Resumen viajero del 2020

Hacía mucho tiempo que no publicaba un resumen de año viajero por aquí. Aunque este año no haya mucho que contar en cuanto a viajes, quiero hacer un pequeño resumen de este año tan atípico para que dentro de unos años pueda constatar lo mucho y bien que estoy viajando en ese momento comparado con el 2020, ¡eso sería muy buena señal!

Desde que enfoqué mi vida a los viajes allá por el 2010 cuando me fui de viaje 3 meses a la India no habían pasado tantos meses sin haber salido a otro país. Ya se van a cumplir casi diez meses desde que llegué a España en abril en pleno confinamiento estricto y todavía no tengo ni idea de cuánto tiempo va a pasar más para que esto suceda. 2019 fue tremendo en cuanto viajes y 2020 pintaba aún mejor, o al menos así empezó y estaba planeado. La pandemia me pilló precisamente de viaje largo. Era el cuarto viaje que hacía sin billete de vuelta, pero este se estampó en seco contra un muro infranqueable llamado “coronavirus”. A continuación os explico cómo viví el inicio de la pandemia desde Asia y en qué circunstancias tuve que volver a casa.

Enero – Corea del Sur

Isla de Jeju

2020 empezaba en una de las 8 maravillas naturales del mundo, la Isla de Jeju, en Corea del Sur. Nos comimos las uvas junto a dos perretes a los que cuidamos haciendo Petsitting en una mansión de la costa sur de la bonita isla, cerca de Seogwipo. Aunque nos llegaban noticias desde China de los inicios del aquel entonces llamado “virus de Wuhan”, la verdad es que no nos preocupaba demasiado. Meh, uno de esos virus asiáticos de nuevo, decíamos.

De Jeju volamos a Busan, ya en la península, para empezar con una ruta que nos llevaría por todo el país y que acabaría en Seúl. Enero fue un mes viajero a tope, conociendo lugares y una cultura de otro mundo, aunque hiciera mucho frío y fuese algo caro para un viaje largo de esta linde, nos la ingeniamos como nunca para gastar poco y disfrutar muchísimo. Hasta incluso pasamos por la ciudad de Daegu, ciudad que posteriormente resultó ser el primer brote de coronavirus del país.

Enero/Febrero – Filipinas

Playa cerca de El Nido, Palawan

Tras pasar más de una semana conociendo la apasionante ciudad de Seúl, el cuerpo nos pedía de rodillas calor, playas, Sudeste Asiático y emociones fuertes, así que pillamos un vuelo dirección a Filipinas. ¿Qué voy a decir de este país? ME ENCANTÓ. Esa interesante mezcla de Sudeste Asiático con influencia colonial española, la gastronomía, la lengua y la arquitectura además de esas playas de ensueño con miles de islas donde elegir, forman un cocktail maravilloso para disfrutar. Pasamos por varias islas empezando por la Isla de Palawan y acabando en Manila, ciudad que nos gustó mucho pese a su mala fama.

Mientras tanto, nos llegaban noticias feas sobre Corea del Sur y de la expansión del virus, es más, en Filipinas ya empezaban a ponerse nerviosos y ya empezaron a tomarnos la temperatura cada vez que entrábamos a una isla nueva. Qué exagerados son, leches, decíamos por entonces… já. Qué ingenuos éramos y qué poca idea teníamos de lo que nos esperaba vivir en las próximas semanas.

Febrero/Marzo – Borneo malayo y Brunéi

Brunéi fue mi último nuevo país hasta la fecha, el número 74

Era ya febrero y seguíamos viajando a tope, teníamos planes muy ambiciosos para recorrer la mayoría de países de la zona, así que tras casi un mes por Filipinas tomamos un vuelo hacia la vecina isla de Borneo, precisamente el Borneo malayo, para conocer a paso ligero la parte norte de la isla. No era Filipinas, pero también disfrutamos de su naturaleza y de poder ver a solo un palmo de nuestras caras a orangutanes y monos narigudos, experiencias inolvidables. Seguimos y aprovechamos para visitar Brunéi, un sultanato que ni fu ni fa, cuyo régimen deja mucho que desear, pero que, a pesar de todo, fue interesante conocer. Echamos de menos la buena temperatura que nos hizo en Filipinas y la personalidad de estos.

Marzo – KL y Camboya (empiezan los problemas)

Angkor Wat

Desde Brunéi volamos de nuevo a Malasia, esta vez a pasar unos días en Kuala Lumpur, ya fuera de la isla de Borneo. Era la segunda vez que pisaba la capital malaya, seguía tan impresionante y multicultural como siempre. La cosa se empezaba a poner más fea aún en cuanto a lo del virus se refiere, parecía cosa seria y ya empezaba a preocuparnos de más, nos llegaban noticias feas desde Filipinas, es como si el virus nos fuera pisando los talones. Desde la “capi” malaya volamos a otra parte trepidante del viaje, volábamos a Camboya, precisamente a Siam Reap, creo que no hace falta que decir que venimos para ver las ruinas de Angkor Wat, yo por segunda vez (nunca es suficiente).

Los hoteles estaban tirados de precio, tanto, que disfrutamos del mejor hotel que tuvimos en todo el viaje, con piscina y desayuno buffet gratis por dos duros. Estuvimos mucho más de lo pensado en este lugar prolongando nuestra estancia en varias ocasiones, estábamos muy, pero que muy a gusto. Además, por culpa (o gracias) a la pandemia y a los pocos turistas que ya había visitando las ruinas, nos hicieron un gran descuento en la entrada, una entrada que suele ser bastante cara. Entre tanto, nos empezaban a llegar noticias desde Italia, el maldito virus había cruzado hasta Europa, ¿pero qué es todo esto?

En Camboya eran solo eso, noticias, que se traducía en menos turismo, en el país no había ningún caso aún. Era ya Marzo y nosotros seguíamos viajando a tope, sin restricciones y con nuestros grandes planes intactos. Hasta el momento no nos estaba afectando demasiado, sino todo lo contrario, nos daba muchas ventajas en precios más baratos de hoteles y ver Angkor Wat con pocos turistas para lo que acostumbra, ¡todo un lujazo!

Seguimos recorriendo el país viajando hasta la capital Nom Pen desde donde queríamos saltar a Vietnam, país que aún no he visitado y que tengo infinitas ganas de recorrer de sur a norte. Pasamos unos días en la capital mientras hacíamos gestiones para sacar el visado vietnamita en la misma embajada, ¡ya lo teníamos en nuestras manos!

Hasta aquí bien, digo hasta aquí, porque nada más conseguir el visado vietnamita las cosas se empezaron a poner MUY FEAS. EMPEZABA LO PEOR DE LA PANDEMIA. Vietnam empezaba a tener casos y se pusieron muy estrictos, reaccionaron a lo chino. Resulta que en nuestro hotel ya llegaban viajeros que habían devuelto de la frontera con Vietnam porque no les dejaron pasar, Vietnam había cerrado la frontera a los extranjeros. Nuestro visado ya no servía. MIERDA. Se nos joden los planes y había que improvisar.

Disfrutando de la tranquilidad de Don Det

El virus empezaba a arrasar en España, las noticias preocupaban y mucho. ¿Qué hacemos? Esto ya no es un simple virus asiático. Decidimos desviarnos hacia Laos, donde entonces aún se podía entrar. Entramos por el sur haciendo primero una parada en una ciudad casi fronteriza camboyana llamada Kratie. Pasamos la frontera terrestre sin problemas (desierta) y nos asentamos unos días en Don Det, lugar encantador y desolado de turistas donde nos quedamos para disfrutar y pensar en frío para analizar cuál iba a ser nuestro siguiente paso. Estábamos ya casi a mitad de marzo y el virus seguía avanzando. Con el paso de los días todo el mundo se empezó a poner muy nervioso. Todos los países empezaron a cerrar fronteras, las noticias eran muy inciertas y cambiaba todo muy rápido. Solo quedaban algunos países abiertos como Laos y Tailandia.

Vuelos cancelados, fronteras chapadas por todos sitios… vamos a buscar un sitio seguro y con buena infraestructura médica, ¡vamos a pirarnos de Laos ya! España daba miedo y nos recomendaban de que ni se nos ocurriera volar a casa, que en estos países estábamos más seguros, la verdad es que apenas había casos. Decidimos aguantar e irnos de urgencia a Tailandia, cancelando las noches de hotel que nos quedaban en Pakse, capital del sur de Laos. Había rumores de que Tailandia estaba cerrando fronteras con Laos y nos pusimos nerviosos, tomamos el primer bus hacia la frontera sin saber lo que iba a pasar. Al final conseguimos pasar y llegamos a una ciudad norteña de Tailandia desde donde pillamos un vuelo que nos llevaba al sur, a Phuket, una isla que contaba con todos nuestros requisitos: alquiler de apartamentos, hospitales decentes, lugar donde renovar visado tailandés y aeropuerto internacional.

Marzo/Abril – Confinamiento en Phuket, Tailandia

Condominio en Phuket

Alquilamos un condominio genial en pleno centro de Phuket y nos hicimos vecinos de otro viajero español que se encontraba en las mismas circunstancias. Teníamos cocina y estábamos a gusto, nos encontrábamos seguros. Disponíamos de todas las comodidades necesarias, era un edificio muy moderno. Cocinamos nuestra comida, teníamos buen internet y hasta teníamos Netflix en la tele. Aprovechamos para formarnos y planear, en Phuket había poco que hacer, cerraron hasta las playas. Había mucho nerviosismo en el ambiente, las noticias de Europa eran nefastas y eso se reflejaba por aquí.

Tailandia ya empezaba a poner medidas serias y la gente se lo tomó muy en serio, aquí ya llevaba todo el mundo mascarilla cuando en España aún ni se lo planteaban, eso decía mucho de la diferencia de culturas, la mascarilla en Asia es algo muy normal y nosotros no sabíamos ni cómo se ponía, reconozco que los primeros días la llevaba puesta al revés, jaja.

Empezaron a salir vuelos de repatriación de diferentes países, pero no de España. El precio de los escasos vuelos comerciales se dispararon, volver a Europa te podría salir fácilmente por 1000 euros y que pudieras tener uno era una lotería. Algunos viajeros, como nuestro vecino español del condominio, se lanzaron al aeropuerto a ver si había suerte y podían pillar un vuelo. En este caso, nuestro vecino logró salir de Tailandia y se fue a España. Nosotros nos quedamos y no sabíamos bien qué hacer hasta que recibimos un mensaje de la embajada española unos días después que nos decía que colaboraba con la embajada alemana para poner a españoles en su vuelo de repatriación.

Tenían previsto cerrar los aeropuertos en breve, así que no lo dudamos ni un momento, el futuro era muy incierto y queríamos estar ya en casa y pasar la tormenta allí. Ya era abril, en pleno confinamiento estricto español, y tras unas 2-3 semanas en el condominio en Phuket conseguimos volar hacia Frankfurt rodeado de alemanes y desde allí nos las arreglamos para llegar hasta Barcelona donde vive mi madre con un vuelo muy caro. Fue toda una odisea, pero por fin estábamos en casa.

Abril/Mayo – De vuelta a España, de cabeza al confinamiento estricto

Primer paseo por Abrera post primera ola

Llegamos a un aeropuerto de Barcelona desértico, como nunca antes lo había presenciado, daba miedo. Pillamos transporte fantasmagórico hacia Abrera, el pueblo donde vive mi madre. Nos aislamos en un cuarto de casa de mi madre encerrados para hacer cuarentena y después de pasar los 14 días reglamentarios teníamos acceso al resto de la casa. Aprovechamos el confinamiento para formarnos, montar una web y echar semillas en agencias para lo que nos dedicamos: la traducción. Volver a salir a la calle tras el confinamiento fue toda una experiencia, fue el 2 de Mayo cuando di mi primer paseo tras el paso de la primera ola. Día para recordar.

Mayo/Junio/Julio – Abrera, desescalada y escapadas por Cataluña

Amaneciendo desde Montserrat

Desde Abrera y con todo ya más relajado con el avance de la desescalada (una de esas palabras nuevas para nuestro vocabulario), empezamos a hacer escapadas de nuevo por Cataluña. Fue una suerte estar al lado de una maravilla natural como el Parque Natural de Montserrat, donde pudimos hacer caminatas, fue el mejor tratamiento anticoronavirus. Aprovechamos que todo iba volviendo a la “normalidad” para hacer escapadas a lugares cercanos como Sitges, Castelldefels, El Garraf, Calafell, Badalona el encantador pueblo de Mura, Berga y los Rasos de Peguera, El Masnou… mientras tanto hacíamos viajes a Barcelona a ver pisos de alquiler y nos la recorríamos de arriba a bajo, casi cada barrio, y es que miramos hasta 23 pisos diferentes para encontrar algo decente.

Buscar piso en Barcelona que sea bueno, bonito y barato es tarea complicada. Encima te piden mucho papeleo de contrato fijo y muchas leyes, no fue agradable, pero al final dimos en la diana. Encontramos un apartamento muy cerca de Plaza España. Mientras tanto, nuestro proyecto de trabajo empezaba a dar sus frutos, proyecto al que me quedé al mando ya que Cris encontró un trabajo fijo en Barcelona centro bastante rápido.

Agosto/Septiembre/Octubre – Vida en Barcelona con escapadas a Huesca y Castilla-La Mancha

Parque Nacional Ordesa-Monte Perdido
Caminata en el Parque Nacional Ordesa-Monte Perdido

En septiembre hicimos el primer viaje fuera de Cataluña desde que llegamos desde Asia, nos pillamos unos días y nos fuimos en coche alquilado hacia el pirineo aragonés de Huesca, que estaba de moda, para sobre todo hacer una de las caminatas más bonitas de nuestro país en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y visitar lugares como Aínsa, el Valle de Chistau o Tella.

Otra escapada fuera de Cataluña fue ir a Castilla-La Mancha donde visitamos pueblos de Don Quijote como El Toboso, Mota del Cuervo o lugares como el impresionante castillo de Belmonte o el pueblo vinícola por excelencia de Tomelloso. Una España profunda que cada vez está más vacía y que merece mucho la pena una visita.

Durante estos meses también redescubrí Barcelona como nunca antes lo había hecho, recorriendo muchos rincones nuevos para mí, sin apenas turistas, haciendo senderismo por Collserola, visitando sus playas y recorriendo cada rincón de la Ciutat Vella (El Borne, El Raval y El Gótico). Vivir en Barcelona es caro, pero por otro lado vives en una ciudad impresionante y que nunca se acaba, ¡siempre hay algo que ver! Es una gran ciudad para vivir y tiene muchas cosas de las que no tenía cuando vivía en Bélgica.

Noviembre/Diciembre – Segunda ola sin salir prácticamente de Barcelona

El Gótico de Barcelona

La segunda ola nos jodió un viaje a Portugal que teníamos para finales de noviembre, teníamos hasta los vuelos reservados, pero finalmente no pudo ser, así que seguimos recorriendo Barcelona para conocer nuevos rincones (espero sacar un post sobre lugares que visitar en la ciudad condal).

Esta misma navidad nos hemos escapado de nuevo unos días a La Mancha a ver familiares y hemos aprovechado para acercarnos a Villarrobledo, habiendo estado así en las 5 provincias de Castilla-La Mancha.

¡Y eso es todo! Echando la vista hacia atrás, se puede decir que hemos podido viajar más de lo que pensábamos, sobre todo hasta abril, los primeros meses de 2020 fue un no parar de viajes, aunque luego le siguió la temporada más larga sin viajes desde el 2010. En 2021 ya podemos ver la luz al final del túnel, queda mucha pandemia aún y las mutaciones no tienen buena pinta, así que hay que tener prudencia haciendo planes de antemano, habrá que tener paciencia. Esperemos que para el verano que viene ya podamos viajar libremente y soñar con nuevos destinos lejanos, queda en el aire. Toca afrontar el nuevo año con ilusión.

Sin más, ¡espero haberos entretenido un poco y os deseo a todos un feliz año 2021!

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