos frijoles en un bar local de una señora y andamos un poco por las calles antes de salir de vuelta a San Cristóbal. Chiapa de Corzo, aunque no tiene demasiado que ver, nos parece pequeño y acogedor para echar un buen rato. Ya en San Cristóbal tenemos toda la tarde para andar un poquito más por calles con un agradable ambiente.





San Juan de Chamula


La conflictiva carretera que une San Cristóbal de las Casas y Palenque (nuestro siguiente destino) está bloqueada en tres secciones, causando que los autobuses tengan que coger una ruta alternativa de 8 horas cuando normalmente son 5. Es una carretera conocida por los asaltos nocturnos a autobuses. La incertidumbre hace que nos quedemos un día más de lo esperado en la ciudad. No viene mal para ralentizar un poco el alto ritmo que llevamos.

Para pasar el día nos vamos a un poblado indígena tzetzal llamado San Juan de Chamula. Se encuentra a tan solo media hora de San Cristóbal. Para llegar, caminamos hacia la central de autobuses locales desde donde salen furgonetas con el sistema llenar-salir. Nos cuesta 20 pesos y se llena de indígenas con pesados atuendos en cuestión de segundos.

De una cosa nos habían avisado antes de salir, los indígenas no permiten que se les tomen fotos. Según sus creencias, las fotos les roban el alma y es algo serio para ellos. Sobretodo en el interior de la iglesia y durante rituales. Para no pasarlo mal como por ejemplo nos pasó en Ghana, dejamos la cámara réflex en nuestro cuarto, nos la apañaríamos con nuestro móvil si encontramos la oportunidad. Antes de llegar al pueblo leí de turistas que habían sido atacados y robados por ir haciendo fotos, no es ninguna broma, los indígenas de Chamula son conocidos por ser muy conflictivos.



La razón principal por la que íbamos a este pueblo es la de su Iglesia San Juan Bautista, que no es una cualquiera. Trata de una iglesia donde se practica la religión prehispánica de tzetzal con la rareza de que está mezclada de alguna forma con el cristianismo. Al entrar a ella (25 pesos) es como cruzar una barrera espiritual. Cientos de velas prenden en el suelo que está cubierto totalmente por hojas de pino, el humo de las velas envuelve la sala y el calor se hace de notar. Nuestra presencia allí no importa a los que rezan, es como si no estuviéramos, no les importa siempre y cuando no se saquen fotos. Presenciar algo así me dejo con la mente en otra dimensión, fue algo emocionante.

Cruz maya
De rodillas, ante docenas de velas, rezan en su idioma como si estuvieran poseídos. Algunos portan bebidas gaseosas como coca cola consiguiendo así eructar para sacar los malos espíritus de su interior, bebida que ants bendicen con un rezo, pasándola varias veces encima de las velas dibujando círculos en el aire. Hace lo mismo con una gallina, a la cual coge de sus pezuñas y mata partiendole el cuello con un giro brusco de muñeca, el arte del sacrificio es algo presente en las religiones antiguas y es algo que se sigue practicando hoy en día en Chamula, por suerte no con personas.

Tengo que girar mi cara ante tal espectáculo, se me pone la piel de gallina, nunca mejor dicho. Perrine sale directamente, no puede ver algo así.

Cosas como estas son las que se ven si te paras a observar sus ritos, las prisas que veo en algunos turistas no merece la pena.

En la plaza exterior hay como un mercado. Muchas mujeres y niños venden pulseras y mantas como en San Cristóbal. Nosotros encontramos un lugar donde nos sentamos con unas palomitas de maíz que compramos por 5 pesos. Estando allí se nos acercan simpáticos perros callejeros y algunos niños que no deben tener más de 6 años. Nos piden palomitas, son felices con poco. Son Víctor y Elena y nos cuentan que su madre anda ahí fuera vendiendo, ellos se dedican a pedir limosna a los grupos de turistas que viene en tours, saben que ahí se pilla siempre cacho, es más, vemos cómo lo hacen estando allí sentados, da mucha pena pero es algo que pasa a diario. La historia de Víctor y Elena es algo que por desgracia se repite mucho en Latino América.

En un local de allí mismo comemos unas ricas quesadillas y algunos tacos, es hora de volver a San Cristóbal donde hacemos algunas cosas que quedaban pendientes como la de subir a la Iglesia de Guadalupe desde donde se tienen vistas de la ciudad, digamos que San Cristóbal de las Casas no es la ciudad más bonita vista desde arriba como puede ser Guanajuato.

Nos da el avenate y decidimos comprar billetes de autobús para salir esa misma noche hacia Palenque, nos aseguran que la ruta alternativa es más segura para hacer de noche. 8 horas dan para dormir bastante. El autobús sale a las 10 y media de la noche, nos da tiempo de sobra a recoger todo y prepararnos, una pena de que hayamos pagado ya la noche, nos la podíamos haber ahorrado pero por lo menos podemos aprovechar para poder estar en el cuarto con las mochilas hasta tarde.

Como de costumbre, estando subidos en el autobús, entra alguien de seguridad y graba a cada uno de nosotros con su cámara de vídeo. -Es por razones de seguridad- comenta. La verdad es que todavía no se muy bien el porque lo hacen, tendrá que ver con los asaltos supongo. 

¡Palenque, allá vamos!


Palenque, la cultura maya en todo su auge


Llegar a nuestro alojamiento situado cerca de las ruinas mayas de Palenque no fue problema. Saliendo de la central de autobuses había alguien gritando El Panchán y eso se encontraba justo delante de nuestra cabaña en Kim Balam. Era un furgón, algo difícil entrar con las mochilas, menos mal que sólo había una chica australiana. Nos parece caro, 20 pesos para 4 kilómetros, supongo que por ser en la carretera de las ruinas a donde sólo se dirigen turistas mayormente.

La cabaña está pico bello. Tenemos una cabaña con cama doble, toallas y baño compartido. Tiene una piscina muy atractiva,  eran las 8 de la mañana y ya teníamos ganas de meternos con el calor que hacía, lo dejaríamos para la vuelta de las ruinas. La habitación nos salía por 330 pesos, unos 15€ al cambio.


Nuestra cabaña
La ubicación no puede ser mejor, se encuentra en mitad de la selva y se escucha de todo. Miramos hacia arriba y vemos unos cuantos monos aulladores, uno de nuestros objetivos para venir hasta aquí que fue rápidamente cumplido. Miramos hacia el suelo y otra sorpresa, un serete, no sabía ni que existía un animal así. Este lugar ya nos había ganado y no habíamos ni salido de nuestra cabaña. 


Serete

Mono aullador negro
Decidimos no perder el tiempo y llegar temprano a las ruinas que abren pronto a las 8 y media. La sangría de dinero había comenzado. Nada más salir de la cabaña ya nos piden los primeros 31 pesos pp(1,5€), es la entrada al parque natural. Para ir a las ruinas tomamos otro furgón de  otros 20 pesos. Tras esquivar a cientos de guías ofreciendo sus servicios, llegamos a la taquilla para pagar las entradas a la ruina, 65 pesos pp. Entre guía y guía oímos una oferta en el último momento que hace que nos paremos a pensar. Por 150 pesos tendríamos un guía privado por las ruinas (nos habían ofrecido hasta por 1000 pesos, increíble). Ya que estamos gastando que sea en condiciones. Aceptamos el trato.

Su nombre es Gilberto y su vida ha transcurrido entre estas ruinas, se las conoce como nadie. Su padre ha sido guía desde hace mucho y fue el que le enseñó todo desde pequeño trayendoselo a las ruinas. Nos señala a su padre que está guiando a otros turistas un poco mas adelante. Nos acompañaría por casi dos horas.

Las ruinas de Palenque que significa -empalizada- son unas ruinas mayas que prosperaron entre los siglos VI y VII. Su mejor época fue bajo los mandos del gran rey Pakal que reinó entre el 615 y 683. Rey que fue encontrado en un gran ataúd en la base del gran Templo de las Inscripciones (la pirámide más espectacular en mi opinión). La tumba auténtica se puede ver en el museo que iríamos a ver tras visitas las ruinas.

Durante su época, la zona floreció con nuevas plazas y edificios (incluido el Templo de las Inscripciones. Posteriormente, su hijo reinó del 684 hasta el 702. Conocido como Kan B'alam II o Serpiente Jaguar II continuó con la expansión de Palenque creando edificios como el bonito Templo de las Cruces.





Tras el año 900 Palenque fue abandonado y sus ruinas pronto fueron sepultadas bajo la vegetación selvática, nos encontramos en una de las zonas más lluviosas de México. La ciudad no fue descubierta hasta el año 1746 por unos cazadores.





Fuimos por su palacio donde vimos donde dormían, sus sanitarios (baños), sus T de ventilación, su torre que algunos dicen que fue para el estudio de la astronomía y otros como nuestro guía dicen que se utilizaba como torre de vigilancia (suena más lógico para mi) y su patio de sacrificios donde Pakal, su hijo y otros reyes aparecen tallados en piedras. La verdad es que el entorno en el que se encuentran las minas hacen que te sientas como Indiana Jones.




El lugar tiene muchos lugares de menor importancia pero con el calor que hace y tras 3 horas entre ruinas decidimos coger el sendero selvático que va hasta el museo. Pasamos por unas bonitas cataratas y algunas ruinas más. Al museo entramos con nuestra entrada de las ruinas. No es muy grande y lo más importante es la tumba de Pakal. La verdad es que impresiona estar ante ella. Un ataúd gigantesco de piedra se alza en mitad de la sala. En ella se pueden ver glifos y diferentes dioses tallados. Fue la guindilla a la visita de las ruinas. Para volver a las cabañas decidimos caminar los dos kilómetros y pico que hay.







El resto del día lo pasamos de relajación en la alberca (es como aquí llaman a una piscina) conociendo a otros viajeros como Martín, un británico que viaja solo y una pareja de belgas flamencos con los que podemos hablar un poco en neerlandés. Comemos y cenamos en el buen y acogedor restaurante que se encuentra muy cerca en El Panchan. No demasiado caro y una buena cantidad de comida, por la noche hay música en directo hasta altas horas de la noche.



El sonido de un jaguar nos despierta por la mañana, ah no, son monos aulladores, coño, ¡si parecen jaguares! A las 8 de la mañana tenemos un autobús que nos lleva hasta Campeche, nos quedan 5 o 6 horas de autobús por delante. ¡Cada vez más cerca del Caribe!


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