2 de abril de 2018

Beirut, una gran capital para un pequeño país.



Con este artículo os empiezo a contar como fue nuestro reciente viaje de una semana por el Líbano que dio para más de lo esperado. Un viaje que empezaría por Beirut, su flamante capital. Beirut es una de las ciudades más importantes de Oriente Medio de la que descubriríamos lo máximo que pudiéramos en tan solo un día.



¿Por qué Líbano?




Buscábamos un país árabe para viajar ya que no lo hacíamos desde Marruecos. De eso hace ya unos cuantos años así que percibíamos de que ya iba siendo hora. Además, Oriente Medio es un lugar que siempre nos llama la atención y que siempre tenemos muy en cuenta por su cercanía y exotismo. La difícil elección se encontraba entre varios países como Omán, Egipto o Jordania, sin embargo, cuando me fijé en la posibilidad de Líbano, se me abrieron los ojos de par en par¿Por qué casi nadie va a Líbano? me pregunté en mis adentros. ¿Será su cercanía con Siria¿La relativa reciente guerra¿O será simplemente la desinformación? No cabe duda de que Líbano no es un país turístico como lo pueden ser Egipto o Jordania así que me puse a buscar la escasa información que circula por internet como también otros blogs/foros que hubieran estado en Líbano recientemente y que ofreciera información fresca. En su día fue un gran destino e incluso fue llamada la París del Medio Oriente, sin embargo la guerra cambió todo su prestigio de golpe.

Todo indicaba de que Líbano es un país seguro a pesar de la situación que le rodea. Es un país con mucho que ofrecer, con una historia apasionante y una gastronomía envidiable. Otra de las ventajas es que es un país  muy pequeño con lo que una semana daría para más que en otro país más grande. Los vuelos no nos salían nada caros y además son directos desde Bruselas, un aeropuerto a escasos 15 minutos de Malinas, donde vivimos. Estaba decidido, queríamos saber más de este país. 

¿Te vienes con nosotros?


Llegada a Líbano




Nuestro vuelo duró unas 4 horas y fue con la compañía MEA (Middel East Airlines). El vuelo que nos costó 250€ ida y vuelta no pudo haber sido mejor. Detalles como un periódico, un menú incluido con comida libanesa, televisión, auriculares, manta, almohada, azafatas atentas y sonrientes... detalles que cada vez se ven menos en las grandes compañías aéreas. Hoy en día hay que pagar por todo.

A nuestro lado se sentaba un libanés que venía desde Camerún ese mismo día, tomando conexión en Bruselas. Su trabajo le hace ir al continente africano cada dos meses. Fue la primera toma de contacto con los libaneses. Nos dio consejos y nos pasó su número de teléfono pos si necesitábamos algo. Más adelante nos daríamos cuenta de que no era algo excepcional lo de recibir un número de teléfono de un libanés. 

En el aeropuerto pasamos el control bastante rápido, casi no había cola en el control de pasaporte. Como esperaba, me hicieron la pregunta de si había estado en Israel anteriormente. Me avisaron de que dijera que no rotundamente ya que si dices que sí no te dejarán entrar al país. Por suerte, cuando estuve en Israel no me sellaron el pasaporte si no que me dieron un papelito aparte dejando el pasaporte sin pruebas sobre la estancia en ese país. Ojo con los sellos de Jordania por el paso terrestre a Israel o viceversa, es razón suficiente como para que no te dejen entrar. El visado para Líbano es gratuito para los españoles. En el mismo aeropuerto, en la planta de arriba, hay un banco que da un cambio muy bueno, sorprendentemente en un aeropuerto. Son las ventajas de ser un país poco turístico, supongo.

Como siempre tan cabezones, nos negamos a tomar el caro taxi que nos llevaría del aeropuerto Rafig Hariri hacia el centro de Beirut y salimos a pie acompañados de tres niños curiosos que iban en bicicleta hasta donde se encontraba el tráfico. Allí empezamos a parar coches con matrícula roja que supuestamente son los que hacen servicio de taxi o  service (explicaré esto más tarde). Normalmente el precio de taxi del aeropuerto al centro es de 20-25 USD. Conseguimos un taxi por 6 USD aunque seguramente puedas tomar una minivan por 1000 liras libanesas (algo así como 0,50€). Los 6 dólares (9.000 liras libanesas) nos parecieron correctos. En este viaje hasta nuestro hotel ya pudimos comprobar como se las gasta el tráfico en Beirut, todo una locura.

Al llegar al hotel nos encontramos con Fadi, un hombre algo mayor que nos recibió de buena gana. Nos preguntó las nacionalidades y se puso a hablar neerlandés y español como si nada. Resulta que es un profesor de lenguas de la universidad de Beirut que sabe hablar decenas de lenguas y que ha estado en medio mundo. Todo un genio y figura con el que echaríamos algunos ratos en nuestra estancia en Beirut. Gente así enriquecen nuestro viaje de gran manera.



Nuestro hotel fue el Elysee Residence que no estaba mal y es ligeramente más barato que otros en la zona, situado en Hamra, uno de los barrios más hype de Beirut. Encontrar alojamiento económico en Líbano, es algo que se antoja complicado; es algo con lo que teníamos que lidiar como pudiéramos.

Seria nuestro punto de partida para conocer el Beirut. Era el primer día y ya se hacía tarde así que nos quedamos por Hamra Street, la calle más famosa del barrio donde puedes encontrar muchos restaurantes y tiendas de todo tipo. Nos sorprendimos por la forma de vestir, sobre todo de las mujeres. Líbano es más liberal de lo que teníamos en nuestra cabeza tras la primera impresión. 

Para cenar lo hicimos en un gran lugar para ello, un restaurante llamado Mezian que dispone de exquisita comida libanesa que disfrutaríamos muchísimo en un ambiente romántico y relajado con música de fondo. Con un par de mezzes (son como raciones) íbamos listos. La verdad es que la cocina libanesa prometía mucho pudiéndolo comprobar en esta primera cena.


Descubriendo Beirut en un día




Con un desyuno buffet a lo mediterráneo en el hotel salimos a la calle bien temprano. Al ser domingo por la mañana se encontraba todo bastante solitario. Decidimos ir andando hasta la zona centro de Beirut conocida como Downtown. Para llegar desde Hamra no pudimos hacerlo por el camino más corto ya que para nuestra sorpresa la calle estaba cortada por un control militar. Al parecer, en algunas zonas de Beirut no se está permitido pasar y hay que dar una vuelta por otras calles para llegar al destino. Gracias a esto descubrimos una zona dominguera de Beirut. Llegamos a Zaituna Bay casi sin querer y nos llevamos una grata sorpresa. Un paseo marítimo impoluto donde hay un puerto deportivo, restaurantes de lujo y unas vistas al mar muy relajantes, el tiempo soleado invitaba a estar en este lugar y así lo hacían muchos locales que hacían jogging o paseaban. Nos quedamos flipados con la cantidad de hoteles de lujo que aquí se concentran, más flipados nos quedamos con la gran cantidad de coches de lujo, nunca había visto tantos coches de lujo concentrados en mi vida: Desde Bentleys, Ferraris, Mazzeratis hasta incluso cochazos Mclaren que no había visto antes, toda una locura. ¿Quien se había esperado esto del Líbano?



Justo antes de llegar al Zaituna Bay nos encontramos con edificios claramente dañados por la *guerra civil de hace algunos años, sorprende que todavía estén ahí a la vista. Supongo que dentro de poco los derrumbaran para hacer edificios nuevos como hacen a su alrededor.




*La guerra civil de Líbano fue una de las más sonadas en todo el mundo durante los años 1975 y 1990. Fue básicamente una lucha entre musulmanes y cristianos y la intención de expansión por parte de los israelíes que afectó principalmente a Beirut, su capital. La paz en 1990 no fue del todo completa. Hasta avanzados los años 2000 se han dado lugar a acciones militares del ejercito de Hezbolá, sirio e israelí como la sonada muerte en 2005 de Rafiq Hariri, el presidente libanés que fue el máximo responsable de la reconstrucción del país fue asesinado en un coche bomba junto a otras 25  personas, ese año el ejercito sirio se retiró del territorio libanés. Todo esto hace que en las calles de Beirut aún se puedan ver heridas de guerra que tardarán en sanar, sobre todo en la sociedad que aún lo tiene muy presente y que aún vive en tensión por toda la incertidumbre que les rodea. Pese a la tensión por la situación en la que se encuentra entre el conflicto sirio y la amenaza constante de Israel es un país en relativa tranquilidad y paz con lo que viajar por él no supone ningún peligro para el turista.
Entre coches de lujo del barrio de Zaituna Bay fuimos llegando al barrio del Downtown, el centro de la ciudad, donde pudimos presenciar la imagen más representativa de Beirut. No es otra que la de Martyr's Square con la gran mezquita Al'Amine al fondo. Antes pasamos por una zona de tiendas de lujo, donde puedes encontrar todas las tiendas como Gucci o Prada, estaba todo cerrado por ser domingo.


...free of threats


La estatua de los mártires es un monumento en honor a los habitantes asesinados durante la ocupación otomana. La estatua ha sido más tarde diana de los disparos durante la guerra civil. Cuando rehabilitaron la zona tras la guerra, dejaron intencionadamente los agujeros de los balazos de la estatua para recordar así tiempos no tan buenos de la historia de Beirut.



Balazos de la guerra civil
Junto a la mezquita se encuentran el mausoleo del laureado Rafiq Hariri, el presidente que tomó los mandos del gobierno para la recuperación de Líbano y la reconstrucción de Beirut. Fue asesinado durante un atentado ocurrido en el año 2005.

La mezquita Al-Amine puede ser visitada por los no musulmanes pero las mujeres deben de llevar chador para poder entrar, te pueden prestar uno a la entrada de la mezquita. El interior de esta mezquita ha sido una de las más bonitas que he presenciado. Fue construida como réplica de las mezquitas de Estambul a gusto de Rafiq Hariri. Su colorido es hipnotizante. Me confieso ser fan de la arquitectura árabe.





Paseamos por su tranquilo centro pasando por las ruinas romanas cercanas a la mezquita y acabamos en la Plaza Nijmeh para tomarnos un café típico libanés que en realidad no es otra cosa que un café turco, ese café en miniatura lleno de arenilla, muy común entre la población.



Plaza Nijmeh
Desde allí nos fuimos a pie hacia el Museo Nacional de Beirut (lejos, pero nos gusta caminar por otras calles para conocer más). De camino paramos en un restaurante llamado L'Atelier, donde comimos rica comida libanesa.


Balazos por las calles de Beirut
Iglesia ortodoxa
En el Museo Nacional de Beirut se recopilan piezas antiquísimas de civilizaciones que pasaron por el país. Dispone de tres plantas con diferentes épocas de la historia de Líbano. Todo está muy bien expuesto y es interesante para saber y entender más sobre la historia de este país. La entrada no es cara y da para una hora y media o dos si se presta atención a todo.


Momias
Museo Nacional de Beirut
Tumbas fenicias
Figuras de la  época egipcia del Líbano
Mosaico en el museo dañado (abajo a la izquierda) durante la guerra civil.
Con los pies exhaustos seguimos sin tomar transporte público y caminamos hacia nuestro siguiente destino del día, las Pingeon Rocks. Esta formación rocosa de la costa de Beirut se encuentra muy cerca de a ciudad y es un punto clásico para ver la caída del sol. Antes de llegar y de dar varias vueltas debido al bloqueo de la milicia de algunas de las calles, pasamos por la playa que hay cercana al barrio UNESCO. Al ser domingo había mucha gente que disfrutaba de este placido tiempo, el sol brillaba y la temperatura era perfecta hasta para darse un baño como muchos hacían. Muchas familias se reunían sentadas sobre la arena o sobre el césped para comer y fumar shisha, algo básico en las reuniones libanesas. Algo así como el mate de los argentinos aunque no sea tan fácil de transportar.



Playa en Beirut

Al ver tanta shisha suelta nos animamos y paramos en un bar para simular a los libaneses, Era la hora de la shisha, como la hora de la merienda en España. Lo acompañamos con un batido de frutas y nos pusimos a toser como nadie lo hacía en el bar. Recordé mis tiempos en Delhi donde hacíamos nuestra sesión de shisha casi cada noche, aprendí hasta a hacer aros con el humo en aquel entonces. Todo eso quedó atrás y ahora me sentía como un verdadero novato. 

Con el picor en la garganta seguimos el camino hacia el atardecer de las Pingeon Rocks. Mucha gente se agolpaba para ver el atardecer y los vendedores aprovechaban para vender frutos secos o tours en barco para llevarte a las rocas, muchos de ellos refugiados sirios que se buscan la vida como pueden. Nosotros nos sentamos en un banco para disfrutar del espectáculo, y porque no decirlo, de descansar de tanta caminata por Beirut. Estábamos para el arrastre a estas alturas del día.

Ver el sol esconderse tras esas formaciones rocosas tan bonitas crearon una estampa preciosa, una de las imágenes que nos llevaremos en nuestras memorias de esta interesante ciudad del Medio Oriente.




El día siguiente lo dedicaríamos para ir a Balbeek y sus ruinas romanas de las que dicen que son una de las más importantes del imperio romano, o al menos, de las más espectaculares y mejor conservadas. Esta maravilla no nos la queríamos perder por nada del mundo. Esto os lo contamos en el próximo post.



Siguiente post del viaje: La grandeza de las ruinas romanas de Baalbek