Con cara de tonto por los monumentos nacionales de Arizona

Como las cabras, siempre tiramos hacia el monte. Tras nuestra ruta por los pueblos westerns y mineros sumando al moderno centro de Phoenix nos metíamos de lleno en uno de los lugares más vírgenes y naturales de Arizona. Nos adentrábamos en los bastos montes de Tonto National Forest, (recomendado por nuestro amigo Amit, nuestro anfitrión en LA) el quinto bosque forestal más grande de los Estados Unidos. Con un nombre así, uno no se espera mucho, aunque yo creo que lo de tonto es más bien por la cara que se te queda cuando empiezas a descubrirlo.

Tonto National Forest

La mejor opción para llegar a Tonto es desde el área metropolitana de Phoenix a través de la escénica carretera del oeste 88 que entra por Apache Juntion donde a la altura de Youngberg te da la bienvenida con su cartel. Por el camino existen varias paradas donde disfrutar de unas magnificas vistas de sus saguaros y altas montañas. Llegamos ya tarde casi por la noche pero fue fácil encontrar el lugar donde podíamos acampar gratuitamente, antes pasamos por Tortilla Flat, un lugar donde puedes ir a visitar un saloon de películas del oeste, también pasamos por el bonito Lago Canyon para tomar algunas fotos antes de que el sol se escondiera tras la uniforme linea de las montañas.

Nuestro asiento de atrás con todas las provisiones para sobrevivir sin hoteles ni campings
Llegando a Tonto

Esta carretera por la que atravesamos Tonto National Forest es el famoso Apache Trail, descrita por los locales como una de las más bonitas de EEUU. Una carretera que se convierte en camino de tierra -o dirt road como las llaman por aquí- durante unos cuantos kilómetros, pero a pesar de ello, es una carretera bien mantenida que se puede hacer con cualquier coche.  Es eso exactamente lo que la hace más remota y especial junto a que no nos cruzamos con ni un solo coche en nuestro paso por allí.

Canyon Lake

Puedo decir que fue una de las cosas más bonitas que hemos visto en mucho tiempo, conducir por el Apache Trail me teletransportó al pasado y me dejo con cara de tonto la mayor parte del camino debido a su preciosa naturaleza. Era algo que no nos esperábamos para nada, ahora nos alegramos de haber tomado esta ruta para volver al norte de Arizona. Tonto es también zona por donde pasa el largo Arizona Trail, un camino que empieza en Méjico y acaba en Utah, unos 1300 km para los más aventureros.

 

Counduciendo por el Apache Trail

El camino nos llevaba junto a casi toda la longitud del Río Salado, un río con el que estuvimos mano a mano unos cuantos kilómetros hasta que llegamos a la presa de Theodore Roosevelt, que poco tiene que envidiar a la famosapresa Hoover que vimos días atrás. Una vez que llegamos a la presa entramos de lleno en el pequeño pueblo de Roosevelt, pueblo anclado a orillas del gran lago de mismo nombre, no se han complicado la vida buscando nombres diferentes por estos lares, aquí todo es Roosevelt.

Tonto National Monument

Girando hacia la derecha, a pocos kilómetros de Roosevelt donde visitamos su buen centro de visitantes llegamos hasta el Tonto National Monument. Un lugar al que pudimos acceder con nuestro annual pass que tan rentable nos estaba saliendo. 

Tonto National Monument es un monumento nacional situado en estos bosques de saguaros, regentado y protegido por el buen servicio nacional que se encarga sobre todo de los de parques nacionales donde tienen instalado un moderno centro de visitantes y por el que se debe de entrar para acceder al sendero que te lleva a las alturas de la colina. 

En lo alto del corto y fácil sendero se encuentran los cliff dwellings -vivienda en un peñasco-, es decir, el lugar donde habitaban los indios nativos conocidos como “los salados los cuales se instalaron en un estilo de cueva, poco profunda, protegidos bajo roca del viento y lluvia, típica de la conocida 4 corners (una zona compartida por los cuatro estados). Y como no, estos dwellings empezaron a estar protegidos del vandalismo gracias a Roosevelt en el año 1907, nombre que abunda por aquí.

Existe un segundo sendero de algunas horas que te lleva a otros dwellings que se encuentran más altos pero solo es posible hacerlo reservando un guía.

Carretera serpenteante jutno al Río Salado
Fue difícil pero por fin “cazé” al  veloz y pequeño colibrí

En esta semi-cueva, los indios, construyeron una especie de fuerte, con diferentes habitaciones. Antes de subir, al principio del sendero, hay unos bancos y una pantalla para ver un buen vídeo de la historia de los dwellings, los indios y sobre Tonto National Forest, una gran introducción para quien nunca ha oído hablar de lugares como estos. Tengo que admitir que no era un gran fan de la historia nativa del Norte de América pero cuanto más viajaba por el país, mayor se hacía mi interés por su historia, de los primeros habitantes de las tierras que pisaba y el caso es que resultaba ser de lo más interesante. Tonto National Monument fue la puerta de entrada a mis conocimientos sobre los indios nativos americanos más allá de la locura de la minería y de los vaqueros, supongo que esta historia será larga y mucho más profunda mientras viajamos por el continente.

Arriba en los dwellings hay una ranger (guarda forestal) que te explica la breve historia del sitio, la mujer que había lo hizo muy bien, con pasión y no de carretilla como hacen algunos guías. Debe de ser cansado contar la misma historia una y otra vez durante meses y hacerlo con la pasión y ganas con las que lo hacía. Pudimos caminar entre los escombros de lo que fue la vivienda de los nativos.

Los Cliff Dweliings
Vistas que tenían los indios desde los dwellings

Salimos de Tonto  y condujimos algunas horas dirección norte a través de ciudades como Payson o el raro Mormon Lake entre otros para llegar de nuevo a Flagstaff y dormir en un hotel en plena ruta 66 tras más de una semana acampando, necesitábamos un buen colchón, una buena ducha y relajarnos de tanto viaje, además, ¡teníamos desayuno buffet!

Al día siguiente seguimos nuestra ruta dirección Page (Antelope Canyon, Horseshoe bend, Lake Powell…) echando el día antes por la carretera que llega a la ciudad, todavía cerca de Flagstaff, otros dos monumentos nacionales. Uno sería el Sunset Crater Volcano National Monument  y el otro más adelante el Wupatki National Monument.

Sunset Crater Volcano National Monument

Los dos lugares están comunicados por un lazo que hay paralela de la ruta principal que va hacia el norte. Entramos por el sur, comenzando con Sunset Crater Volcano. Una vez más, entramos a su centro de visitantes a ver una corta pero interesante película y entramos al parque a hacer algunas de las caminatas que te llevan por tierra volcánica y por un cráter que no parece cráter porque está todo lleno de pinos. El volcán más grande y llamativo no se puede subir así que nos conformamos con verlo desde abajo, una pena, nos encanta subir volcanes. Lo mejor puede que fueran las vistas que se tienen a las altas montañas de San Francisco Peaks.

Vista de los San Francisco Peaks

Camino de Wupatki pasamos por tierras extrañas que no sabría bien como describir, de repente entramos en unas llanuras infinitas, en una especie de desierto y con unos colores en el horizonte rosados que no te imaginas que puede ser y porqué se ha formado algo así. Es el llamado mirador de Ground Painted Desert – desierto del suelo pintado- donde tienen montado unas mesas de madera para hacer picnic.

Ground Painted Desert

 Wupatki National Monument

Conduciendo unas millas más llegamos al territorio de los Indios Nativos Wupatki, un territorio donde tienen varias ruinas que se mantienen en bastante buen estado gracias al servicio nps (National Park Service). Un lugar con los pueblos (lo dicen tal cual en inglés) más extensos de esta zona. La incógnita más grandes de los historiadores de estas tribus indígenas es saber cómo se las ingeniaban para sobrevivir en un terreno tan falto de agua y por qué eligieron este lugar. Nos encontramos en uno de los lugares más secos de toda la Mesa del Colorado, una de las posibles razones es que coincidió tras la erupción del del volcán Sunset Crater, que gracias a sus cenizas hacía más fácil retener el agua generando

una tierra más fértil para el cultivo de vegetales, sobre todo de maíz (su base alimentaria) y calabacín.

Se supone que abandonaron sus casas y emigraron desesperados a tierras del norte en busca de agua y alimento más fácil de obtener aunque no se sabe con total exactitud la razón exacta, esto ocurrió alrededor del año 1225. Paradójicamente, una de las tribus que habitaban en estos pueblos se llamaban los Sinagua, otras tribus podían ser los Cohoinas, los Kayentas y los Anasazis. El primero de los pueblos que vimos fueron las ruinas de Wukoki Pueblo, para mí, uno de los que más me gustaron. Unas ruinas muy juntas y muy definidas de lo que fue en aquel entonces, a su alrededor solo hay una planicie de color rojo y poco más dándole protagonismo a las ruinas. En estos pueblos puedes ver sus kivas, una especie de habitación bajo el nivel del suelo que se utilizaba para ceremonias, rituales religiosos o simplemente reuniones. Cada familia solía disponer de un kiva así que suelen haber muchas por la ruinas.

Wukoki Pueblo

Para ruinas son las de Wupatki, las ruinas del pueblo más grande y principal de toda la zona. En este pueblo llegaron a vivir hasta 100 personas y hasta 2000 en la mejor época junto a las otras ruinas cercanas. Con el folleto que nos dieron en el centro de visitantes que se encuentra junto a estas ruinas pudimos comprobar la misión de cada parte de las ruinas. En ellas se puede encontrar hasta un lugar donde los nativos practicaban una especie de deporte parecida al fútbol, además de comprobar las ingeniosas formas de refrigeración que construyeron.

Lomaki pueblo es otro de las ruinas que se pueden visitar, construidos entre rocas. Entre la soledad del lugar llegamos por las ruinas a un lugar donde nos encontramos con dos personas. Un americano y un indio nativo de la extensa tribu de los Navajos, se encontraban en plena ceremonia, rememorando a los ancestros de este lugar, según nos contó. Vi que estaba quemando algo hecho con algún tipo planta para la ceremonia, note cierto espiritualismo en ellos, un rollo diferente

Nos saludamos dándonos las manos y nos presentamos, no sé por qué, pero noté cierto recelo en él cuando dije que era español, los españoles no son muy bien mirados a ojo de los indios nativos, fuimos nosotros los que conquistamos muchas de sus tierras aunque quede muy lejos del presente, lo más viejos aún guardan algo de rencor. De todas formas lo dejo pasar y seguimos hablando normalmente.

El indio navajo, tenía cara de saber mucho sobre la vida, lo demostraba con sus profundas palabras. Fue profesor hace 15 años y el chico que se encontraba junto a él fue su alumno. Se reencontraron en este lugar para hacer la ceremonia y para hablar de como habían transcurrido sus vidas durante tantos años. Fue especial encontrarnos con una escena como esta. La tribu navajo sigue muy presente en esta parte de Estados Unidos y las ceremonias como estas y otras muchas son algo muy común que se practica activamente en la sociedad navaja, la segunda tribu nativa más extensa del país.

 

Saliendo de esta visita a las ruinas nos fuimos con la sensación de haber aprendido una parte importante de los nativos americanos e incluso haber tenido contacto con ellos. Continuamos hacia Page por su extraño pero bonito paisaje de carretera donde ya con casi la oscuridad sobre nosotros buscamos un lugar en el que acampar por una carretera de tierra que se encontraba prácticamente sobre la linea de la frontera entre Arizona y Utah.

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